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José Percy Paredes Coimbra

Conciencia


2019-01-03 - 17:46:56
Para volver a tocar el tema de ‘conciencia de clase’, me remitiré a la historia del siglo pasado, concretamente a la revolución rusa de 1917, a partir de la cual los movimientos sociales que buscaban cambios profundos en las estructuras de sus sociedades, pasaron a utilizar con frecuencia la expresión ‘conciencia de clase’, que venía a significar la percepción y comprensión de pertenencia a un determinado grupo humano.

De acuerdo a la teoría de Karl Marx, referente a la posesión y control de los medios de producción, estos grupos se concretaban en función a su posición en el proceso de producción, por lo tanto en la generación de riqueza.

En los países industrializados se identificaban así dos clases antagónicas; la burguesía – detentora de los medios de producción - y el proletariado – trabajadores creadores de la producción y, por lo tanto, generadores de la riqueza que luego sería apropiada por la burguesía que a cambio los recompensaba con exiguos salarios.

A esta clase, el proletariado - los trabajadores del campo y la ciudad- fue a la que Marx dirigió su atención. Por sus precarias condiciones de vida, este era el grupo humano que podría levantarse contra la injusticia y tomar el poder para rediseñar las relaciones o inter relaciones tanto sociales como económicas.

En este punto resalta el filósofo húngaro, György Lukács y su teoría de la reificación o cosificación que parte del análisis de lo que Marx llamó ‘fetichismo de la mercancía’. Centrando su atención en el aspecto relacional entre personas, entre sociedades y en la mercantilización de estos ámbitos; de acuerdo a Lukács, en el momento en que la mercancía se torne valor universal, el capitalismo habrá logrado su consolidación en el planeta.

Otro filósofo de la lucha de clases importante para la historia de la humanidad es Mao Zedong o Mao TseTung (término castellanizado), quién relee la doctrina marxista y la adecua a la realidad de China, para entonces un país agrario.

Ideológicamente Mao era declaradamente marxista-leninista, pero tuvo el acierto de ajustar, corregir y recrear la teoría de acuerdo a las características propias de la sociedad china, muy diferente a la sociedad europea de la revolución rusa. Mao centra su atención en la clase campesina como motor de la revolución.

A pesar de las variables, lo que sí es una constante en estas teorías es que al existir antagonismo entre el proletariado y la burguesía, el proceso de oposición entre ambas se agudizará, lo que llevará, inexorablemente, a la revolución.

Para éstos filósofos, la revolución tendría como objetivo lograr una sociedad donde no existan explotadores ni explotados; para ello sería indispensable la abolición de la propiedad privada; es decir, la socialización de los medios de producción, evitando la mera sustitución de los antiguos propietarios por otros nuevos.

De no ser así, sólo existirán nuevos patrones, nuevos burgueses, pero no nuevas estructuras donde las potencialidades de todos se puedan realizar. Continuará existiendo injusticia, inequidad y desequilibrios de poder.

Revisando así, someramente, los lineamientos filosóficos de los grandes pensadores sociales, considero que hemos podido detectar las debilidades de los gobiernos de izquierda que fueron alejados del poder. Básicamente quisieron congraciarse con la clase burguesa en el supuesto de que grandes empresarios y propietarios de herramientas y bienes de consumo, podrían entender la importancia de generar mejores condiciones de vida para los trabajadores del campo y la ciudad, que entenderían que sus impuestos son importantes para la generación de mejores ofertas de salud y educación para el grueso de la población.

Más allá de cartas de intenciones e inclusive de compromisos, qué fue lo que hizo la burguesía de Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Ecuador o Perú? En realidad se dedicaron a desestabilizar los gobiernos progresistas; mientras les sonreían y hacían compromisos de apoyar a tal o cual política social del gobierno, por debajo socavaron la gobernabilidad, fabricaron crisis (y lo hacen porque pueden, porque tienen los recursos económicos como para crear desabastecimiento, o crear la sensación de crisis económica) y, con una arremetida mediática nunca antes vista, instalaron en la población la sensación de inseguridad, tal es el caso del intento de golpe de estado en nuestra hermana República de Nicaragua.

Marx, Lukács, Weber, Hegel han escrito sobre esta capacidad y el hecho de que la burguesía la podría usar porque nunca va a permitir que sea el proletariado del campo y de la ciudad el que gobierne y ellos (la burguesía) aprenden rápidamente de sus errores. Si hace pocos años, los gobiernos o candidatos progresistas les ganaron en las urnas, hoy ya no lo van a permitir; si para ello es necesario mentir, comprar conciencias, silencios y voces conocidas (actores, actrices, cantantes y periodistas que están de moda o vigentes) que griten a los cuatro vientos que los gobiernos progresistas no representan al pueblo o que son unos corruptos, lo harán.

Tienen los medios para llenar las redes sociales de “comentarios inocentes” y otros bastante fuertes en contra de personas y acciones que puedan lograr que el pueblo, los de a pie, vuelvan a gobernar.

La lucha de clases está más vigente que nunca, pero los medios insisten en mostrar que los gobiernos progresistas, fueron sólo una ilusión, un espejismo que no tuvo la capacidad para llevar adelante los desafíos del cambio estructural necesario para construir una sociedad más justa.

En medio a toda esta vorágine creada por los burgueses del continente, a qué grupo humano creemos que pertenecemos? Somos quienes decidimos sobre nuestro futuro? Somos quienes tienen la posibilidad, en las manos, de cambiar estas relaciones inequitativas de vida? Realmente está en nuestro poder? Si nuestra respuesta es que queremos ser este grupo, pero no lo somos porque hemos jugado mucho tiempo a ser lo que los burgueses quieren hacernos creer que somos, tenemos la posibilidad de reaccionar.

Si reaccionamos, tenemos la posibilidad de construir, consolidar y levantar nuevamente o, como en el caso de Bolivia, fortalecer nuestro gobierno, el gobierno del pueblo y nuestra conciencia de clase.

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