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Álvaro Riveros Tejada

Censos para Sonsos


2022-08-03 - 19:49:35
Si el emprendimiento de un censo de población y vivienda supone, no obedecer a los nobles propósitos que encierra su realización, entonces se convertirá sólo en un instrumento de manipulación política, dirigido a objetivos bastardos que están muy lejos de su verdadera finalidad.

Es el caso de la discusión sobre la fecha de realización de dicha consulta que, a más de trivial, conlleva una gran pérdida de tiempo. No olvidemos que fue el propio gobierno que, en un principio fijó el mes de noviembre de este año para su celebración empero, luego de la sugerencia cruceña de realizarlo el 2023, como está fijada hasta por acuerdos internacionales, cambió insólitamente de parecer e impuso el año 2024 como la fecha de su cumplimiento, sin siquiera explicar algunas razones plausibles para dicho aplazamiento, como registrar las bases de la informalidad en todas las actividades de la nación, sean estas económicas, políticas o sociales, que constituyen el caldo de cultivo a todo tipo de maniobra, y fortalecer honradamente la institucionalidad del país.

Un patético ejemplo de retrasar un Censo es el que se dio en Bolivia entre los años 1950 y 1976, año en que después de más de un cuarto de siglo, finalmente se llevó a cabo el padrón, dirigido por el Lic. Gonzalo Riveros Tejada. Durante estos años era casi imposible contar con datos como el potencial humano, la pirámide de edades, la dinámica de la población, las tasas de fecundidad, natalidad, mortalidad, etc., aparte de otros parámetros igual de importantes, como el de la vivienda, obras de infraestructura; prestación de servicios y un sinfín de otras necesidades estadísticas comparables con otros países, que nos permitiesen analizar dónde nos ubicábamos como país, y nuestras necesidades.

Esa escasa tradición censal, a lo largo de casi dos siglos de vida republicana, nos señala que, desde el primer censo de 1831, y el último realizado el 2012, el país ha celebrado apenas once censos de población y cuatro de vivienda. Los datos obtenidos de dichas consultas fueron más de uso doméstico que externo, hasta que vino la época de la globalización y fue allí donde tuvimos la necesidad de contar con fichas fiables para la exportación y las inversiones extranjeras.

Al mostrar sus índices de crecimiento, no quepa la menor duda que Santa Cruz se ha convertido en el departamento que se desarrolla exponencialmente hacia un futuro promisorio y en la locomotora, no solo económica, sino política del país, la muestra es la enorme oleada migratoria interna hacia ese departamento, razón suficiente para creer que el censo es una herramienta de primerísima necesidad para su futuro, algo que el gobierno no entiende, o no desea entender, y aplica a “sangre y fuego” su fórmula, sabiendo que, desde hace 15 años, nos gobernó cómo el violinista que sostiene el instrumento con la izquierda, y lo toca con la derecha.

Ahora bien, como señalamos líneas arriba, hay gobiernos que se oponen a la realización de un Censo, simplemente para poder manipular a sus conveniencias datos económico-políticos, tales como los flujos de migración rural-urbana, que hoy se están revirtiendo a flujos urbano-rurales, en busca de nuevas oportunidades de trabajo en el campo, ya que éstas, en su gran mayoría, dependen cada vez más del Estado, y sólo aprovechan a los circunstanciales gobernantes, confirmando la histórica sentencia de Víctor Paz Estenssoro que decía: “Las peras cada vez son más pocas, las oportunidades disminuyen, y lo que queda hoy en día, es el emprendimiento de nuevas y productivas actividades, sin depender directamente del TGN”. Sabias palabras que se traducen en un censo con consenso y no un censo para sonsos.

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