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Daniel Castro

La ceguera del gorila


2020-11-09 - 10:29:02
El hombre que acabó con toda posibilidad de pacificación del país con su actitud prepotente y hostil, amenazando con meter preso a quien se le pusiera en frente, culpó a los candidatos opositores de la derrota electoral y los arengó a que salgan a solucionar el desastre que, según él, generaron. En su agresiva declaración sin la más mínima autocrítica se desentiende del funesto rol que jugó en el gobierno de Jeanine Añez.

“Gorila” es una expresión que comenzó a ser utilizada en la vida política argentina para denominar a una persona que tenía una postura antiperonista. El término se inició en la jerga rioplatense en 1955 por los propios antiperonistas para autodenominarse con un sentido elogioso. Con el paso de los años el vocablo se comenzó a utilizar en la sociedad argentina con un significado despectivo. La expresión nacida de un cuadro humorístico creado por Aldo Cammarota se incorporó tanto en la cotidianidad argentina que finalmente llegó a otros países, como sinónimo del hombre político, militar o civil, conspirador y se coló en Latinoamérica para referirse a una persona “reaccionaria de derecha”, militar, golpista o “anticomunista”. No encuentro mejor definición para entender el accionar del hombre que se constituyó en una especie de superministro en el gobierno interino de Jeanine y que acabó con más sombras que luces.

Arturo Murillo tuvo en sus manos la posibilidad de mostrarle a los bolivianos y al mundo entero que otra Bolivia era posible. Que la esperanza de cientos de miles de jóvenes que salieron de su letargo y se parapetaron en cada una de las rotondas de Santa Cruz de la Sierra, en los pueblos del oriente, en los valles y en el altiplano durante 21 días de paro, para hacerle entender al tirano de Evo Morales que ya no aceptaban que siga violando sus derechos y tenía que irse, fueron aplastadas por un ministro que jamás entendió las demandas de libertad de la población y tomó la oportunidad de poder político como su revancha para vengarse de los atropellos recibidos por su familia.

Si ponemos en la balanza a los anteriores ministros de gobierno del régimen de Evo Morales y los comparamos con Murillo, vemos que resulta difícil encontrar alguna diferencia a su favor en el accionar y en la falta de límites para hacerse escuchar. Es más, "el bolas", como se referían a él en los cientos de memes que corrían por la redes sociales, destaca por su histrionismo y por su autoritarismo, que cegado por la borrachera de poder, no diferenciaba a amigos de enemigos. No respetó ni la investidura de Jeanine Añez ni el cargo de los otros ministros del gabinete para entrometerse en cuanto tema había que resolver. Era el perro de presa que salía a morder a propios y extraños, como la aguerrida raza de perros Pitbulls.

Fue tal el poder que acumuló, que nada sucedía en el gobierno sin que él interviniera. Luego de los actos de Corpus Christi en la plaza Murillo, cuando Jeanine Añez fue abordada por los medios de información para hablar de la emergencia sanitaria y los periodistas se aprestaban a hablar de las elecciones, Murillo le susurró a la mandataria: “No, no hables de eso”, “no comentes de eso”. Fue la primera vez que el secreto a voces trascendía al Palacio Quemado y fue registrado por los micrófonos de los medios de comunicación.

Después se lo vio en la entrega de los respiradores y durante la pandemia dar conferencias “a lo Evo”, en varios departamentos en el mismo día. Una aplanadora que denunciaba casos de narcotráfico, crímenes desentrañados por la policía, entrega de obras o anuncios de bonos. Nada escapaba de su mirada inquisidora. A tal punto que se dio el lujo de cambiar al Ministro de Economía sin avisarle por haberse opuesto a la “devolución” de las acciones de ELFEC que fueron “nacionalizadas” en 2010. Fue por ese impasse que Óscar Ortiz, afirmó que Jeanine Áñez le entregó el futuro del Gobierno a Arturo Murillo, a quien calificó como una persona que no tiene capacidad y que “le mete nomás” como hacía Evo Morales. “Yo creo que hay un problema muy serio y es que la presidenta Añez ha entregado el futuro del gobierno y del país al ministro Murillo, y que es una persona que no tiene la capacidad, no tiene la serenidad necesaria para poder resolver los problemas como corresponde”, dijo Ortiz en declaraciones a Unitel.

No fue el único caso, el procurador general, José María Cabrera, también quedó fuera del cargo por no obedecer una orden de Murillo. “La remoción del suscrito procurador General del Estado se da a petición del ministro de Gobierno, Arturo Murillo, por la afectación en el cumplimiento de mis misiones constitucionales del caso ENDE (…) y del caso gases lacrimógenos”, denunció Cabrera en su momento.

Ya en los últimos días de su “reinado”, el fiscal anticorrupción, Luis Fernando Atanacio, emitió un requerimiento de alerta migratoria, para impedir la salida del país de Murillo y del ministro de Defensa, Fernando López, por el caso de la compra de armamento no letal, que fue dotado a la Policía y a las Fuerzas Armadas, durante el conflicto de noviembre del año pasado.

La respuesta de Murillo no se hizo esperar. Mediante su cuenta en Twitter, emitió el último tuit, con quejas a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y al representante regional de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco. “Esta es la justicia del MAS, libera a pedófilos, narcotraficantes y persigue a ministros que salvaron vidas”, posteó antes de desalojar el departamento donde vivía en La Paz para trasladarse a su natal Cochabamba. El ex titular de Gobierno enfatizó que no será “trofeo de narcotraficantes, ni pedófilos, ni delincuentes vendidos a las mafias narcotraficantes”, advirtiendo que comenzó la “cacería” judicial.

Lo curioso es que el hombre que “no se despegaba” de Jeanine Añez y parecía que se iba a devorar a quien se le pusiera enfrente, abandonó La Paz primero que los otros miembros del gabinete y en el último acto oficial de la Presidenta, “mordió la mano de su ama”, dejándola sola para que ponga la cara por todos los abusos, errores e intrigas que tejió. Desde entonces, como han hecho todos los “gorilas” está desaparecido y en silencio.

* Periodista

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