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Dante N. Pino Archondo

La tibia soledad: Los relatos de octubre sin fin


2020-01-08 - 21:04:39
T1E03
El gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada tuvo ese principio que tienen las cosas que empiezan mal. Estaba cercado por el MIR socio insaciable en el reparto de empleos públicos y necesitaba con urgencia tener leyes que le permitan financiar el Plan de Todos que era un programa de gasto social y demandaba un enorme esfuerzo para ejecutarlo. El Plan contenía las siguientes metas: red de carreteras Norte a Sur “Víctor Paz”, 250 mil conexiones de gas domiciliario, 100 mil viviendas sociales, 110 mil nuevas hectáreas de tierra sin riego y 200 mil familias campesinas con electricidad.

Para poder cumplir con este Plan Sánchez de Lozada necesitaba acudir al crédito internacional pero al mismo tiempo tenía que disminuir el déficit fiscal, difícil situación si los organismos internacionales del crédito no mueven un dólar sin el visto bueno del FMI y este ya sabemos que es afecto a obligar a recortes del gasto, subvenciones y controlar esto con desembolsos por tramos, todo lo cual requería la aprobación congresal para legalizar los créditos. Con un parlamento en mayoría opositora el Plan iba camino al fracaso.

Desde septiembre de 2002 el gobierno quería reactivar al sector exportador, recuperar la capacidad productiva de las manufacturas y descomprimir la mora bancaria, buscaba potenciar el capital de operación del aparato productivo nacional y la Banca estaba con una mora que no le permitía expandir el crédito. A esto se sumaba el asunto de las subvenciones a la gasolina y el diésel. A medida que el precio del petróleo subía estas subvenciones se hacían mas onerosas y el congelamiento del precio de barril del petróleo para las petroleras que trabajaban en el sector obligaba al gobierno a compensarlas con notas de crédito para cubrir la diferencia entre el precio de mercado y el precio fijo establecido para sostener el precio de la gasolina en el mercado interno.

Entre eliminar las subvenciones o aumentar los impuestos, escoja usted señor presidente. Goni sabía que el precio de la gasolina tiene un efecto multiplicador terrible en la economía y decidió ir por camino del ajuste a los impuestos incluido el salario. Entonces se produjo febrero de 2003. Los policías se rebelaron por el ajuste y los militares tuvieron que salir para evitar mayores daños a los producidos en las sedes políticas, la propia vicepresidencia de la república, la balacera cruzada en la plaza Murillo, los tiros alcanzados a las oficinas del Presidente y los asaltos en las calles de La Paz por la Uyustus, el Cementerio donde la hordas asaltaban negocios y personas fueron unas horas cruciales en las cuales el gobierno perdió el control de la situación y se dejó en claro que ya no tenia capacidad para ejercer el imperio de Estado.

Estos hechos no fueron espontáneos. El señor Juan Ramón Quintana ex Mayor de Ejercito, que trabajó en el gobierno de Hugo Banzer- el ex dictador- ya opinaba que el MAS y el MIP juntos eran dos estrategias complementarias y en su criterio constituían una fuerza centrípeta con capacidad de paralizar al país. Los hechos de febrero demostraron al gobierno que era muy difícil sostenerlo si no se lograba con prontitud ejecutar los planes sociales y para ello urgía una base más amplia en el parlamento, lo que implicaba negociar con la NFR para viabilizar el financiamiento externo. Distraídos por dar curso a esta estrategia no se fijaron en la ola de resistencia social que el MAS con financiamiento externo estaba gestando.

El acuerdo de inclusión de NFR ya no era solo un asunto de interés programático sino una demanda social para evitar un colapso económico que se estaba produciendo en esos momentos en la Argentina y Uruguay. Las conversaciones con Manfred Reyes se realizaron en el mes de mayo de 2003 y fueron en la residencia del Embajador Norteamericano Rocha, que día antes del voto en las elecciones de 2002 dijo que los Estados Unidos no reconocerían al MAS como gobierno, lo que produjo una reacción social contraria y a favor del MAS.

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