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Mario Malpartida

Latidos del año nuevo


2024-01-03 - 08:08:32
Año 2024, es la sensación existencial que reconstruye vivencias en ese trance inevitable, el instante prófugo donde bregan los minutos, que viajan vertiginosos, para volverse pasado, están tus obras, están tus años, está tu existencia. Ayer fue un año, pero en instantes -un refocilo es más largo- ya es otro. Sin embargo no es distinto, un día seguirá al otro a través de la oscuridad, la luna se impondrá al sol, y llegará un nuevo día cuando el sol borre a la luna. Al cabo, el mundo está de acuerdo, así que tenemos un nuevo almanaque.

El futuro será nuestra elección, aquello que decidamos en cada repentino trance, porque hoy estamos aun mirando el vacío, pergeñando los tiempos siguientes, y saber que no depende solamente de nosotros, depende en mucho de los demás. Habrá necesidades, intereses y preocupaciones.
Año 2024, un futuro que es esencialmente esperanza, es la esencia del porvenir, el prodigio del tiempo que se abre cada día con sorpresas, y la expectativa propia de que sea bueno, mejor que el ayer. Imposible olvidar el año viejo que trajo y se llevó de todo, dejó un bagaje de preocupaciones (este país está lastimado) y desteñidas esperanzas (la inflación será controlada y los carburantes mantendrán su precio). Pero eso no es todo, preocupa la seguridad propia, de los nuestros y los bienes; imposible olvidar cómo algunos se inmiscuyeron en nuestras vidas con promesas de un vivir bien, inducidos nada más por la ambición del poder permanente, asegurando con desvergüenza que se hará mañana -como compromiso- lo que no quisieron hacer ayer -que fue promesa- todo eso está bien guardado en el ayer.

Enervante la perorata "el gobierno está derechizado", inquietantes las tomas de tierras, la angustia de soportar bloqueos por cualquier motivo, los artilugios en el Órgano Judicial y la pérfida embestida a la institucionalidad. A pesar de todo eso, y entrando a un nuevo año, arriesgamos una propuesta.

De esta confusión entre el reciente pasado y las ansías de vivir mejor ¿animaríamos acaso empezar con otro juego, dando luz al optimismo y la ilusión, abandonaríamos el pesimismo, apostatando que no habrá frustración, dejaríamos entonces la resignación paralizante para aceptar la propuesta? Significa entre otras promesas dar mínima importancia, por ejemplo, al discurso maligno y encubierto que presenta las cosas tan de mala manera que nos recuerda el oficio de un mago ilusionista, astuto y encantador. Asimismo, regar con desprecio al espinar parlamentario, escuchar como si nada, darle el valor de pigricia a las continuas cantaletas perniciosas, repetidas como estribillos en la línea del desprestigio al oponente político.

Son muchos los hechos que involucran la apuesta, que para ser sinceros, algunas será preferible exonerar desde ahora, entre ellas: disponer de más dólares, erradicar el contrabando y el narcotráfico. Las Reservas Internacionales Netas no aumentaran en mucho tiempo. Visionarios como somos debemos entender también que el simulacro de reuniones con empresarios, es parte de una estrategia malvada para acercarse a los privados y tenerlos entibiados, mientras avanza la creación del centenar de empresas para "sustituir importaciones".
Tal panorama activa la perturbación, no es pequeña la píldora que tenemos que tragar si queremos ser ciudadanos comprensivos, cambiar de actitud y ser como le gustaría que seamos el mandatario y sus ministros. ¿Propuesta ahora como están las cosas? Más bien parece un resabio de Año Nuevo, un tufo de Navidad. ¿Acaso?

Los ensueños para que este país mejore y salga de su desventura nos mantienen ansiosos, con la sensación de estar frente a quimeras, esperando imposibles. Sentimos profundo desprecio por los agravios a las leyes y las instituciones, así como para sus causantes; vivimos vulnerables en medio de la indefensión. Augurio de mejores tiempos es nuestro latir cotidiano; a pesar del hastío de los años, respirar profundo y hacer el de la vista gorda. ¿Remorderá la conciencia si aceptamos la propuesta?

Aunque por otro lado, el ciudadano corriente y el empresario racional hacen suyo el dicho: "lo último que se pierde es la esperanza".

*Periodista.

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