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Álvaro Riveros Tejada

Entre la cruz y el demonio


2023-02-14 - 20:44:30
La insólita, como misteriosa entrega de 222 presos políticos que Nicaragua envió a los Estados Unidos, comporta un análisis exhaustivo sobre los móviles que determinaron ese hecho, y la infinidad de detalles que le conciernen, como el raro y críptico arreglo del gobierno norteamericano con la tiranía nicaragüense y en especial, con sus declarados enemigos Daniel Ortega y su maléfica esposa.

Es más, sabiendo que el tirano acata ciegamente la agenda del Foro de Puebla que, a su vez, se constituye en el compromiso contraído entre los regímenes populistas y castrochavistas del originario Foro de Sao Paulo, que tanto atropello y discrecionalidad ejercen sobre sus pueblos, las cláusulas del supuesto convenio suscrito entre las partes han tenido que contemplar un futuro tratamiento, igual o mejor que el que se acaba de ofrecer a los liberados de la cárcel del ultraje, y no limitarse a seguir una maquiavélica realpolitik, sólo para el logro de un beneficio político doméstico, afirmando que cualquier consideración ética o religiosa era inútil para conseguir el objetivo planteado.

En dicho éxodo libertario, no sólo figuraban personalidades de la política que el régimen apresó y torturó durante años, sino también algunos sacerdotes pertenecientes a la Iglesia Católica, que abordaron el avión dejando a muchos de otros en esa condición de presidio, como el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, quien, al negarse a formar parte de ese “vuelo de la libertad” expresó: “Que sean libres, yo pago la condena de ellos”. Acto de extraordinaria valentía que le valió que lo manden a la temida prisión de El Chipote, con una sentencia prefabricada de 26 años de presidio. En un rapto de humor fermentado, propio de los déspotas que están acostumbrados a la risa de sus cortesanos por cualquier amago de chiste que tratan de expresar, el dictador Ortega explicó que no podían subir a la fuerza al obispo Álvarez, debido a que parte del acuerdo con los gringos fue que los prisioneros nicaragüenses tenían que subir al avión por su voluntad.

Hasta el momento de pergeñar esta nota, dicho ejemplo de coraje del prelado, lejos de arrancar una airada protesta o reacción del Vaticano, fue sumergido en un extraño silencio, especialmente del Sumo Pontífice, dando pábulo a pensar en la existencia de un hipotético compromiso, similar al de los temidos imperialistas gringos con los regímenes populistas del Socialismo del Siglo XXI, que tanto daño y tragedia infligen a sus pueblos.

Por esos azares del destino, mientras la Conferencia Episcopal de Guatemala emitía un comunicado, expresando su rechazo a la condena del obispo Rolando Álvarez, la Procuraduría General del Estado Plurinacional solicitó una citación a la cúpula de la Iglesia Católica, para que declare ante el Ministerio Público sobre su participación en el supuesto golpe de estado de 2019. Se supone que dicho citatorio se constituiría en una prueba suficiente para enviar a los clérigos a Chonchocoro, como a Camacho, y como una fatal muestra de poder a Santa Cruz.

A la luz de lo señalado, y estando próximos a la Cuaresma, sería una excelente oportunidad para incluir en las peticiones de las Misas, una incesante proclama por la liberación de Mons. Álvarez y de todos los presos políticos de la región, porque nuestro Señor y la Santísima Virgen nos libren de todos esos bellacos que pretenden colocarnos entre la Cruz y el Demonio.

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