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Daniel Castro

Covid-19: la bipolaridad de la opinión pública


2020-06-28 - 21:29:36
Se atribuye al derecho romano la expresión “neccesitas caret lege” (La necesidad carece de ley), figura legal difundida en la antigua Roma para justificar que alguien hubiese cometido un delito por cuestiones de desesperación. Con el tiempo, la frase latina se popularizó como un refrán: La necesidad tiene cara de hereje. Hoy, buena parte de las acciones realizadas por los seres humanos tienen su origen en esta frase, devenida del latín, para justificar la ambición, el egoísmo, la brutalidad o la insensibilidad ante situaciones límites.

Eso es precisamente lo que hemos podido evidenciar en el humor de la población boliviana y en especial de algunos cruceños que en una actitud bipolar pasaron del escarnio público a los primeros enfermos de coronavirus, a la súplica y prebendas de todo tipo con tal de conseguir plasma hiperinmune para salvar las vidas de sus familiares o amigos que se encuentran en terapia intensiva.

Sin embargo, todavía está fresco en nuestra memoria lo ocurrido con la primera paciente llegada desde Europa el pasado 10 de marzo, que causó una revolución en su natal San Carlos, población ubicada a 120 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, con protestas en las afueras de su domicilio y luego en el hospital para que no la ingresada allí y, como si fuera la encarnación del mal debió ser trasladada a la capital cruceña; pero a su paso por Portachuelo, Montero y Warnes vecinos estaban atentos para que no se detenga en sus comunidades. Ya en Santa Cruz, prosiguió con su calvario y debió peregrinar por siete hospitales hasta que por fin fue internada en un nosocomio de la zona sur.

El otro hecho fuerte ocurrió con el primer fallecido por Covid-19. Los familiares debieron deambular por varios cementerios porque los vecinos de la zona del Plan 3.000 se negaron a permitir que sea enterrado allí. La desinformación y el temor al contagio sacaba lo peor de personas que por lo general en diversas ocasiones han sido auxiliadas por la solidaridad colectiva.

Pero no solo los contagiados debieron soportar la discriminación de la población, también los trabajadores en salud y las fuerzas del orden, sufrieron ataques en carne propia. En Cochabamba a una médica no la dejaban ingresar al departamento donde vive porque al estar en la línea de fuego salvando vidas, podía llevar el virus al edificio. En Tarija, tres policías recibieron el escupitajo de una mujer molesta porque le impidieron el paso en su vehículo para evitar que viole la cuarentena.

¿Qué hizo que la mirada discriminadora, inquisidora e insensible de la población para con los contagiados de Covid-19 se torne amigable suplicante y hasta zalamera? Sentir y ver cómo los anónimos enfermos del comienzo de la pandemia, se convirtieron en un conocido, un amigo, un familiar, un padre, una madre, una abuela, un abuelo, un hijo, una hija, etc. Los contagiados ya tienen nombre y apellido y pertenecen a nuestro entorno inmediato.

Ante la magnitud de la situación, esa actitud insensible y mezquina, definida por la mexicana, Zaida Alicia Lladó, como la incapacidad perceptiva y emocional de no saber identificar y evaluar los sentimientos que el infortunio o la adversidad producen en nuestros semejantes, dio paso a el refrán la necesidad tiene cara de hereje y proliferaron en las redes sociales los mensajes de pedidos de solidaridad y ayuda. Muchos de ellos suplicantes hacia aquellas personas que en su momento se les cerró la puerta en las narices y se los dejó librados a su suerte. Por ello no fue extraño ver a personas irascibles que a gritos pedían que desaparezcan de su vista los infelices contagiados, ahora suplicar con la misma vehemencia que el agraviado actúe con el sentido de humanidad y caridad que ellos no tuvieron.

Basta saber ahora, si esta pandemia sanitaria que nos tiene comprometidos a todos los bolivianos y a la humanidad entera, deja paso no solo a la cura de este mal que, de acuerdo a las proyecciones científicas, llegó para quedarse a vivir entre nosotros, sino también da paso a la enseñanza básica de caridad cristiana y de convivencia mutua, donde la solidaridad y el respeto por la vida, sean la regla y no la excepción.

* Vicepresidente de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia, ANPB

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