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Dante N. Pino Archondo

Con la soga al cuello no se juega


2022-08-29 - 19:30:52
Una movilización en defensa de la democracia convocada por el gobierno, acusando a la derecha de estar en aprestos golpistas, nos obliga a preguntar, ¿es cierto? Para que exista la necesidad de llevar a cabo esa convocatoria algo muy serio e inminente debería estar sucediendo. ¿Qué sabe el gobierno que la ciudadanía desconoce? Y, por otra parte, ¿cuán fuerte se siente el gobierno para protegerse de aprestos golpistas, que parece no quedarle otra que convocar a una movilización en su defensa?

Un somero análisis de situación y lectura de la realidad nos dice que en Bolivia no existe una derecha política, no hay un solo actor o dirigente que se reclame como tal, todos sin excepción declaran ser de centroizquierda, es decir, zurdos moderaditos y todos ensalzan al Estado como el hacedor supremo de la sociedad. Esta casta política de corte esencialmente estatista llega a lo mucho a reclamar, al propio Estado que defienden, ceder espacios para desarrollar su fuerza productiva, como: autonomías limitadas, derechos de libre comercio o últimamente la realización de un censo, que le arranque al Estado unos miles de bolivianos más para hacer pequeñas obras.

Confundir estos reclamos baratos con actitudes golpistas, nos habla de la pobreza conceptual que tiene el gobierno en su lectura de la realidad objetiva. No hay derecha boliviana, hay sectores que quieren mejorar su espacio político compitiendo en obras con el gobierno central. Eso es todo.

Entre el gobierno y la oposición funcional que hay, observamos una lucha por el control del Estado, para continuar con el proceso de explotación de materias primas, con el reparto de los ingresos provenientes de esa explotación hacía sectores privilegiados que convierten esas transferencias en algunos casos en capital, y otros, la mayoría, en consumo suntuario.

La lucha no es por cambiar el sistema político, económico y social, es por el control del reparto de los ingresos que tienen pleno control en los mercados internacionales y que definen el precio de las materias primas. Es una cuestión de quien reparte desde el Estado y a quienes se reparte.

Así que de derecha y aprestos golpistas no debería hablarse. Entre el gobierno y la oposición hay una comunidad de intereses que están por encima de visiones ideológicas.

La convocatoria entonces fue para encubrir problemas internos que afligen al gobierno, como sus pugnas por ocupar cargos administrativos de poder, ausencia de visión de Estado, pérdida de ingresos por exportaciones, altos niveles de subvenciones y burocracia social que lo convierten en presa fácil del centro de poder manejado desde el Chapare y que se llama narcotráfico, al punto de tener que hablar de unidad en medio de la división que esto provoca y de pintar diablos en la pared para acusarlos de desestabilización e intentos de golpe.
Están confundiendo a sus movimientos sociales a propósito, porque saben que más temprano que tarde no van a tener cómo explicarles los ajustes a su economía, cuando el derroche acostumbrado llegue a su fin.

El presidente Arce no es solo prisionero político del narcotráfico cocalero, sino de esos sectores populares a los que está apelando para que lo defiendan. Cuando Evo Morales crea que ha llegado el momento de soltarle la mano, al mismo tiempo la soga de esos movimientos sociales le apretaran el cuello.

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