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Roberto Méndez

Guardia fiel, la vida, la prensa y la toga


2022-11-09 - 10:22:12
El reloj de la Catedral Metropolitana marcaba las 14:35 del 12 de julio de 1994 cuando una llamada telefónica advirtió al Comando Departamental de la Policía, ubicado en la hoy Manzana 1, que los peligrosos asaltantes de bancos y secuestradores que estaban sembrando el pánico en Santa Cruz, Francisco Arguellas y Jorge Pedraza, de nacionalidad chilena y argentina, estaban en la calle San Miguel, hoy Casco Viejo del Plan Tres Mil. Por esa razón, las pocas y destartaladas patrullas que existían se dirigieron hasta la zona y cuando estaban por capturarlos en una casa, fueron recibidos por una lluvia de balas y uno de los policías, el capitán Raúl Flores Cardozo, recibió un tiro por encima de su chaleco antibalas.

-Me dieron carajo- gritó y se arrastró hacia donde estábamos los periodistas. Y a los pocos minutos murió desangrado con el pulmón derecho perforado mientras otro policía Carlos Saravia con dos balazos apenas salvó su vida. Fue una jornada sangrienta que despertó el amor propio de los guardianes del orden que después de una hora y media exterminaron, igual a balas, al llamado “Clan Arguellas”, peligrosos delincuentes que llegaron de Chile huyendo después de asaltar un banco, con un botín de $us500 mil.

Han pasado 28 años y recuerdo el episodio como si fuera ayer y en especial cuando vi llorar a los policías en el entierro de sus camaradas y cantar a viva voz su himno: “Guardia fiel que te importa la vida… si alumbrando te mata el deber” y ver a sus viudas y sus hijos abrazar los cajones envueltos con la bandera boliviana y el uniforme verde olivo, con los cuerpos de sus seres queridos.

Eran otros tiempos cuando los uniformados no tenían el marbete con la bandera de la Wiphala ni los militares eran obligados a gritar “Patria o muerte”, en un contrasentido con el art. 10 de la Constitución Política del Estado (CPE): “Bolivia es un Estado pacifista”.

¿Y por qué recordar esto?. Porque el periodista de la Red Unitel, Mario Rocabado, denunció que el 1 de noviembre de 2022, fue brutalmente golpeado por grupos de choque del Movimiento al Socialismo delante de los mismos agentes policiales y que, cuando, auxiliado por otro periodista, pidieron ayuda a la Policía, se la negaron y recomendaron “ botenló por ahí atrás”, olvidando la letra de su himno.
Los policías no realizaron la acción directa con el periodista, como se lo manda el Inc. 9 del art. 11 de la Ley 101 e incumplieron su Ley Orgánica: “la Policía cumple funciones preventivas y de auxilio, fundada en los valores sociales de seguridad, paz, justicia y preservación del ordenamiento jurídico (…), según el art.1.

Y pisoteron la Constitución Política del Estado: “La Policía Boliviana, como fuerza pública, tiene la misión específica de la defensa de la sociedad y la conservación del orden público, y el cumplimiento de las leyes (…) ”, dice el art.251 de la CPE. Y “como institución, no delibera ni participa en acción política partidaria (…) dice el Inc. 1 del mismo 251.

En limpio, ha quedado en evidencia lo contrario; la parcialización criminal de la Policía con los grupos de choque del MAS, durante los días de paro cívico por el Censo 2023, aplastando el derecho de protesta emergente de un cabildo legal y legítimo realizado en Santa Cruz y contemplado en el art. 11 de la CPE. “la democracia directa y participativa se ejerce por medio del referendo, la asamblea, el cabildo (…) y que, al depender de la Presidenta o del Presidente del Estado por intermedio de la Ministra o Ministro de Gobierno”, lo que hemos visto, es un exceso de poder que desde tiempos remotos ha sido denominado de muchas maneras: Autoritarismo, Totalitarismo, Despotismo, Tiranía o Dictadura.

En resumen: Terrorismo de Estado, que debe ser contrarrestado por la misma CPE que en su art. 9 dice que “los fines esenciales de un Estado debe ser constituir una sociedad justa y armoniosa, donde, como dijo el filósofo romano Cicerón, cuando combatía a la dictadura de los Césares, “las armas cedan a la toga”, al afirmar que “las leyes son, sin ninguna duda, más poderosas que las armas. Y que las leyes son el límite del poder político.

Y policías y militares que recuerden la sentencia del Libertador Simón Bolivar hace 200 años: “MALDITO EL SOLDADO QUE APUNTE EL ARMA CONTRA SU PUEBLO”…

* Presidente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz

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