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Daniel Castro

El semestre que se devoró la langosta


2020-09-15 - 21:32:07
La semana pasada cumplimos seis meses sometidos a la pandemia del coronavirus, que sacudió al mundo y a nuestro país lo puso de rodillas. Según los datos oficiales, a la fecha hay cerca de 130.000 contagios y producto del covid-19 perdieron la vida 7.297 personas en Bolivia. Que la población se enferme y que pierda la vida es un desastre nacional, pero que además las autoridades llamadas a garantizar la salud pública y gestionar una mejora de las condiciones biosanitarias sean sorprendidas lucrando con la salud del pueblo, ya es una calamidad comparable a las plagas del antiguo Egipto.

Hago esta comparación porque a la peligrosidad del virus que nos tiene a maltraer, se le sumó el peligro de la corrupción gubernamental que compró equipos con sobreprecio y adquirió otros que no pudieron ser utilizados por los médicos en los hospitales, como ocurrió con los ya famosos respiradores españoles. A ello hay que agregarle la impericia de quienes tuvieron a su cargo afrontar esta catástrofe sanitaria.

En 10 meses de gobierno, Jeanine Añez debió posesionar a tres ministros de salud. El primero fue Aníbal Cruz, que llegó con el aval de Colegio Médico de La Paz y de pronto debió renunciar de manera subrepticia; se rumoreo que fue por las abultadas cifras de infectados y muertos que anunció que habría en el país cuando la psicosis colectiva, el miedo y la incertidumbre hacían presa fácil de la opinión pública.

Ahí llegó Marcelo Navajas, con una inmediata denuncia en los medios por un juicio penal. Mediante un comunicado debió explicar que asumió y se defendió en un debido proceso que pasó por todas sus instancias, hasta terminar en una absolución penal por el Órgano Judicial. No duró mucho. El escándalo del caso de los 170 respiradores, no sólo lo sacó del cargo, sino que también terminó en la cárcel. Ahora está en esa cartera la montereña, María Eidy Roca, con bajo perfil lo más aciago que debió soportar es su contagio de covid, que finalmente superó.

Las plagas del antiguo Egipto fueron una serie de calamidades sobrenaturales que, según el Antiguo Testamento cristiano y la Torá judaica, el Dios hebreo infligió a los ciudadanos egipcios con el fin de que el faraón los dejara libres y les permitiera marcharse hacia la tierra prometida.

Sin embargo, el faraón de manera tozuda y engañosa no quiso aceptar la petición de Moisés y su hermano Aarón y el pueblo debió sufrir las consecuencias con plagas de piojos, ranas, moscas, granizo, fuego, sarpullido y úlceras, hasta que una invasión de langostas arrasó todo el país oscureciendo el cielo con densas tinieblas.

“. . . y al venir la mañana el viento oriental trajo la langosta. “. . . y oscureció la tierra; y . . . no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, en toda la tierra de Egipto” (Éxodo 10:13, 15). Lo que dejó el saltamontes se lo comió la langosta, y lo que ésta dejó, se lo comió la oruga.

Pero la calamidad egipcia no fue la primera que sufrió la humanidad, y los desastres con invasión de grillos, langostas u orugas cada tanto se hacen sentir en el mundo, pese a los adelantos científicos que desarrolla el hombre. Nubes de estos insectos ocasionan multimillonarias pérdidas y han causado temporadas de hambruna y la muerte de un gran número de personas.

Los agricultores del municipio de Cabezas, Tercera Sección Municipal de la provincia Cordillera en Santa Cruz, que sufrieron este año una invasión de langostas, saben del poder destructivo de estos insectos, que desde el 2015 se desplazan por cultivos de nuestro país y viajan por Sudamérica, poniendo en aprietos a los vecinos de Argentina, Paraguay y Brasil.

Es precisamente por esta serie de desastres que desde la antigüedad se comenzó a acuñar la frase “Los años que la langosta se devoró”, para referirse a las consecuencias del paso de tan perjudicial insecto.

Queda todo en ruinas. Y en lo que nos concierne a los bolivianos, en este semestre “que se comió la langosta” con la pandemia del coronavirus, hay todavía una secuela mortal que al igual que el Covid-19 seguirá castigando al pueblo boliviano: Un sistema de salud centralista, anacrónico, burocrático y corrompido que no administra de manera eficiente los pocos recursos asignados, que no llegan ni al 6 por ciento del Producto Interno Bruto.

Por eso lo vamos a seguir viendo como un quijote del siglo 21 al padre Mateo Bautista, vociferando a los cuatro vientos con las manos extendidas “10 por ciento para salud”.

“Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros, dice la promesa bíblica en Joel 2:25. Pero lo que allí no dice es que la cosecha “que se comió la langosta” no vuelve más, como sentencia el proverbio chino; hay tres cosas que jamás regresan: la palabra hablada, la flecha disparada y las oportunidades desperdiciadas. Y este gobierno transitorio de Jeanine Añez, lo que mejor ha hecho es desperdiciar este “veranito” democrático que le regaló el pueblo boliviano para reconstruir la institucionalidad devorada por el abusivo régimen de Evo Morales.

*) Vicepresidente de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia

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