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Álvaro Riveros Tejada

Ceremonias patrioticidas


2022-08-14 - 21:14:26
Celebrando el 197 aniversario de la fundación de nuestra república boliviana, el Presidente del Estado Plurinacional rindió un informe de gestión en la Casa de la Libertad de Sucre que, a más de insubstancial, infructuoso, inocuo y cansino, se caracterizó por estar atiborrado de cifras abstrusas, aparentemente dejadas por su antecesor, con el propósito que éste las repita, suponiendo que su validez supera superabundantemente la capacidad de nuestra memoria.

Sin embargo, la densidad de dicha cuenta presidencial pudo haberse alivianado, de no haber existido la participación preliminar del vicepresidente que, con su propio estilo, fue más larga que arenga de tartamudo y, tuvo el mismo contenido metafísico, paranormal y recóndito que suele aplicar a sus intervenciones, las cuales lo aproximan, cada vez más, a convertirse en un serio presentador de la serie “Alienígenas Ancestrales”, del canal de televisión History Channel.

Durante más de 45 minutos, este Gil-ata andino, como le gusta ser llamado, nos dio una perorata interestelar en la que le da a Tiahuanaco treinta mil años de antigüedad y, sin apiadarse de nosotros, omitió por completo hablar sobre los millones de dólares que durante quince años estos sabios utilizaron para mover la maquinaria pachamamista, que les sirvió de nave nodriza para alcanzar esas fantásticas galaxias.

Volviendo al mensaje presidencial, suponemos que la sabia intervención de su vicepresidente contribuyó a que omita tocar temas de candente actualidad, y que están poniendo al “proceso de cambio”, en vías de un urgente recambio. Temas como el Censo, que a medida que se los obvie y por la violencia que están cobrando, habrá cada vez menos bolivianos que contar.

De igual forma, no hubo ninguna alusión al monto de dinero que hay que pagar por los famosos arbitrajes mal llevados, y la astronómica suma que ello supone para el Estado. Se guardó un silencio sepulcral sobre los avasallamientos que se dan en el oriente, dejando un tendal de heridos y que para nada se encuadra a la cultura etnocentrista del Inca.

Finalmente, no se ha tocado absolutamente nada sobre nuestra centenaria reivindicación marítima que, al igual que los famosos arbitrajes, pareciera que ingresó al mismo saquillo de componendas donde, incluyendo el tema del Silala, tendremos que pagar a los chilenos por molestarlos y, como consuelo, acudir a los hermanos del ALBA para que nos ayuden a componer una cumbia que se llame: “Agua dulce, agua salá, al final nos quedamos sin na”.

Por supuesto sería tonto reclamar que tampoco se haya tomado en cuenta el tema del narcotráfico, que pareciera haber sido el organizador de esa curiosa conjunción de acontecimientos patrióticos que simultáneamente se dieron en Bolivia, Perú y Colombia, con escenarios diferentes, pero con coreografía similar. Donde se hizo gala de la robada espada de Bolívar; de su medalla dejada en un prostíbulo y un sombrero luminoso que no pudo estar presente por haber sido prohibido de hacerlo. Sendas ceremonias, a cuál más ridícula, risible e insólita, que más que una conmemoración, presagiaban una Ceremonia Patrioticida.

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