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Dante N. Pino Archondo

Después del gringo el indio


2018-08-22 - 21:32:24
Cuando mostramos sorpresa por los dichos del presidente simplemente comprobamos cuan distraídos estuvimos más de doce años. Es que no lo escuchábamos con atención, con la debida atención que merecía. Tan grande era el cambio que se miraba, cuando un gringo se iba y un indio entraba que todo parecía irreal y cierto. En esta convulsión social, en este enredo de ceremonias y de transformación del lenguaje, de figuras y vestidos todo parecía pasar porque tenía que ser así. ¿Qué se podía cuestionar? Era más llamativo el disfraz con el que se lo entronizó como dios aimara que el discurso que hacía.

Aunque nos anunció ya al principio de su primer mandato, que “ellos” no estaban de inquilinos en el palacio quemado y que habían llegado para quedarse 500 años, nadie tomó el apunte. Y claro cómo íbamos a tomar en serio eso que sonaba a bravata, si muchos de los que le votaron lo hicieron pensando que iba a durar cuando menos dos años en el gobierno.

Después del gringo el indio. Con la boca abierta, muchos miraron ese cambio como el anuncio de otra mañana. Al fin la revolución de abril había parido lo que engendró. El voto universal necesitó tiempos y formas para ir creando votos rosados en fila, luego pactos obrero-campesinos y luego militar-campesinos y después ong’s de iglesias, de países nórdicos y de activistas buscando el laboratorio sociológico de una revolución de guerrillas y a falta de ellas de resistencia y demandas, que fueron configurando movimientos.

Cuando el Dr. Paz Estenssoro tuvo que ajustar el déficit de la COMIBOL y pagar indemnizaciones para “relocalizar” a los mineros vencidos con el D.S. 21060, no sabía que estaba creando el foco minero-campesino mas fuerte desde la revolución de abril. Los desplazados se fueron de las minas al trópico y allí se gestó la célula que daría vida al gobierno del indio.

Se cumplió abril compañero. Fueron los indios empoderados que expulsaron al heredero del Dr. Paz. La tesis y su antítesis. Se esperaba que fueran la profundización de la revolución que les dio vida, que siguieran el camino de la alianza de clases bajo una nueva hegemonía. Porque todo lo actuado hasta ese momento les servía para proyectarse como esa clase que cambiaba el contenido de clase del estado burgués. Pero no fue así.

No entiendo ese giro al comunismo castrista, porque el mundo lo recibió con los brazos abiertos, y él les dio la espalda, en vez de levantar la bandera de la revolución que era suya, levanto la bandera extranjera, aquella que ya estaba fuera de la historia. El vencedor de diciembre de 2005 tuvo votos no balas, llegó al palacio desde el congreso, no bajó de la sierra a las calles con fusiles. ¿Y entonces cual la necesidad de convertirse en algo que nunca fue?

Pudo ser cierto que llegaban para quedarse 500 años, si sabían acompañar al pueblo que los ungió poder. Pero al desandar el camino del progreso y enredarse en la maraña de la lucha de clases, del odio al otro y de imponer la raza y el idioma se negaron, asimismo.
La unidad de los contrarios, la coherencia de la convivencia y tejer el futuro con las manos de artesano, se ha perdido, se ha ido con el viento, con la ira barbada de un mito. Ahora no pueden quejarse por el rechazo, ni por el NO que les persigue, perdieron la historia.

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