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Dante N. Pino Archondo

El Estado amigo de la dependencia


2019-03-06 - 08:47:37
Para alcanzar un crecimiento del 4.5 por ciento necesitaremos de un gran esfuerzo, nos dice el Presidente del Banco Central de Bolivia Pablo Ramos. Es cierto un gran esfuerzo, la pregunta es ¿de quién?. Hace 66 años contando como referencia el año 1953, cuando se definieron los ejes centrales de un capitalismo de Estado, que Bolivia viene insistiendo en hacer del Estado el instrumento del milagro económico que saque a los bolivianos de la situación de dependencia económica y producción primaria de recursos naturales, para salir del subdesarrollo.

Nada ha cambiado o podemos decir nunca pudimos cambiar este eje económico, a pesar de los esfuerzos en algunos momentos cortos de la historia en los que se trató de darle un giro al eje sin dejar de tener al Estado presente. Afirmo que Bolivia nunca tuvo un gobierno liberal y menos un gobierno neoliberal, que el Estado siempre fue activo e interventor en la economía nacional como protagonista central de las decisiones de política económica, y que la mentalidad estatalista ha sido un cepo que no podemos, hasta ahora, quitarnos de encima y nos tiene aprisionados ideológicamente sin permitirnos conocer otra realidad distinta a la de estar sujetos al Estado, que es lo mismo que decir sujetos a la voluntad presidencial del que gobierna.

De los momentos de la revolución de abril, pasando por el largo ciclo de los gobiernos militares, y desde el inicio del ciclo democrático en 1982, solo hemos tenido dos momentos en los cuales el MNR que dio origen al capitalismo de Estado, trató de girar la tuerca, en 1985 con un programa de estabilización y en 1993 con un modelo de capitalización, pero no fue posible, el cordón umbilical de la ideología estatalista se impuso a los intentos de cortarlo y en vez de liberarnos, en el enredo nos está ahogando.

Los esfuerzos para hacer crecer la economía nacional, desde el Estado, están sujetos a la dependencia de los mercados internacionales que fijan los precios de las materias primas y por tanto el Estado no tiene control sobre ellos y solo puede definir sus metas de producción, lo que convalida el desigual intercambio comercial de materia prima por bienes manufacturados. Por otra parte la sujeción del Estado condenado a producir materias primas lo convierte en la causa y no en el efecto de la dependencia.

Así que cuando se dice “con gran esfuerzo” si seguimos en esta lógica estatalista, se está diciendo que el Estado deberá ver cómo hace, “para hacer dinero” parafraseando al presidente Morales. Y ese viejo camino ya lo hemos recorrido 66 años sin ningún resultado.

Este ultimo período del modelo económico continuador y repetitivo del modelo construido por el MNR, ha tenido un tiempo de bonanza fiscal del 2005 al 2014 precisamente por los precios internacionales y a pesar de ello, no hemos salido de la histórica situación de ser exportadores de materias primas e importadores de bienes de capital, insumos y bienes de consumo. Nada ha cambiado, por mucho que el discurso oficial se desviva en afirmar lo contrario.

Vamos camino a repetir la crisis de los ochenta, cuando sostuvimos déficits fiscales prolongados, deuda externa que se comía las reservas internacionales, costos de producción internos elevados, ahorro nacional insuficiente e inversión privada extranjera inexistente.

Si se trata de hacer un mejor esfuerzo, entonces deberíamos comenzar por redefinir los papeles del Estado y de la actividad empresarial privada. Deberíamos retornar a la fase de la capitalización con inversión extranjera, de eliminar las empresas públicas que no tienen sentido o transferir al sector privado las que sean posible salvarlas del quiebre, de reajustar el gasto fiscal con disciplina de manera progresiva en los próximos cinco años, de abrir la constitución política del estado a los tiempos de la globalización e inserción internacional, garantizando la inversión y declarando la propiedad privada y la actividad empresarial nacional como piedras fundamentales de que hacer económico.

Hay que dejar de tener miedo a las acusaciones de neoliberales, como si enarbolar la defensa de la propiedad privada fuera ser enemigo de lo comunitario, cuando lo que debe prevalecer es la competencia y la libertad de acción. Al final ya es hora de que nos convenzamos que el Estado es el mejor amigo de la dependencia económica y no su liberador, que a el Estado, es decir, gobierno de turno, no le interesa liberar a la economía sino sujetarla, porque con ello se garantiza el voto permanente de los hambrientos y sujetos llamados los receptores de bonos.

El mejor esfuerzo que podríamos hacer es romper con este cordón umbilical que hace 66 años nos tiene aprisionados.

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