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Álvaro Riveros Tejada

Semiótica Endiablada


2021-09-28 - 18:23:57
Ni los más sabios estudiosos de la comunicación humana, habrían previsto que ésta volvería a utilizar símbolos e íconos para entenderse en el futuro, tal como lo venimos haciendo a través de nuestros modernos celulares, como una neta expresión de esta rama de la semiología que trata de la interpretación de las imágenes, símbolos, objetos y hasta gestos y/o expresiones corporales.

Desde tiempos inmemoriales, los movimientos políticos populistas han echado mano a la creación, plagio, y utilización de símbolos, generalmente religiosos, en su afán de crear mística, y hasta cierta devoción en torno a ellos y, como un medio de captar y unificar a sus adherentes. Es el caso de la famosa esvástica o cruz gamada, que es un símbolo de paz milenario, que nada tiene que ver con el fenómeno y el símbolo nazi, que el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán popularizó a partir de 1920, como elemento de poder. Hoy en día, es utilizado para identificar en los mapas turísticos la ubicación de los templos budistas.

Consideramos importante hacer esta corta disquisición sobre la ciencia que estudia los símbolos, en momentos en que los movimientos populistas la vuelven a utilizar, como en el pasado, para crear una mística en torno a ellos y cumplir el anhelado objetivo del marxismo, de imponerse al cristianismo, su principal enemigo y arquetipo, creando una cruz con la hoz y el martillo, que no duró ni un siglo, mientras la cruz de Cristo, después de dos milenios, se sigue venerando como Icono de una de las religiones más poderosas de la tierra.

El diseño y diagramación de nuestros símbolos patrios ha obedecido a una larga, como traumática discusión entre espíritus traviesos que nunca pudieron ponerse de acuerdo y menos estar satisfechos con una “versión final”. De ahí, que ésta no sería la primera, ni la última vez que una autoridad circunstancial pretenda ingresar a la historia, (natural por supuesto) sucumbiendo a la tentación de presidir el segundo centenario de una Bolivia desfigurada, tanto en su nombre; en sus costumbres; como en sus símbolos como la Wiphala o la Chakana.

A propósito de los sucesos que caracterizaron la celebracióndel 211 aniversario del fraterno departamento de Santa Cruz, nadie duda que fue un abuso querer imponer la iza de la Wiphala mientras en El Alto se pisoteaba la bandera cruceña, con el mismo autoritarismo y discrecionalidad con que se permitieron cambiar nuestro escudo nacional por un esperpento llamado chakana, que no lo entiende nadie, pero por el cual los bolivianos debemos descartar al escudo genuino y seguir la línea del castrochavismo, que se supone significa ese saco de Aparapita.

De haber tenido semejante simbolismo la Whipala, no es acaso justo preguntarse ¿por qué el Movimiento Nacionalista Revolucionario no enarboló esa bandera a tiempo de plasmar la Revolución Nacional del año 1952, como símbolo de la abolición del pongueaje y todas las otras múltiples medidas, en favor de los pueblos aimaras que estaba liberando? La respuesta es muy simple, esta bandera estaba y está todavía en manos de un arcángel arcabucero, en la iglesia de Calamarca, como pendón de los Tercios de España que llegaron con la conquista y ahora es curiosamente reclamada por sus esclavos, como un extraño juego de esta semiótica endiablada.

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