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Marcelo Ostria Trigo

De no creer…


2019-12-26 - 22:07:52
El título de esta la nota es tomado de la columna del periodista Carlos Reymundo Roberts de La Nación de Buenos Aires, Argentina. Esto porque que ese hermoso país, increíblemente, ahora se tiene un gobernante que se ufana en recibir a un autócrata al que no solo le permite, sino que le alienta, violar las normas internacionales sobre los derechos y deberes de los refugiados.

Recibir refugiados está consagrado en convenios que han firmado los países de nuestro continente. Pero esa concesión humanitaria no significa que el beneficiario se exceda con declaraciones infamantes y agresivas contra el gobierno de su propio país. Incitar a la violencia, armar campañas y manifestaciones callejeras contra el gobierno de un país limítrofe, y aun convocar a reuniones con sus seguidores en la frontera, no es la conducta que admiten las citadas normas. Y, ahora, con la agravante de que se compromete la amistad de dos naciones que se complementan. Esto es más grave si se toma en consideración que ambos países, por la historia y la geografía, están destinados a ser vecinos para siempre.

Al inicio de la aceptación del refugio al renunciante presidente de Bolivia, el Canciller argentino, como corresponde, afirmó que no se le permitiría hacer declaraciones, ni actividades políticas. Por supuesto que tenía razón; cumplía con las obligaciones contraídas por su país. Entonces, vino la desautorización de arriba. Se anunció que el refugiado tendría toda la libertad de hacer política, lo que, en este caso, debe interpretarse como licencia para conspirar. Sorprende que el ministro desautorizado, no hubiera reaccionado como dignatario y como ciudadano al que se relega en un asunto que corresponde a la institución que ahora encabeza. Pero, allá él.

Por supuesto que no es pretexto para tales concesiones intolerables a un refugiado, la convergencia ideológica con el mismo. Es más; Se trata de una actitud inamistosa, como las de los populistas, que está llegando a límites poco frecuentes: se concede al refugiado una mansión, seguridad personal reforzada y otros beneficios nunca otorgados en estos casos. Al parecer predomina la defensa de los socios de los que oprimen a sus pueblos, como Maduro, Castro y Ortega.

No es fácil imaginar el curso que tomarán las relaciones entre Bolivia y la Argentina, Todo depende de que siga o no el capricho de proteger desmedidamente a un refugiado que es prófugo de la justicia, con un proceso ante la Corte Internacional Penal y otros en la justicia boliviana.

Habrá que esperar que predomine la sensatez y la tolerancia, y que así se restablezcan las buenas relaciones que deben prevalecer entre las dos naciones.

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