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Fernando Rodriguez Mendoza

Mentalidad irracional


2019-05-06 - 18:24:46
En los últimos años se ha convertido en una obligación impuesta el aumento de salarios, que no permite la aplicación de parámetros razonables o que, por lo menos, tengan un atisbo de análisis de la realidad económica y productiva. El decreto que dispone el aumento salarial, llega después de un circo de reuniones, ampliados, planteamientos de parte de los trabajadores con exigencias desmedidas de porcentajes incumplibles para que se aumenten los salarios; por el otro lado, los empresarios tuvieron tibios argumentos, no para rechazar cualquier aumento, sino para ver hasta qué porcentaje sería posible incrementar, mostrando una hilacha de sometimiento a lo que, finalmente se impuso.

La legislación laboral boliviana contempla un conjunto considerable de derechos favorables a los trabajadores, que podemos sintetizarlos en los siguientes: -salario mínimo nacional, -indemnización por tiempo de servicio, -aguinaldo navideño, -segundo aguinaldo, -vacaciones, -inamovilidad laboral por embarazo, -subsidios pre y postnatal, de natalidad y de sepelio, -inamovilidad laboral por fuero sindical, por formar parte del comité mixto de higiene y seguridad de la empresa, -bono de frontera, -bono de antigüedad, -prima de utilidades, -bono de producción, -pago por horas extras y recargos nocturnos, -comisiones por acuerdos. Además, de ese innumerable listado de beneficios, se debe considerar el derecho de los trabajadores (y sus familiares directos), a la seguridad social de corto plazo (atención en cajas de salud), al ahorro previsional para su futura renta de vejez y los derechos adquiridos, como los incrementos que tienen obligación de pagos retroactivos.

No creo que exista una empresa que no quiera aumentar los salarios, siempre y cuando estén en directa relación con la productividad y con los ingresos. La imposición de aumentar los salarios, porque así debe ser, ocasiona el estrangulamiento, especialmente de las pequeñas y medidas empresas, que son forzadas a dejar lo formal y tener sus actividades en el campo informal.

A escala mundial, estamos asistiendo a profundos cambios en los paradigmas de trabajo y producción, con la sustitución de empleados por maquinas y robots, somos conscientes que esos cambios van a tardar en llegar al país, pero también debemos ser conscientes que van a llegar. Los trabajadores (especialmente sus dirigentes que no trabajan y reciben sus sueldos sin descuentos por estar declarados en comisión) no tienen ni siquiera la sospecha de que se presenten esas situaciones y siguen apoltronados en sus tronos sostenidos por el trabajo de los miembros de su sindicato, y con una inexplicable actitud de considerar al empleador su enemigo.

Es muy difícil que existan conductas razonables y positivas que ayuden a aumentar la producción y no entorpecer las exportaciones, porque, además de esa mentalidad decimonónica de los trabajadores, estamos en un año netamente político con preeminencia de lo electoral, por encima de la realidad y lo razonable.

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