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Humberto Vacaflor Ganam

Cortar por lo sano


2021-09-13 - 20:50:21
La planta de urea y amoniaco de Bulo Bulo sigue siendo un dolor de cabeza, como ocurre desde que se la inauguró en 2017, después de haber gastado 960 millones de dólares, la más grande inversión pública hecha en un solo proyecto en la historia del país.

Los “paros programados”, decían las autoridades, eran la explicación de que la planta no entrara en funcionamiento durante más de un año y cuando se la encendió, en 2018, se informó que sus operaciones eran antieconómicas, pues había perdido 24 millones de dólares de solamente funcionar.

El ferrocarril que debía construir una empresa china hasta Montero quedó en nada a pesar de que se pagó por adelantado el monto convenido por la señorita Gabriela Zapata, la concubina del presidente de entonces.

Eso obligaba a que la poca urea que se producía tuviera que ser llevada a bordo de camiones hasta Montero, donde se la embarcaba en el ferrocarril, con destino a Puerto Suárez.

Esto era un buen negocio para los cocaleros de Chapare que habían comprado muy costosos camiones para hacer el trayecto hasta Montero gracias a un acuerdo de exclusividad que les había concedido la empresa por órdenes del gobierno.

Y en eso llegó el año 2020, cuando las cuarentenas ordenadas por la llegada del virus chino obligaron a parar la economía en todo el mundo.

Eso fue providencial, porque al no funcionar, la planta no perdía dinero, aunque los 300 empleados siguieron cobrando sus salarios.
Ahora, cuando el gobierno de Luis Arce ha despedido a 34 técnicos bolivianos para contratar al mismo número de venezolanos, muy bien pagados, la planta ha tenido peligrosas fugas de gases.

En fin, que ha llegado el momento en que las autoridades reconozcan que esa inversión, igual que muchas otras, fue hecha durante la época del despilfarro mayor que se dio en la historia de Bolivia.

Y que en este caso habría que tomar la decisión de cerrarla. Luego, algún día, se podrá encontrar a los culpables.

No se han hecho estudios de factibilidad para ninguno de esos millonarios proyectos. Como se observa ahora en el caso de los teleféricos de La Paz y de todos los demás proyectos.

Por el momento, lo urgente es parar todos esos proyectos para evitar que el país siga perdiendo dinero. Luego vendrán los juicios, mejor si con medidas preventivas, como se ha hecho costumbre. No vaya a ser que quieren fugar.

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