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Marcelo Ostria Trigo

¿Segunda vuelta o nuevas elecciones sin trampas?


2019-10-24 - 23:10:39
El enrarecido del ambiente político que ahora se vive en el país no tiene origen en las elecciones del pasado 20 de octubre. Viene de antes y aflora ahora como una crisis preocupante. Todo comenzó con el intento del oficialismo de cambiar la Constitución Política del Estado para que se permita la reelección indefinida de los presidentes; es decir su eternización en el poder, a la manera cubana, venezolana y nicaragüense. Se procuró obtener esa reforma con el apoyo popular, llamando a un referendo el 21 de febrero de 2016. El resultado, ciertamente fue inesperado para el régimen, la ciudadanía le dijo no.

Pero eso no desalentó al partido oficial. Buscó otro camino. Recurrió a la Justicia –sometida al gobierno–- y ésta dictó, sin pizca de vergüenza, un fallo írrito que establecía que la reelección indefinida es un derecho humano y que, por lo tanto, no es aplicable la prohibición constitucional.

Y ahí quedó el asunto. Faltaban casi dos años para la elección del 20 de octubre.

Pero llegado el tiempo, el partido en el gobierno designó o sus candidatos por cuarta vez: al presidente y vicepresidente en funciones. Se ratificaba, entonces, que la voluntad ciudadana fue desechada, y la Constitución vulnerada. Se imponía una candidatura ilegal, pero no fue considerada por varios partidos de la oposición como impedimento insalvable para participar en un acto basado en el afán continuista.

Y se llegó al 20 de octubre. Varias candidaturas de la oposición
participaron en unas curiosas preliminares, en las que había una sola
fórmula en cada partido que se proponía ir a las elecciones, es decir al estilo castrista. Pero lo peor: de hecho se convalidaba la ilegal
candidatura oficial. Y esa convalidación permaneció –y aún prevalece- en las elecciones de octubre.

Y lo que tuvo que ocurrir: Pese a las irregularidades en el conteo de los votos, la parcialidad de un tribunal encargado de organizar y controlar los comicios, se dio la anticipada intención del oficialismo en atribuirse la victoria, negando que se presentaba la alternativa de ir a una segunda vuelta, y el ambiente se fue enrareciendo aún más, con el peligro de enfrentamientos violentos. El pedido generalizado fue, y es, que se vaya a una segunda vuelta electoral, lo que tiene sus complicaciones.

Si hay una segunda vuelta por los resultados del 20 de octubre, se tendría que aceptar nuevamente la ilegal candidatura oficial. Eso, jurídicamente y moralmente, es inadmisible. Lo que corresponde, entonces, es anular unas elecciones viciadas por el fraude, la manipulación y una candidatura ilegal. Luego convocar a nuevas elecciones organizadas por una nueva entidad integrada por personas idóneas, no comprometidas políticamente y honestas, con permanentes veedores de organismos internacionales.

Las trampas nunca crean derechos, menos aun cuando se trata del futuro de la Nación. Ya es hora de exigir honestidad.

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