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Álvaro Riveros Tejada

Quien va por Revilla…


2019-08-27 - 11:04:02
Esa experiencia que nos hace sentir la sensación de que un evento que estamos viviendo en la actualidad, ya lo hemos vivido en el pasado, denominado como “Déjávu” por su creador, el psíquico francés Émile Boirac, vuelve a repetirse en nuestro muy intrincado mundo político. Primero: con las declaraciones de S.E. asegurando que estamos frente a la inminencia de un golpe de Estado, que debió realizarse el pasado miércoles 21 de agosto por miembros del servicio pasivo de las FF.AA. y, segundo, porque semejante anuncio nos retrotrajo a épocas pasadas, con la diferencia que esta vez no venía acompañado de la acostumbrada marcha militar “Talacocha”, propia de esas asonadas militares y, porque dicho alzamientono se dio, seguramente, debido a la edad provecta de sus actores o al exceso de imaginación de su anunciante. Lo real, es que fue un magnífico “Déjávu”.

Lo que sí es cierto, es que dicha fecha coincidió con el golpe de Estado del Cnel. Hugo Banzer Suarez, cuando depuso a la dictadura populista de su camarada de armas, Gral. Juan José Torrez quien, después de 9 meses de gobierno, estuvo a punto de dar a luz un espantajo comunistoide, presto a nacionalizar todo lo que estaba a su paso, y así comenzó por un motel y, como un parto de los montes, parió una Asamblea Popular, similar a la que nos gobierna y genera el “Déjávu”.

Quién habría pensado que medio siglo después de esa pesadilla, los bolivianos volvamos a vivirla pero, en un estado de cosas donde el neoabsolutismo, similar al modelo que patentó el finado micomandante Chávez, se instituye como una manía aberrante y obscena de judicializar la política y, cualquier cristiano que se atreva a pensar diferente, pase a purgar condena en las ergástulas estatales.

Un ejemplo de esta aseveración fue la arbitraria detención del alcalde de Caracas Antonio Ledezma, un 19 de febrero de 2015, por el solo hecho de haber ganado, 7 años antes, las elecciones que lo encumbraron en ese municipio, derrotando al candidato oficialista, Aristóbulo Istúriz. En la noche de ese mismo día, el dictador Maduro reveló que, por orden de la Fiscalía General, se le acusaba de ser partícipe en la llamada “Operación Jericó”, que pretendía derrotar al gobierno. Este era el duodécimo intento de golpe de Estado que el déspota denunciaba. El 17 de noviembre de 2017, Antonio Ledezma huyó de Venezuela, luego de haber pasado mil dos días de detención.

Hace dos días nos enteramos que la Justicia ha determinado la detención del alcalde de La Paz, Luis Revilla, por el colapso del relleno sanitario de Alpacoma. Aprehensión que gozaría de salida laboral, como con chabacano eufemismo fue calificado este abuso, dado que no existiría prueba alguna que justifique esta medida, salvo la inmisericorde campaña que se ha desatado contra el edil, hasta el extremo de orquestar una horda de delincuentes transportistas, que atentan contra los buses Puma Katari lo cual, no sólo ocasionó daños a varios ciudadanos, sino la furia paceña y la clara advertencia de ese antiguo refrán: “Quien va por Revilla, corre el riesgo de perder la silla”.

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