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Jorge V. Ordenes L.

Y ahora qué para el presidente Fernández de Argentina


2019-11-06 - 08:33:11
Históricamente el país ha recibido 30 préstamos del Fondo Monetario (FMI) y no ha pagado 8 incluyendo los $100.000 millones (dólares) de 2001 que hasta ese momento fue la deuda impaga más elevada en los anales de la Institución. Con estos antecedentes, el gobierno peronista que se inaugura, y los argentinos en general, deberán resistir la tentación de considerar esta victoria electoral como una licencia para volver al despilfarro de peronismos anteriores. Por otra parte, como dicen K. Gallaher & M. Vergnen en el FT: el FMI debería señirse a sus propias investigaciones en torno al rol de la política fiscal y el manejo de los flujos de capital ya que, cuando éste se fuga, las políticas de austeridad impactan negativamente los crecimientos de empleo y económico, y también afectan las cuentas fiscales lo que dificulta aliviar la pobreza y aumenta la posibilidad de conflictos sociales. Urge primero que nada reconocer que la actual debilidad de la economía argentina no permiten derroches populistas de ningún tipo.

Según P. Trevisani del FT, la prioridad de Fernández ha de ser negociar de inmediato la deuda con el FMI y con el sector privado acordando programas de pagos alcanzables y puntuales de modo que se estimule la confianza y se amplíe el crucial acceso a los mercados de capital que tanto ha necesitado y necesita el país. Pero ¡ojo! esto solamente se logrará si se recupera la tan necesaria disciplina fiscal, se ignora el militante proteccionismo que caracterizó el desempeño de peronismos anteriores, y se continúan los intentos del presidente Macri de atraer (y lograr que llegue) la inversión extranjera en guarismos significantes y claro… ¡permanentes! Los controles de capital son necesarios (Macri los suspendió al comienzo y los reimpuso en 2019) para que el capital no se fugue, y la coordinación con bancos multinacionales de desarrollo, como el BIRF, el BID y el BRICS, fue y es importantísima para que inviertan en proyectos factibles y catalicen la llegada de capital privado de largo plazo en forma sostenida de modo que se aumente el empleo y desde luego se incremente la aceptación de peronistas y no peronistas.

Al parecer el presidente Fernández piensa reestructurar las relaciones con otros países como México que acaba de visitar, Bolivia si continúa el endeble “gobierno” de Morales, y acaso Venezuela. Quitará énfasis a las relaciones con el Brasil del momento aunque mejor sería cultivar relaciones con el mayor número de naciones sin importar el color político de los gobernantes.

Las posibilidades de éxito del gobierno de A. Fernández se ven endebles por lo acaecido hasta el momento, pero no son imposibles si logra persuadir a sus allegados de la valía de construir un consenso amplio y nacional a partir de la población que ha votado por él a fin de llegar más allá y persuadir a una renovada mayoría argentina a poner el hombro en el cometido nacional de conformar e implementar políticas pragmáticas y nítidas que resulten en una mejor competitividad, mayor confianza en la promoción del crecimiento en términos reales de largo plazo, insisto: sin inflación ni descarríos de costos que hasta ahora han causado desempleo, frustración y desprestigio… y han fraguado repetidas elecciones a “moros y cristianos”.

Ojalá que de una vez por todas se vea una luz en el túnel porque la historia Argentina de los últimos 80 años es una letanía de errores de corto plazo implementados y descartados de una crisis a otra en forma cacofónica.

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