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Mario Malpartida

En boca del mentiroso...


2023-11-23 - 09:33:07
El refrán "en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso" viene bien a la situación.

La historia popular del lobo y las ovejas es una manera didáctica que enseña a desdeñar la falsedad.

Hablar de la mentira política es adentrarse en otra dimensión nociva por sus efectos perversos, en la buena fe y la credulidad del conglomerado social.

Aún no está claro si el mentiroso político se hace cuando ingresa a la política activa, o después, cuando en función pública las circunstancias le enseñan a no decir la verdad.

Las verdades son cosas fiables, porque se corresponden entre el relato y los hechos, eso crea una sociedad optimista y confiada, lo cual le hace mucho bien. Si así fueran las cosas, otro sería el cantar.

Más por contrario, esta nuestra sociedad vive en contínua autodefensa contra la no verdad: la falacia, la trampa y el engaño. La gobernanza se llena de vanidad y miente, los parlamentarios profanos de la verdad, mienten, y los jueces mienten cuando sus sentencias no son la verdad jurídica.

La mentira es una declaración por alguien que cree, sabe o sospecha que hay falacia en todo o en parte, se trate de incendios o de sequía, disponibilidad de dólares, escasez de combustible, licitación de obras, concesiones mineras auríferas, todos estos casos advertidos 'in fraganti". Ministerios y sus dependencias son larvarios de mentira que han hecho de ella una fiel aliada, y la convierten en parte de su personalidad. Senadores y diputados, exponentes de la oclocracia (autoridad del populacho corrompido y tumultuoso), enfrascados en balaceras de improperios y mentiras.

Sin embargo, hay cosas buenas que suceden que vale pena contar, y aquí viene el castigo del mentiroso: es no ser creído aun cuando diga la verdad, porque existe la convicción de que el mentiroso no cambia. Las personas que mienten de manera reiterada acaban siendo obsesivas, elaboran en su mente una realidad que no existe.

Y por el otro extremo contribuyen a formar una sociedad descreída, desconfiada, defraudada, desconsolada en extremo, ante la mendacidad desparramada desde el más alto nivel. ¿Acaso podría vivir tranquila rodeada de mentirosos? Es como está dicho, los mentirosos no cambiaran; pero cuando menos que sepan que el pueblo se da cuenta, y no les cree, dicen tanta mentira que si alguna verdad hubiera en lo que dicen nadie les creerá. Mentiroso es el ministro, se adscribe el viceministro, la secretaria y el ujier. Es probable que algunos les crean, son esa gente sencilla que vive en poblaciones rurales, en alrededores del Titicaca, el Uru Uru o el Poopo, donde les dicen que el sol nace porque canta el gallo, ellos no saben de embustes. Para ellos todavía existe el "ama llulla". También es palabra santa para militantes fieles, ellos la aceptan diciendo: "me gusta esta mentira porque va con mi religión".

La política está sucia (repugnante sería mejor decir) entre otras razones por la mentira, y al parecer seguirá así cuando vemos a los nuevos postulantes a parlamentarios, varios de ellos precoces, que ya tejen bien los hilos de la falacia, anunciando que en esas cuentas serán iguales o mejores a quienes pretenden sustituir, ya practican la versión distorsionada para sacar ventajas de los demás; así las cosas, parece que a este país le espera una larga vida pródiga en mentiras, donde la máxima fuera "gana el que miente más".

En ningún tiempo conocido se mintió como ahora, eso tiene explicación, la realidad boliviana es preocupante y ninguno quiere admitir, es más, no le conviene aceptar (van a mentir más tarde, y mentirán mañana). La honestidad viene como fruto del desarrollo moral, y al ser nula la moralidad de quienes vienen gobernando, se dedican sin disimulo a socializar la impostura y la malicia, con la aviesa intención que les valga como verdad, pero aunque así fuera el pueblo no les creerá, a pesar del descarado cinismo de persistir. Porque "en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso"

* Periodista.

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