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Álvaro Riveros Tejada

Arritmia Política


2021-10-12 - 17:58:51
La inmisericorde profusión de símbolos patrios, como: banderas, escarapelas, flores, y otro tipo de signos de distinto color y forma, instituidos en nuestro país desde hace 15 años por el Estado plurinacional, multilingüe y folklórico, como una señal de multiculturalidad y unidad de las distintas etnias que lo habitan, lejos de cumplir ese loable objetivo, ha creado una atmósfera de fragmentación y zozobra, que nos está llevando al fin de la democracia y al separatismo que tanto endilgaron a los hermanos orientales.

A esta absurda pelea de emblemas, y un afán demencial de implantarlos, a la fuerza, en la realidad política nacional, se han sumado los enfrentamientos entre grupos de oficialistas, apoyados por las fuerzas policiales versus civiles que se enardecieron ante el uso indiscriminado de agentes químicos y dinamita, y de ser instrumentalizados como víctimas propiciatorias de una causa ajena.

Como otrora en el Tipnis, hay indígenas que han marchado durante 37 días, antes de llegar a Santa Cruz, y el gobierno indígena no ha hecho absolutamente nada para contactarlos y escuchar sus justas demandas contra el avasallamiento y quema indiscriminada de sus tierras, dejándolos en la más absoluta orfandad. Sólo atina a ofrecerles elevar el diálogo, del nivel viceministerial al ministerial y una serie de actos de desagravio a la whipala, una tela que no les significa nada.

De la misma forma, estas escaramuzas reavivaron la atmósfera de protesta que caracterizó la renuncia y posterior fuga de Morales, en noviembre de 2019, así como marcó el inicio de un periodo de reveses sufridos por la agenda del MAS, que obligan al gobierno, controlado desde El Chapare, a echar marcha atrás en una serie de medidas como: la independencia institucional de los cocaleros de Los Yungas; el congelamiento de la Ley de Legitimación de Ganancias Ilícitas; la suspensión de la declaración del gobernador cruceño en la ciudad de La Paz; y el absurdo ofrecimiento a los indígenas de tierras bajas citado líneas arriba.

Esto pareciera guardar una enorme semejanza con el régimen de Afganistán, retomado recientemente por los talibanes, después de 20 años de guerra, en medio de una generación que ya ha conocido el mundo libre, y ahora debe obligar a sus mujeres, inexplicablemente, a renunciar a la educación básica y volver a la cárcel de trapo y a sus hombres, en calidad de animales, al narcotráfico y a la práctica del terror.

Al parecer, todo este clima de contradicciones y amenazas a la paz social, guardan un estrecho vínculo con el inminente desmoronamiento del malhadado Foro de Sao Paulo, cuyas vicisitudes se expresan en las manifestaciones de protesta que se realizan frecuentemente en Cuba, similares a las del 7 de julio próximo pasado, la pavorosa situación económica por la que atraviesa Venezuela, la insalvable crisis política de Nicaragua, y así por delante, todo ese clima de terror, caos, y anarquía que surgen como trágico resultado de las famosas revoluciones socialistas del Siglo XXI, que si bien no han colapsado todavía en un final de infarto, están padeciendo de una seria arritmia política.

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