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Dante N. Pino Archondo

La mentira oficial


2022-09-14 - 20:40:05
¿Por qué un gobierno elegido por voto que asume, por tanto, la calidad de legítimo y constitucional, engaña y acude al relato de la mentira?
¿Qué es lo que le obliga a gobernar de esta manera?, son preguntas que muchos bolivianos se hacen.

Cuando se recurre a la mentira es porque se quiere negar la verdad.
La verdad es la descripción lo más objetiva posible de los hechos, de los sucesos, de los acontecimientos. Distorsionarla, modificarla, cambiarla significa negar la realidad, sustituirla por lo que nunca sucedió o cambiarla por un relato construido. Es la forma, a la que se acude para obtener resultados, que, de otra manera, no se obtendrían.
Tres son los relatos principales construidos por el gobierno que niegan la realidad objetiva de los hechos: la nacionalización como causa fundamental de los ingresos obtenidos en la gestión (2006-2014) la sentencia en contra de Bolivia por el juicio llevado a cabo contra Chile el año 2018, y, el golpe de Estado contra Evo Morales el año 2019

El primero tiene el objetivo de realzar como modelo con éxito propio la multiplicación de los ingresos fiscales ocasionados por la nacionalización del año 2006. Esta afirmación reiterada a lo largo de 14 años ha terminado convenciendo a un importante porcentaje de la población, especialmente aquella que tiene una formación básica en su educación y es políticamente retrasada.

Pero claro, para que este relato tenga resultados, hay una historia por detrás. Una historia que tiene 70 años. Desde 1952 cuando la nacionalización de las minas por el gobierno del MNR se justificó como necesaria para recuperar las riquezas naturales de manos de la oligarquía y devolverlas a sus legítimos propietarios, el pueblo. Historia a la que se envolvió con un manto de romanticismo, convirtiendo a los nacionalizadores en héroes y a los nacionalizados en villanos.

Esta idea de que existe una obligación moral para evitar que la explotación de los recursos naturales se haga por empresas privadas, ha calado muy hondo en la conciencia nacional boliviana. Parte de la premisa difundida por la intelectualidad revolucionaria de los 60 y 70 fue señalar a las empresas privadas extranjeras como las causantes de la pobreza social.

Se logró establecer la convicción de que somos pobres porque somos explotados. Y a partir de entonces, los gobiernos que buscaban la inversión externa para explotar el petróleo o las minas fueron considerados enemigos del pueblo. Y aquellos que las nacionalizaban héroes nacionales. Los primeros fueron señalados como gobiernos de la derecha y los segundos como gobiernos de la izquierda.

Esta carga histórica de ideas, fueron las que primaron el año 2006 en el MAS, que quería convertir a Evo Morales en otro héroe, pero esta vez de corte socialista. Se llegó al extremo de copiar el escenario de la nacionalización del petróleo en el gobierno del general Ovando Candia, pero esta vez, la empresa nacionalizada no era una empresa norteamericana sino brasilera, que participó en la construcción de gasoducto y firmó un acuerdo de compra del gas en términos pactados.

Como fuera, el acto sirvió para difundir la nacionalización como otro hecho de recuperación de las riquezas naturales de manos de las transnacionales explotadoras. Lo que aconteció después fue algo inesperado. El mercado de los commodities sufrió un golpe de demanda global de materias primas que estremeció al comerció mundial. Los precios se dispararon al alza y Evo Morales recibió 4 veces más por la venta del gas cada año.

NI dicho ni hecho, el gobierno usó este episodio económico para convencer y establecer que fue la nacionalización del gas lo que produjo el milagro de la multiplicación de los ingresos fiscales. Relato mentiroso que sigue siendo usado por el actual presidente Arce Catacora. Pero que mantiene el efecto social buscado de convertir a los nacionalizadores en héroes.

El 1 de octubre del 2018 los jueces de la CIJ en La Haya hacían conocer su decisión final: “La mera mención de la cuestión marítima no puede obligar una negociación de acceso soberano al mar” con estas palabras se dio un portazo a la demanda nacional marítima boliviana. La demanda más importante en la vida nacional acababa de ser cercenada y tiraba años de lucha por la borda.

En otras circunstancias, esto, hubiera sido causa bastante para exigir la renuncia del gobierno y el juicio de responsabilidades inmediato. En esta ocasión no era solo Evo Morales el que se equivocó política, jurídica y socialmente, tuvo el acompañamiento de los expresidentes; Carlos de Mesa Guisbert, Jorge Quiroga Rodríguez, Eduardo Rodríguez Veltze y Jaime Paz Zamora, este ultimo se alejó del club decidiendo no ir a escuchar la sentencia. Pero en el transcurso de los cinco años anteriores a la sentencia, ninguno puso alto a la forma y contenido del juicio que se estaba tramitando. ¿Esto explica que la reacción social no haya sido la que debió? Que todos los involucrados se cubriesen el rostro con la careta del otro para confundir las cosas y acto seguido seguir el juego de la mentira oficial aduciendo que el Tribunal de La Haya no dijo lo que dijo, sino que aún se mantenía la puerta abierta para negociar.

Y así, la traición mas grande inferida a la Patria pasó por alto y se escondió en las cuevas de la vergüenza allá donde la luz de la decencia y la dignidad no existe.

Con este bagaje de mentiras y relatos que tuvieron el efecto de convencer socialmente y de pasar por alto, primero, El derroche de más de 50 mil millones de dólares obtenidos en 14 años de bonanza, sin que hayan servido para terminar con la pobreza y la desigualdad social, establecer un sistema de salud optimo y un nivel de educación en el promedio latinoamericano, segundo, la gravísima traición a la patria por haber conducido un juicio contra Chile por la demanda marítima mal planteada y peor procesada, sin que hasta la fecha se tengan a los culpables señalados.

Siendo estos antecedentes los que primaron socialmente, ¿cómo no iba Evo Morales a desvirtuar el enorme fraude electoral del 2019 que le obligó a huir precipitadamente en un avión mexicano y cambiar esos hechos por la mentira de que hubo un golpe de Estado en su contra? ¿Qué podía impedir negar la verdad?

Nada. Ya evidenciaron que al pueblo boliviano se le puede contar historias que por repetirse en los medios controlados políticamente tiene resultados eficaces y a la vez, ejecutar acciones legales en contra de los supuestos golpistas, para entronizar a la mentira y darle el valor jurídico de verdad.

Estas son las explicaciones del porqué hemos llegado a este momento. La realidad social que tenemos no es resultado circunstancial, tiene su historia y su acumulación de hechos que al final explican la pasividad con la que la sociedad tolera y fomenta a un gobierno que vive de la mentira y se alimenta de ella para continuar derrochando recursos, multiplicando la corrupción y sembrando nabos en las espaldas populares.

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