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José Percy Paredes Coimbra

Gobiernos progresistas


2017-06-06 - 18:30:48
Hemos iniciado este siglo con una conformación esperanzadora de gobiernos progresistas en nuestra América; Luis Ignacio “Lula” da Silva en Brasil, Tabaré Vásquez en Uruguay, Hugo Chávez en Venezuela, Néstor Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, José Manuel Zelaya en Honduras, Fernando Lugo en Paraguay y Evo Morales en Bolivia. Estos gobiernos fueron respaldados por amplias mayorías en sus países y creímos que re dibujar las relaciones sociales, institucionales y de poder era posible, realizable.

Probablemente sí, es realizable la hazaña de modificar las relaciones de poder entre clases, pero también es cierto que esto no sucederá sin que los grupos acostumbrados a detentar el poder den batalla. No van a dejar ir sus beneficios y ventajas de clase así por así. En esto, los gobiernos progresistas, algunos más otros menos, fueron ingenuos sino temerosos y no realizaron las reformas necesarias para consolidar/institucionalizar los avances que habían logrado y fueron condescendientes con sus opositores, los presidentes Lugo y Zelaya son un ejemplo.

Hoy, pasada una década y algo más, la oligarquía criolla reacomodó sus estrategias y recuperó terreno. Pero no es sólo el reacomodo de las oligarquías lo que desdibujó el panorama esperanzador que tuvimos hace poco; la falta de decisión de los gobiernos progresistas de realizar cambios profundos y estructurales en sus países, de cumplir realmente con muchas de sus promesas electorales o simplemente de oír y responder a las necesidades de sus pueblos, nos llevó a perder terreno ante una derecha decidida a hacer lo que fuera necesario (desde protestas hasta golpes de estado) para recuperar el terreno perdido.

También sería ingenuo pensar que las oligarquías locales están actuando solas en sus países para recuperar su hegemonía. Están siendo apoyados por Estados Unidos y su maquinaria (un sinfín de ONGs creadas en ese país del norte los respaldan económicamente y su agencia de inteligencia que nunca dejó de intervenir en asuntos internos de los países de nuestra América).

Dicen que la historia es cíclica y tal parece que está sucediendo aquí; la intervención de Estados Unidos mediante las “recetas” ofrecidas por la CIA a los grupos opositores y los recursos económicos que a ellos llegan mediante sus ONGs, recuerda tal cual el escenario de los años 60/70 y las dictaduras militares. Marx citando a Hegel en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, escribía: “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa”.

En los años 60/70, usaban las armas para derrocar a los gobiernos progresistas con un bombardeo previo de noticias mentirosas; hoy usan los golpes de estado (Honduras – 2009), golpes de estado institucionales (Paraguay – 2012, Brasil – 2016), todos acompañados de una inmensa presión mediática, generalmente lanzando mentiras que de tanto repetir se vuelven “verdades” para el público, utilizan la farsa.

Analizando los hechos arriba mencionados, podemos notar un patrón, el accionar de la derecha local y sus aliados internacionales es progresivo y suelta balones de ensayo; en 2009 probaron la retirada violenta de un presidente constitucional, elegido, legítimo – las reacciones tanto dentro del país como internacionalmente fueron negativas, los Estados no reconocieron al nuevo gobierno, instituciones internacionales como la OEA, aplicaron sanciones y tomó mucho tiempo volver a la “normalidad”. Segundo ensayo: 2012, una economía pequeña, país pequeño, se retira al presidente constitucional, elegido, legitimo, mediante un golpe institucional; el senado lo aleja de sus funciones. Como resultado no se lamentó sanciones internacionales, los Estados vecinos no se manifestaron y se encontró un camino fácil y corto para retirar de sus cargos a los presidentes que estorban y no se cuadran ante los poderes económicos internos.

Con el éxito de la prueba en Paraguay, se lanzan a destituir a la presidenta del Brasil, utilizando exactamente la misma treta, como no se la pudo retirar por corrupción, robo, daño al Estado, y un largo etc, el parlamento inicia contra ella un juicio político; de hecho el impulsor de este juicio político que destituyó a Dilma Rousseff, el senador Eduardo Cunha, fue alejado de su cargo al poco tiempo y hoy se encuentra preso y con sentencia de 15 años de cárcel por corrupción; el propio presidente golpista, Michel Temer, sólo no está preso porque tiene la investidura de presidente, pero tiene pendientes cuentas que rendir ante la justicia brasilera, sin embargo, el golpe de estado institucional fue un éxito. Al interior del país siguen existiendo manifestaciones, pero eso no se ve en las noticias, es “invisible”, no hubo represalias internacionales, todo “normal”.

Venezuela, es un punto y aparte, nuestro hermano país está viviendo una agresión sin precedentes en la era democrática, primero el intento de golpe de estado contra Hugo Chávez en 2002, posteriormente la violencia callejera, asaltos a negocios, invasiones, quemas de viviendas, muerte de civiles 2014, elecciones parlamentarias y la oposición obtiene la mayoría de los escaños en 2015, pero para el 2016, poco o nada hizo y, a falta de propuestas, se lanza a bloquear todo lo que el ejecutivo propone, obstaculiza también al poder judicial intentando hacer ingobernable al país, el Ejecutivo reacciona y sortea este obstáculo; nuevamente la oposición se lanza a las calles con una violencia nunca antes vista, se pudo comprobar que la delincuencia común participa en sus “marchas” para atacar y destrozar negocios, disparar contra personas inocentes y, como hace poco, linchar a jóvenes que parecen ser chavistas. La violencia callejera escaló, se contabilizan más de 60 muertos, además se linchan personas por parecer chavistas; incendiaron la vivienda donde nació Hugo Chávez, en franca provocación. El presidente Maduro una y mil veces llamó al diálogo y ahora llamó a una Asamblea Nacional Constituyente intentando construir la paz y puentes de diálogo.

A todas luces vemos que la oposición no quiere ir al diálogo, si el presidente planteara elecciones generales para el próximo mes, tampoco aceptarían; aparentemente a lo que está apostando la oposición es a escalar el conflicto hasta llegar a una guerra civil, que diera al país del norte la excusa perfecta para intervenir militarmente y hacerse del país con mayores reservas de petróleo del continente. De ser así, la oposición, que no es otra que la vieja oligarquía con nuevas caras se haría del gobierno desplazando a la clase obrera y popular que por ahora está gobernando y anularía (mucho más deprisa que Temer en Brasil), las leyes y reformas realizadas por estos gobiernos progresistas en favor de la gente humilde que al fin, es el grueso de la población.

Ante este panorama, es fundamental que el presidente Maduro tome una decisión rápida sobre cómo neutralizar a esa oposición apátrida y que los gobiernos progresistas que siguen firmes: Ecuador y Bolivia tomen acciones, desde los distintos foros a los que asisten y/o pertenecen para denunciar el golpe de estado que se está produciendo en Venezuela.

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