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Susana Seleme Antelo

El Cabildo como práctica democrática


2019-10-10 - 21:18:41
El Cabildo del pasado 4 de octubre, desbordante de gente, democráticamente rebelde contra el régimen autocrático de Evo Morales fue una manifestación política arropada en el civismo del Comité Cívico Pro Santa Cruz.

El cabildo fue político por las motivaciones y sus conclusiones. Algunas de ellas: el repudio al régimen de Morales por el desdén y maltrato a la Chiquitania, con casi 4 millones de Ha. arrasadas por los devastadores incendios que han dejado la tierra violentada, amén de invadida por colonos y los llamados interculturales de Morales, con menoscabo de los pueblos indígenas locales. Repudio por su obcecada negativa a declarar desastre nacional ante la magnitud del ecocidioen esa región.

El Cabildo fue político porque reclamó el desconocimiento al voto popular que el 21F/2016 dijo NO a la cuarta postulación de Evo Morales y Álvaro García, en las elecciones generales del 20 de octubre. Aquel resultado era vinculante y de obligatorio cumplimiento. No lo respetaron.

La activista Alejandra Serrate, de Resistencia Femenina, arrancó un atronador SI al juramento de desobediencia civil frente a un probable fraude orquestado por el Tribunal Electoral, sometido al oficialismo.
Otro compromiso de carácter político: luchar por el federalismo, cuya impronta política es superior, pues supone un cambio radical en la administración del Estado: de un sistema administrativo político y económico unitario a uno federal. No será de la noche a la mañana. Será un largo proceso, como todos los llevados a cabo por el Comité.
Sin hacer un juicio de valoración ideológica de si se trata de una institución corporativa, derechista y conservadora, menciono algunos logros: lucha por el 11% de regalías petroleras, demanda por descentralización, democratización de alcaldías con voto popular, elección de prefectos por sufragio universal, autonomías, federalismo antes y ahora. Fueron y son demandas regionales, apoyadas por más de un político en ejercicio, en cada momento, cuya validez ha tenido remate estatal: se convirtieron en políticas de Estado. Han sido la antípoda al centralismo burocrático, ineficiente y su visión parcial de contener a la nación en libertad e igualdad.

En cumplimiento a un mandato del Cabildo, el presidente de la institución Cívica, Luis Fernando Camacho, partió a verificar los asentamientos de colonizadores en el territorio chiquitano, “sin bala ni machete”. Si son ilegales, con informes verificados, deberán ser revertidos y el Instituto Nacional de Reforma Agraria, deberá coordinar con la Comisión Agraria Departamental, de la que nunca ha querido formar parte, pese a que la Gobernación cruceña se lo ha demandado más de 100 veces. El régimen de Morales rechaza esa instancia para llevar adelante la ocupación del territorio con nuevas poblaciones como factor de poder. Muchos de los recién asentados, algunos responsables de los incendios, responden a la coyuntura electoral: tierra a cambio de votos.

El carácter político del Cabildo ha sacado a la luz la chatura de los adictos al régimen. Arremetieron contra el Cabildo con más rabia que inteligencia. Tanto, que en su ignorancia hablaron de que fue un acto de racismo y odio, defectos de los que ellos son los principales depositarios en Bolivia. También hablaron de separatismo, el viejo sanbenito contra Santa Cruz. Sin embargo, no hubo un solo indicio que opacara el espíritu de ese Cabildo abierto, plural y democrático. Hubo gente de todo el país, sin distinción alguna.

Un ministro fue más sagaz y apuntó a que se debe discutir el patrón, dijo modelo, de desarrollo cruceño. En el Cabildo se habló de abrogar la ley 741 y el DS.3973, instrumentos con los que el régimen legalizó el chaqueo y quema controlada, que no controlaron, porque su patrón de acumulación es extractivista y depredador. Es contrario al patrón de desarrollo cruceño que brinda al país 70 % de los alimentos que consume y genera empleos directos e indirectos. No descartamos la presencia de los grandes intereses de agronegocios y la ganadería de carne para exportación, con todos sus bemoles, como todo proceso de expansión capitalista.

Asumo que lo cívico puede alimentar de ética a la política y a la función pública, que se han dejado seducir por una “democracia de mercado”: el voto se compra, como se compra hoy en la Bolivia de Morales, vía el clientelismo y la corrupción, en detrimento de la democracia republicana, del bienestar general, de equidad social y justica imparcial y proba.

¿Podrá sustituirse la política, aunque sea hoy práctica tan venida a menos, por quienes la han prostituido en búsqueda de poder por el poder y el culto a la persona? No, porque caeríamos, como hoy estamos, en la antipolítica de los populismos. La política no debiera depender de quienes temporalmente ejercen un cargo, sino de los fines, principios y objetivos fundamentalmente democráticos, con una misión/afirmación irremplazable: las libertades de un Estado de Derecho por el bien común. Y entiendo la política como el arte del buen gobierno, como dialogo permanente y debate continuo, que en esta elección brillaron por su ausencia, entre otras razones, por una tozuda visión centralista hacia el Oriente.

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