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Álvaro Riveros Tejada

Comunismo según Tilín, Putin y Xi Jinping


2023-03-28 - 19:32:08
A tiempo de analizar al comunismo, como la teoría política y económica que nació en la Europa del Siglo XVIII, en respuesta al capitalismo, Carlos Marx y Federico Engels, sus creadores teóricos, en busca de establecer una sociedad igualitaria y sin clases sociales a través de la propiedad común de los medios de producción y la distribución equitativa de los recursos, apuntalaron la idea de que la historia de la humanidad está marcada por la lucha entre las clases sociales, y de esta forma desarrollaron el concepto de la lucha de clases.

Comenzando por Rusia, donde ese sistema se hizo del poder en 1917 y tuvo una duración de apenas 73 años, porque sus capitostes enseñoreados con su dominio pronto entendieron que la mejor y más expedita forma de igualar las clases era desapareciendo a las oponentes, desde el Zar y toda su familia, hasta los dos millones de rusos que Stalin mandó asesinar en sus famosas purgas, iniciaron el criminal y tenebroso modelo de uniformidad.

Igual, o peor suerte corrieron aquellos países donde fue encajado el comunismo a lo largo de la historia, como China, Corea del Norte, Laos, por citar algunos asiáticos y, en una forma más pasteurizada en los pertenecientes a nuestra órbita geográfica, como Cuba, Nicaragua, Venezuela y todos los adscritos al Foro de Sao Paulo, donde sus cipayos, tratando de modernizar el concepto, lo rebautizaron con el eufemístico sobrenombre de “Socialismo del Siglo XXI”, para justificar sus políticas de represión, violación de los derechos humanos, y falta de libertades individuales, sometiendo a sus pueblos a la pobreza, la rapiña y la degradación.

Por su parte, el capitalismo es un sistema económico en el que los medios de producción y distribución son de propiedad privada y donde la libre iniciativa, tanto de las personas, como de las empresas, compiten para maximizar sus ganancias y obtener una ventaja en el mercado. De ahí que, al dinamizar el motor del crecimiento económico, que lleva a un aumento en la producción y el consumo de bienes y servicios, no se esté exento de la acerva crítica de ciertos sectores, por su desigualdad económica y social, su impacto ambiental y su falta de regulación.

Ahora bien, con esa innegable capacidad que tienen los inventores chinos del papel y la pólvora, han extraído del comunismo, como del capitalismo, las clases que tanto odian los primeros, creando una clase superior que gobierna al más claro estilo del capitalismo salvaje, donde existen multimillonarios, iguales o mayores que en los EE.UU. y una amplísima base proletaria y campesina sojuzgada, al peor estilo de las pasadas dinastías del imperio.

Ellos han entendido que, a lo largo de la historia, ha habido diferentes formas de capitalismo, incluyendo el capitalismo laissez-faire, el capitalismo de Estado y el neoliberalismo. En la actualidad, la mayoría de las economías mundiales son capitalistas, aunque existen diferencias significativas en la forma en que se estructuran y regulan. En lo referente a la China, este modelo la ha convertido en una seria competencia de los EE.UU., donde el aburguesamiento de sus súbditos, cada vez más dependientes de los productos domésticos y hasta tecnológicos chinos, son una muestra de esa cruda realidad. Baste ver su papel en Ucrania.

Finalmente, en Bolivia, donde gracias al instrumento político que nos gobierna desde hace 17 años y se identifica como: antiimperialista, marxista-leninista, socialista, indigenista y ateo, nadie sabe explicarnos la ruta trazada, aunque ésta sea la del comunismo según Lenin, Tilín, Putin o Xi Jinping.

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