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Fernando Rodriguez Mendoza

Pérdida de perspectiva


2019-03-22 - 08:20:23
La sociedad boliviana es cíclica al presentarse situaciones de diferente índole, una vez puede ser por asuntos ecológicos, otra por escándalos de personas públicas, ahora estamos en una etapa en la que la violencia contra la mujer acapara la atención de propios y extraños. El enfoque que se da en la discusión se centra en dos aspectos puntuales, la víctima y el agresor. A las víctimas, la prensa amarilla les da la cobertura forzada que busca el lado morboso de los hechos y no respetan en absoluto la intimidad y el dolor de la victima y de su entorno familiar. A los agresores se los victimiza, se les tapa las caras para que no se vea el rostro de los delincuentes y a troche y moche anuncian que respetan sus derechos y la prensa (la misma que acosa y aturde a las víctimas y su familia) así lo hacen, salvo que se les dé el resquicio para crucificarlos y exponerlos en el escarnio y mejor si acaso se ha filtrado que son inocentes.

Hay que considerar que la violencia contra la mujer, tiene varias aristas, entre ellas tenemos las violaciones, la violencia doméstica, el acoso sexual y laboral, la infidelidad del cónyuge que no tendrá características de violencia, pero su efecto es devastador para la familia, el sometimiento lindante con el servilismo. No es que uno sea más grave que el otro, porque para las víctimas y sus familias, cualquiera de esos esquemas, afecta gravemente el entorno familiar.

Analizando los casos de violencia contra la mujer los elementos más importantes son el resultado del delito (la victima) y el causante del mismo (el agresor) y se exige que las leyes sean más duras y que castiguen a los culpables, lo que interesa es el inmediatismo y la venganza solapada.

No he visto en ninguna situación en la que se presenta la violencia contra la mujer, un elemento (tal vez el más importante en esta ecuación) que es entender por qué el agresor asume esa conducta y realiza esos actos sin considerarlos delito. Sin entrar en un estereotipo, las personas que agreden y actúan con violencia contra la mujer, son personas que durante su infancia y niñez, han sido testigos, sino víctimas, de la violencia con la que el padre actuaba en contra de la madre, con el agravante, que no se tratan de hechos aislados, sino que son recurrentes y forman parte de ese entorno familiar maligno, porque el niño que inicialmente es testigo de esta conducta violenta (dejando aclarado que no debe ser solo física para considerarse violencia, sino también verbal y moral), puede ser también víctima, y va criándose en un entorno familiar donde se convierte en costumbre que el padre actúe violentamente contra la madre.

No es un justificativo, pero si es un elemento que debe empezar a atacarse mediante la educación familiar, educación escolar y a todo nivel para mostrar que esa violencia no es normal dentro de la familia y que se la debe atacar para que después los hijos de ese hogar violento contra la mujer sepan reaccionar y no repetir las conductas que vieron en el pasado.

La educación es vital para disminuir la violencia contra la mujer, cambiando en aspectos tan simples como que la mujer es una persona que se la debe respetar independientemente del rol que cumple en la sociedad. Deben existir programas sociales con el apoyo de los medios de comunicación, para revalorizar el lugar de la mujer como ser humano, no como política, profesional o madre de familia. La sociedad en su conjunto debe empezar a cambiar su forma de pensar y llegar a los hogares para que sus miembros se den cuenta que no es normal ejercer violencia contra la mujer. Así se verá que disminuyen estos delitos.

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