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Dante N. Pino Archondo

El miedo a Evo Morales


2020-02-18 - 20:54:21
Los desbordes políticos actúan de la misma manera con que lo hace la naturaleza, se llevan todo por delante. Es lo que estamos viviendo en Bolivia. Durante catorce años el mundo político ha estado sujetado por el eje central del instrumento político del MAS, la oposición no fue anulada solo físicamente, perseguida, exiliada o judicializada, también fue constreñida a tener protagonistas personales que hicieron el papel de oposición, aunque en los hechos era un oposición declarativa, presencial en la Asamblea Legislativa y protestante hacía fuera.

Esta fue la careta democrática que presentaba el masismo hacía el resto del mundo. Catorce años de represión y acoso producen cierto grado de acostumbramiento y pasividad reactiva. Se actuaba esperando que el gobierno de Evo Morales señale la agenda. Ahora que ya no tienen el gobierno, la oposición, que ahora es gobierno, continua con la misa conducta, de protesta y miedo ante el instrumento por la liberación de los pueblos. Continúan con la conducta contestataria.

Liberarse de las cadenas del miedo no es fácil. Evo Morales es el diablo que los espanta aún cuando tengan la biblia bajo el brazo. El cocalero los desprecia, los humilla y los desafía, desde el exilio. Esto es posible porque no tenemos partidos políticos, que representen intereses de clase concretos. Tenemos protagonistas a la cabeza de agrupaciones bautizadas como frentes políticos unidos por sub-agrupaciones menores que conforman un conglomerado diverso de sectores sociales que tienen diferencias ideológicas y visiones distintas en su interior, rodeadas de ciudadanos que tiene la esperanza de poder acceder a un puesto en la administración pública. Y por eso Evo Morales aún es fuerte.

El MAS es un conjunto de corporaciones sindicales que están unidos por el lazo de la dependencia de su fuerza de trabajo con el Estado. Cohesionado por la bandera del anti-imperialismo y la defensa del Estado como eje central del concepto de nación de naciones, puede movilizar a los mismos para defender lo que supuestamente son los éxitos de su proceso de cambio. No importa que hayan fracasado en su programa de industrialización y diversificación de la economía pero pudieron sostener una economía de gasto y consumo que le llamaron de estabilidad social con beneficios y que logró encandilar a propios y extraños.

Hay entonces, un abismo grande entre quienes pretenden el gobierno y los que buscan recuperarlo. El MAS se victimiza y saca partido de las debilidades e insuficiencias de los otros. Ahora el MAS denuncia la corrupción, la persecución y clama por los derechos humanos. Sobre esa base recuerda los beneficios sociales que distribuyeron con los recursos de su “nacionalización” y sobre esto insiste en tener el monopolio de la representación étnica de los aimaras y quechuas. Contra esta estrategia están luchando las nuevas agrupaciones y frentes contendores.

El mundo ciudadano del voto quiere o ve como la mejor alternativa la polarización del proceso. El MAS con Arce Catacora contra Jeanine Añez o Carlos Mesa. Las consideraciones de las zonas urbanas son contra el MAS como sea y las consideraciones de las zonas rurales son con el MAS a pesar de todo. Hay entonces tres proyectos de voto posibles. Luis Arce, Jeanine Añez y Carlos Mesa. El señor Camacho debe decidir sumarse a uno de los dos. Si lo hace con Añez, la candidatura de Mesa cae y lo deja fuera del balotaje, lo mismo sucede si opta por Mesa. Lo cierto es que el MAS ocupa la zona del altiplano con suficiencia y pierde la zona de los llanos. Los estrategas tienen este trabajo en ambos lados. Ahora bien, el MAS parece haber consolidado su voto duro cuyo epicentro es el Chapare en Cochabamba con el 28 por ciento, el saldo es la ciudad de El Alto y las zonas rurales. La expansión del voto en estas áreas geográficas es la tarea de Añez y Mesa, quien logre debilitar al MAS en ellas tiene la ventaja.

Hay sesenta días para recolocar el voto.

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