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Álvaro Riveros Tejada

ENTEL - EQUIAS


2020-02-18 - 20:45:48
En una extraña, como reveladora confluencia de conspicuos personajes, que hace diez días tuvo como escenario el Aeropuerto de Miami, se pudo ver, casualmente, deambulando por esa misma terminal aeroportuaria, al ministro de gobierno Murillo, al Senador Ortiz y, por su parte, a Luis Fernando Camacho, a Marco Pumari, y al prófugo exgerente de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones Elio Montes, que habían llegado a los EE. UU. por diversas razones.

La única y evidente diferencia que se pudo advertir en dicha escena fue que, Murillo y Ortiz, en su calidad de visitantes oficiales, iban escoltados por agentes del FBI, en cambio Elio Montes, también era conducido por agentes, pero enmanillado, hasta el centro de detención Krome, por no haber declarado una cuantiosa suma de dinero que llevaba consigo a tiempo de arribar a esa terminal aérea.

Dicho suceso no tendría nada de particular, y menos sería motivo de comentario, si las condiciones políticas de nuestro país discurrieran con normalidad empero, a la caída de la dictadura masista, el gobierno transitorio contrajo el compromiso de pacificar al país y celebrar elecciones limpias y expeditas, encargo que está siendo cumplido a cabalidad, sin embargo, pareciera que nos hemos vuelto a sumergir en ese clima de paranoia y desconcierto, pese a los loables esfuerzos gubernamentales de cumplir fielmente su juramento.

Todavía no se han iniciado las campañas electorales, y un considerable segmento de la población pareciera haber sido presa del Síndrome de Estocolmo, ese trastorno psicológico que sufren algunas personas que han sido secuestradas (como los bolivianos durante 14 años), mostrándose comprensivas y, hasta compasivas, con la conducta de los secuestradores; identificándose con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberadas.

El fantasma del secuestrador está latente y amenaza volver pese a los múltiples actos de latrocinio y crimen cometidos durante la pasada década y media. Dudosas muestras demoscópicas nos inducen a auto flagelarnos, sin siquiera esperar los debates de campaña, o los cargos que la justicia eche sobre ellos.

Hasta la fecha, el MAS nos ha presentado como spot de campaña sólo las patéticas apariciones de sus candidatos, de donde podemos inferir, sin la necesidad de leer encuestas, que es más fácil que Choquehuanca gane la Gaviota de Oro en el festival de Viña del Mar, a que obtenga la vicepresidencia de la república en las próximas elecciones. Aun contando con los invalorables servicios que le prestó a Chile por el Silala, en el acuerdo firmado con el usurpador el 18 de julio de 2009.

De la rápida actitud de las autoridades estadounidenses, podemos colegir la existencia de un férreo apoyo a las nuestras, ante todo en la captura de bandidos que estén involucrados en la comisión de delitos como el narcotráfico, o aquel bribón que, enquistado en una de las empresas del Estado, ha dado pábulo a que sólo se hable de su repugnante actitud en ENTEL, para hacernos olvidar las oscuras ENTELEQUIAS del dictador.

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