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Gary A. Rodríguez A.

Basura, cerveza, comilona y vacuna


2021-06-09 - 14:46:26
El ser humano es impredecible en cuanto a las hazañas y grandezas que puede lograr -como también- por las torpezas y bajezas en las que puede incurrir. Muchos dicen que la racionalidad es lo que lo diferencia de las bestias, pero, cuántas veces el hombre hace cosas que un animal jamás haría, para afectarse a sí mismo o dañar a sus semejantes (dejo a su imaginación los numerosos ejemplos que existen al respecto).

Muchas cosas están pasando en este tiempo de pandemia, algunas tan sencillas y profundas a la vez, como el hecho que un turista francés, de nombre Alexis Dessard, llegue al país para llamarnos a la reflexión, en cuanto a la manía de los bolivianos de botar basura al suelo, dándonos el ejemplo de cómo deberíamos conducirnos en esta materia…una subliminal forma de llamarnos la atención por ser “cochinos” (sucios, desaseados y asquerosos, según la Real Academia Española). Duele decirlo, pero es verdad, aunque Dessard, en un arrebato de sinceridad en una entrevista que vi, dijo también que su dormitorio en Francia era un desastre -un desorden- pero no por eso dejó de darnos una lección aquí.

Dejando atrás lo de la basura, que si bien no es un tema menor pues aparte de la estética tiene que ver con la salud, veamos ahora qué pasa con la crisis de salud pública que azota al mundo.

Me llamó la atención este titular: “EEUU ofrece cortes de pelo y cerveza para aumentar tasa de vacunación anticovid” (EL DEBER, 2.06.2021); lo que me llevó a recordar que en Riberalta pasó algo similar: “Hamburguesas, pizzas y descuento en la compra de ropa o desayunos para mamá, son algunas de las iniciativas que buscan incrementar el interés de la población en la vacunación. Las medidas surgen luego de que menos del 40% de las dosis enviadas fueran utilizadas por falta de asistencia” (boliviaverifica.bo, 7.05.2021).
O sea que…¡hay que premiar la desidia, aquí y allá, ya que ésta es generalizada!

Ahora, al margen de lo que pase en otros países, con cerca de 15.000 muertos y casi 350.000 contagiados a la fecha en Bolivia por el COVID-19 (aunque algunos aducen que, según proyecciones internacionales, el número real de muertos podría ser el doble y el de los contagiados el triple); con dramas humanos inimaginables provocados por la falta de espacio para la internación en clínicas y hospitales; la escasez de oxígeno y las siderales sumas que implica el atender a los enfermos; siendo que la posibilidad de contagio, dolor y muerte están a la puerta ¿cómo entender que haya quienes no se vacunen perjudicando a otros que sí lo quieren hacer y la necesitan con la mayor premura?

En verdad, el hombre se mueve por estímulos, ya sea por la “política de la zanahoria”, como los incentivos arriba referidos, o por la “política del garrote” que supone la coerción de la autoridad o la lección de vida, siendo que la letra entra con sangre, como dice el adagio, muchas veces cuando ya es demasiado tarde...

Esto me trajo a la memoria la elección que se le plantea al ser humano, entre la vida eterna en el infierno (castigo) o el cielo (premio) aunque para los esclarecidos no debería ser así, como reza el bello Soneto a Cristo crucificado del Siglo XVI (atribuido a varios autores):

“No me mueve, mi Dios, para quererte, el Cielo que me tienes prometido; ni me mueve el Infierno tan temido, para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte, clavado en una cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas, y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera Cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera Infierno, te temiera…”

Pero, el hombre es así y no solo con la basura, la vacuna o la vida eterna, pasa también con el servicio -de ahí la corrupción- atribuyéndose a Charles Spurgeon -el Príncipe de los Predicadores- el haber acuñado esta severa sentencia: “Quien le sirve a Dios por dinero, es capaz de servirle al diablo, por un mejor salario”. ¡Ay del hombre con sus grandezas, pequeñeces y devaneos…cuándo aprenderá!

(*)Economista y Pastor

Santa Cruz, 9 de junio de 2021

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