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Fernando Rodriguez Mendoza

Que decepción, que decepción


2020-01-26 - 18:39:04
Sabemos que en política cualquier cosa puede pasar, algunas veces buenas y la mas de las veces malas. Es también inherente al pensamiento humano, pensar en positivo y proyectar lo mejor que debemos esperar, y, es justamente en los momentos en los que creíamos, apoyábamos y esperábamos que, por fin, se estaban haciendo las cosas bien y como se debían, que afloran y ganan las conductas negativas del interés personal, de grupo y la búsqueda de canonjías, sin importar para nada los intereses superiores, en este caso, de un país, de su población y de su futuro.

Después de la recuperación de la democracia, gracias única y exclusivamente a la acción firme y contundente del pueblo boliviano y no de ningún grupo político o social, surgió la figura de una mujer, entonces, sin ningún cálculo político o interés sectario, que asumió el poder para encabezar un proceso de transición, de seguridad para consolidar la democracia recuperada y ser el árbitro imparcial y confiable para llevar adelante las elecciones de quienes después manejaran los destinos del país.

La presidente Añez mostro el coraje, la seguridad y la confianza que el pueblo boliviano necesitaba después de los tres lustros de oscurantismo neo populista y depredador. En los días que esta en el poder (hasta el viernes 24) demostró su valía que la encaminaba a convertirse en la estadista que Bolivia necesita desde hace muchísimo tiempo. El trabajo de la presidente Añez empezó bien, se tomaron las acciones que correspondía como manejar la elección y designación del Tribunal Supremo Electoral para que éste raye la cancha para las elecciones y que, además, esa era la principal función que tenía que desarrollar la presidente Añez con imparcialidad. También asumió la responsabilidad de hacer gestión, es decir, de gobernar, mostrar la realidad socioeconómica en la que había quedado Bolivia con la depredación del proceso de cambio, encarar las acciones legales ineludibles de enjuiciar a los responsables de delitos contra el Estado y de reinsertar a Bolivia en el contexto internacional. Tareas que se fueron cumpliendo a cabalidad y esa figura femenina crecía en el contexto político y social y personalmente la Presidente Añez declaraba que iba a cumplir esa alta función de gobierno con imparcialidad, sin intereses, para consolidar la democracia recuperada, poniendo a disposición de los políticos que participarían en las elecciones, los datos de la verdadera realidad de la situación económica del país para que así puedan diseñar sus programas de gobierno en caso de ser elegidos y que, ella no iba a ser candidata porque sería traicionar a lo que se había comprometido.

A pesar de lo prometido, la presidente Añez acepta postularse a ser candidata en las elecciones de mayo, destrozando de un manazo esa imagen de estadista que estaba construyendo con esfuerzo y responsabilidad, para caer en el lodo de los intereses de grupo, de políticos que ya debían irse a sus cuarteles de invierno, contradiciendo sin rubor alguno su afirmación de no ser candidata.

Que decepción, que decepción presidente Añez, de romper las expectativas de tener desde ahora hacia al futuro una estadista a quien acudir cuando Bolivia la necesite y ahora con su deleznable conducta interesada, que confianza vamos a tener que no va a usar los dineros de los bolivianos y al Ministerio de Comunicación para su campaña electoral; que confianza vamos a tener que desde el gobierno no se manipulen los resultados de las elecciones, en fin, ya no es merecedora de la confianza del pueblo. Que decepción y que frustración.

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