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Álvaro Riveros Tejada

Marcola y la Coca Nostra


2018-09-11 - 18:22:34
Marcos Willians Herbas Camacho (alias Marcola), nacido en 1968 en Sao Paulo, Brasil, es el hijo de un boliviano y una brasileña que, desde los nueve años de edad, inició su carrera criminal como carterista en el centro de esa metrópoli, hasta erigirse como jefe máximo del Primer Comando Capital, una organización dedicada especialmente al narcotráfico; creada por él en la prisión, donde ha pasado más de la mitad de su vida y donde continúa sentenciado y desde donde dirige eficientemente sus actividades delincuenciales.

Según un informe del Ministerio Público del Estado de Sao Paulo, divulgado por el diario “O Estado de Sao Paulo” y corroborado por la Agencia EFE, el Primer Comando de la Capital (PCC), considerado como el mayor grupo del crimen organizado del Brasil y que opera desde las cárceles, se extendió a 22 de los 27 estados brasileños e "instaló bases internacionales" en Bolivia y Paraguay.

En dicho centro de reclusión, Marcola finalizó su enseñanza básica y asegura haber leído más de tres mil libros, al igual que algunos compatriotas que sufrieron similar pena, afirmación que éste sí demuestra, mediante un amplio despliegue de cultura, al hablar y utilizar lo aprendido en sus lecturas, para convencer a sus camaradas.

De hecho, una de sus entrevistas concedidas a la prensa, que conmovió a la opinión mundial, fue aquella que se funda en el principio de no tener miedo a matar ni a morir, denominada por él mismo como: “El nacimiento de una nueva especie” la especie de la “post miseria”, conformada por 10,000 miembros, entre detenidos y en libertad, con millones de dólares a su disposición.

Bajo esa singular filosofía, en una de sus últimas y más controvertidas entrevistas, concedida a la revista brasileña Veja, declaró que su ideal sería copiar el método de los cocaleros del Chapare, consistente en cultivar coca y hacer política al mismo tiempo. ¡A buen entendedor, pocas palabras!

Sin proponérselo, quizás nuestro medio paisano Marcola vaticinó los planes del máximo dirigente de Adepcoca Franklin Gutiérrez, encarcelado hace unos días, cuando éste se declaró candidato a la presidencia de la república, polarizando la actual situación política del país a niveles casi insostenibles y colocándonos a los bolivianos en la incómoda disyuntiva de escoger, entre un cocalero del Chapare o uno de los Yungas, para regir nuestros destinos per seculaseculorum. Es decir, imponer una nueva forma de elegir entre cocaleros buenos y malos, tomando en cuenta que el común denominador entre ellos es, y siempre será, la Diosa Blanca.

Entretanto, los paceños estamos amenazados por un cerco a la capital por parte de “nuestros” cocaleros, que demandan la libertad de Gutiérrez; justicia por la muerte de dos de sus afiliados; y la abrogación de la Ley General de la Coca que legaliza el cultivo de la hoja en el Chapare empero, pese a los pedidos de diálogo, éste aún no se instala y el Gobierno ha respondido con nuevas denuncias que dan cuenta que hay narcotráfico en dicha zona, o sea: nuestros narcos, contra los narcos chapareños, extremo que confirma la tesis de Marcola y la Coca Nostra.

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