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La obsesión por ser perfecta y cómo aprendí a amar mi cuerpo


2017-01-16 - 05:59:17
Desde que soy niña he luchado con mi peso. A los seis años, el divorcio de mis padres y el alejamiento de uno de ellos, me hicieron encontrar refugio en la comida.

Demás está decirte que conforme fui creciendo mi autoestima no era la mejor. En la adolescencia apenas y podía entender que mi cuerpo estaba cambiando.

La etapa de dejar de ser una niña y convertirme en una señorita con curvas, menstruación y acné me conflicturaron muchísimo y mi personalidad tímida e introvertida se acrecentó.

Cuando por fin pasé la adolescencia, comencé a enamorarme de mi cuerpo y de mis curvas, pero no pasó mucho tiempo para que volviera a sentirme insegura de mi físico.

A diario, en el televisor, revistas y espectaculares, veía prototipos de belleza que para mí eran imposibles de alcanzar, lo que me provocaba no sólo inseguridad, sino tristeza por sentir que no encajaba con esos estándares impuestos por la sociedad.

Para el inicio de mis veintintantos, yo medía 170 metros y era talla 9; algo que me parecía bastante bien, de acuerdo con mi peso y masa muscular, pero para uno de mis familiares, yo seguía siendo "gorda".

Cada que coincidíamos, me "sugiría" perder peso, así que estúpidamente volví a caer en esa absurda presión a la que las mujeres estamos expuestas y que nos obliga a ser "perfectas".

Decidí ir con un nutriólogo para "deshacerme" de esos kilitos de más. Sorprendentemente, cuando llegué a la consulta, el especialista me explicó que estaba dentro de mi peso, aunque debía bajar un poco el porcentaje de mi masa muscular.

Y así empezó mi obsesión por perder peso...

En un año pasé de ser talla 9 a 3 y para cuando llegué a esa talla "ideal", pensé que perder una más no estaría mal.

El problema fue que no podía parar. La vanidad se apoderó de mí y una vez que ya no pude bajar más de peso (tú sabes, nuestro cuerpo es sabio y tiene un límite), comencé a hacer ejercicio de manera cassi enferma.

Pasaba de dos a tres horas diarias en el gimnasio, de lunes a domingo (si faltaba un día, no podría explicarte lo molesta que me ponía).

Mi cuerpo no resisitió ese estilo de vida tan intenso y poco saludable. Bastó un año de exceso de ejercicio para que tuviera una lesión sería en la columna vertebral.

Tenía 25, pero ya debía enfrentarme a una delicada operación, una recuperación larguísima y un médico que me diagnosticó con vigorexia.  

La vanidad y mi necesidad de ser "perfecta" quedaron a un lado después de que tuve que poner todo mi empeño en recuperar mi salud.

Tras 10 semanas de reposo absoluto, finalmente pude caminar mejor, continuar con mi vida y aprender la mejor lección de vida que he tenido hasta ahora: aceptarme y amarme a mi misma TAL Y COMO SOY.

No fue fácil, pero con el tiempo he ido comprendiendo que lo más importante, por más rebuscado que suene, es que te aceptes tal y como eres.

En la medida que lo hice, poco a poco fui logrando que los demás también me respetaran y aceptaran como soy.

Hace ya casi tres años que comprendí que la salud lo es todo, y que la vida es para disfrutarse, por lo que dejé de privarme de comidas que me gustan.

Si bien trato de tener una alimentación balanceada, ahora sé que puedo disfrutar de unos tacos, papas o chocolates sin culpa alguna pues nada en exceso es malo.

Ojalá que mi historia te ayude a reflexionar sobre la tuya. Que te ayude a comprender que lo más importante es que te ames a ti misma, que te aceptes como eres.

Que entiendas que pese a que siempre habrá personas que tedrán alguna crítica hacia tu cuerpo o personalidad, lo importante es NO hacer caso y enfocarte en ti.

Aprendí que si vas a cambiar algo de ti, debe ser por que TÚ quieres verte y sentirte mejor, no porque otros te lo sugieran.

Como mujeres tenemos una diaria lucha que pelear contra los estereotipos de belleza que nos marca la sociedad, pero también está en nosotras querer amarnos y aceptarnos todos los días.

Este es el cuerpo que la vida te dio, cuídalo antes de que sea demasiado tarde...

PD: ¡Que vivan las curvas! Y... ¡Al diablo los estándares de belleza que a diario quieren presionarnos!

ACTITUD FEM
Daniela Jerez

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