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Senkata, el barrio minero en El Alto que se rebeló contra la clase política




08/12/2019 - 09:53:49
El Deber.- En Senkata la sangre minera se siente en cada conflicto. Muchos mineros que fueron relocalizados en 1985 decidieron establecer su vida en el popular barrio del distrito 8 de la ciudad de El Alto. Esta zona no baja los brazos en ninguna movilización. En la última protesta sufrieron muertes, pero también encabezaron hechos vandálicos. No están tras el respaldo a Evo Morales, menos al Movimiento Al Socialismo (MAS), pero dejan claro que tampoco apoyan a los partidos de derecha.

Durante la protesta no solo provocaron fuego dentro del depósito de combustibles, también volaron un puente peatonal y quemaron antenas de dos canales de televisión.

La población que vive alrededor de la parroquia San Francisco de Asís todavía siente miedo y dolor. El 19 de noviembre llegaban a esta iglesia los cadáveres luego de la intervención militar y policial para que los camiones cisternas salieran de la planta de distribución de combustibles de Senkata. Todavía hay dudas sobre estas muertes. Los vecinos están seguros de que los uniformados dispararon contra ellos. Sin embargo, el Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) negó que los proyectiles que llegaron a los cuerpos correspondan a armas reglamentarias militares.

Grover Laime es dirigente vecinal del distrito 8 de El Alto. Recuerda que el descontento con el MAS empezó cuando se conformaron las listas de candidatos. Laime dice que la exministra Wilma Alanoca impuso nombres, lo que provocó molestia en la dirigencia alteña. Es por eso que la lucha luego de la renuncia de Evo no fue en apoyo al expresidente. “Nosotros no nos movilizamos por Evo Morales. Él se fue y verá cómo el MAS se reconstruye. Nosotros luchamos por nuestra wiphala y porque denigraron a la mujer de pollera. Eso no permitiremos nunca”, remarca Laime.

Mientras el conflicto crecía en el país, las protestas en El Alto también se incrementaban y eran más radicales. En un principio la ciudad alteña se volcó en defensa del voto a Morales. El 9 de noviembre inició una vigilia que tenía como objetivo bloquear el acceso a la ciudad de La Paz de los movimientos cívicos y políticos que pedían la renuncia del líder del MAS. Ese día empezaron los actos vandálicos. Destruyeron las instalaciones de antenas de televisoras.

En Senkata germinaba el bloqueo a la planta de hidrocarburos que distribuye gas licuado, gasolina y diésel a La Paz y El Alto. Esa idea se consolidó el mismo día de la renuncia de Evo Morales, el 10 de noviembre. El cerco se radicalizó cuando el expresidente terminó su mensaje de dimisión, aproximadamente a las 17:00 de ese domingo. Llegaba la noche y el fuego se apoderaba del lugar. Llantas quemadas, muebles y cartones. Por el lugar no pasaban ni un vehículo y esa vía es la conexión para La Paz con las demás regiones del país.

Fueron días de terror. La noche del 11 de noviembre Evo Morales salía de Chimoré rumbo a México. A esa hora, en Senkata se decidió mantener el bloqueo a la planta de distribución de carburantes. La protesta aumentó al día siguiente, cuando Jeanine Áñez llega a Palacio Quemado. El dirigente Basilio Huayta admite que hubo “bronca” al saber que “alguien de la derecha” asumía el poder.

“Luego vino ese maldito decreto que daba carta blanca a las Fuerzas Armadas para matar. Eso molestó, pero lo que más enfureció a la gente fue el agravio a la wiphala y a nuestra mujer de pollera”, relata Huayta.

Protestas por la wiphala

La movilización no quería ver policías en la zona de Senkata. Estaban molestos porque algunos uniformados quemaron la wiphala y la sacaron de sus insignias. Eran días de conflicto y el apoyo a Evo Morales se iba perdiendo. El distrito 8 de El Alto se sentía abandonada por el expresidente, que había decidido salir a México y dejar a su gente en la batalla.

“Lamentablemente, este movimiento no tenía un norte, y lamentamos que los vecinos de las respectivas urbanizaciones no los hayan orientado. La gente está dolida por la mala conducción de la protesta. La movilización de los autonombrados en un supuesto cabildo ha sido un fracaso total, sin resultados, sin norte, es más, ha destrozado los bienes del Estado que ha costado a los vecinos obtener, además de la pérdida de vidas humanas”, lamenta Eduardo Quispe, dirigente del distrito 8.

Días antes del enfrentamiento con las FFAA, surgían denuncias de vecinos que fueron obligados a bloquear bajo amenaza de pagos de multas de hasta Bs 200. De a poco, la movilización perdía fuerza y se concentraba en el distrito 8, concretamente en la planta de carburantes de Senkata.

Llegó el 19 de noviembre. Ese martes por la mañana, pocos vecinos hacían una vigilia en puertas de las instalaciones de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), un espacio gigante que está a 15 minutos en movilidad desde la Ceja de El Alto. La población, según el dirigente Juan Luis Chipana, ese fin de semana había empezado un acercamiento de diálogo con el Gobierno transitorio, por lo que la convocatoria al bloqueo no fue contundente.

Eduardo Quispe explica que la mayoría de la gente estaba en otra zona de El Alto, pero aproximadamente a las 10:20 se vio a lo lejos humareda cerca de la planta. Se enteraron que las cisternas estaban saliendo de la planta y corrieron a la instalación de YPFB.

La gente se chocó con gases lacrimógenos disparados por policías. Unos intentaban prender fogatas, otros buscaban piedras y los más osados devolvían los gases. Luego vino el derrumbe de una pared de la planta y el intento de incendiarla, pero no lograron ingresar por el control militar.

Oficialmente son nueve los fallecidos tras el desbloqueo de la planta de Senkata. Todos del lado de los manifestantes, pero ninguno recibió proyectil de un arma reglamentaria, según el IDIF.

El viceministro de Seguridad Ciudadana, Wilson Santamaría, concluye que los bloqueadores en Senkata utilizaron explosivos y que los manifestantes no eran gente de El Alto. “Se vieron las cámaras de seguridad y establecimos que no hay dirigentes de El Alto en ese enfrentamiento. Es gente de otro lado”, relata.

El Alto ahora vive una tensa paz. Las cicatrices del conflicto se ven en pasarelas caídas, muros derrumbados, jardineras totalmente destruidas y vías con zanjas.

Por ahora, en la zona de Senkata dicen que están alejados de la política partidaria. En su tiempo respaldó a Soledad Chapetón, pero ahora la cuestiona y quiere otra opción en el edificio edil.

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