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Dante N. Pino Archondo

El presagio de Goni


2020-02-11 - 10:51:45
LOS RELATOS DE OCTUBRE SIN FIN
T02E04

Para el 16 de octubre de 2003 los medios internacionales pedían que se respetara el orden democrático, en una clara advertencia de lo que significaba la caída del gobierno, que en ese momento no se miraba como un derrocamiento. Yo recuerdo que día antes por la tarde en la residencia de San Jorge, cuando regresaba a mi domicilio, el olor a violencia y odio se sentía en el aire. No entendía aún lo que había sucedido. Cómo en pocas horas el gobierno había perdido el control y nadie quería escuchar razones, tan solo había que terminar con todo lo que provocó esa situación y evitar que se desborden los movilizados en una acción que nadie podría saber cómo terminaría.

La ciudadanía paceña estaba en shock, todo parecía un enorme campo de batalla, el olor a gases penetraba por los poros de la ciudadanía, los rostros cubiertos de pasamontañas y pañuelos en estado de apronte, las barricadas construidas con adoquines y piedras, el fuego de las llantas quemadas, los heridos y muertos contados por docenas, los anuncios de una inminente toma de la ciudad y las advertencias de saqueos y quema de viviendas.

En horas de la mañana del 17 de octubre Manfred Reyes Villa le hacía conocer al presidente Sánchez de Lozada su alejamiento del gobierno y eso le quitaba la pata que hacía falta para su sostén. Con esa decisión la renuncia del presidente se esperaba en cualquier momento.

Y Gonzalo Sánchez de Lozada lo hizo. Esa renuncia debía ser enmarcada en el cuadro de la historia como premonitoria de casi todo lo que ocurrió luego en los diez y seis años posteriores. El derrocamiento de Sánchez de Lozada no fue uno más de los tantos que vivió la agitada y dramática política boliviana.

“Honorables Congresales: Bolivia está viviendo horas cruciales. La democracia está bajo asedio de grupos corporativos, políticos y sindicales, que no creen en ella y que la utilizan según su conveniencia.

Todo esto configura un cuadro de situación, que, con el pretexto de la exportación del gas natural, ha violado la esencia de la democracia, que es el respeto al veredicto de las urnas para la elección de gobernantes.

Se ha utilizado esa bandera, rehusando el diálogo, para buscar mi renuncia, atribuyéndome no solo la responsabilidad de los problemas actuales que confronta la República sino también la falta de soluciones. Si así fuera, mi renuncia, que hoy pongo a consideración del Honorable Congreso Nacional, debería ser suficiente para la solución de los problemas nacionales…

Pero es mi deber advertir que los peligros que se ciernen sobre la Patria siguen intactos: la desintegración nacional, el autoritarismo corporativista y sindical y la violencia fratricida. Estos peligros se asientan en la circunstancia histórica que los fundamentos de la democracia han sido puestos en cuestión. Quiera Dios que algún día no tengamos que arrepentirnos de todo esto”

En la noche de ese 17 de octubre, se sintió el vacío que dejaba la democracia para posesionar la violencia en su lugar. Era el presagio de Goni, el ultimo Estadista del siglo XX boliviano. Los acuerdos que la democracia pactada hizo, sirvieron para que Bolivia tenga los años más largos de su historia democrática. Pero el voto que el 2005, le dio el soberano a Evo Morales encumbrándolo como presidente con los dos tercios del Congreso Nacional fue el inicio de los catorce años oscuros donde imperó el autoritarismo delincuencial como nunca antes en la historia nacional. Y la premonición se hizo real: se buscó dividir a los bolivianos, se usaron sus recursos económicos como carta ideológica para fomentar la corrupción sindical, se derrocharon las exportaciones del gas que usaron como pretexto para derrocar al gobierno, y se pisoteó la democracia a un punto tal que la autoridad del Estado pasó a ser el juguete del tirano para decidir si respetaba o no las leyes.

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