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Fernando Rodriguez Mendoza

Vicisitudes de los excombatientes del Chaco


2015-06-21 - 11:34:54
Se han cumplido 80 años del cese de hostilidades en la Guerra del Chaco. No es mi intención referirme a la absurda contienda bélica que enfrentó a dos pueblos pobres como Bolivia y Paraguay, sino más bien referirme a la incongruencia de otorgar condecoraciones y de negar un ingreso decente a aquellos combatientes que dejaron su juventud, su salud y su futuro en las arenas del Chaco.

Mi papá fue héroe de esa guerra, perdió su pierna izquierda en una de las batallas. Cuando joven usaba una pierna ortopédica y trabajaba, pero pasan los años y empezó a envejecer (esa generación envejecía mucho antes de lo que ocurre actualmente). En su permanente afán de apoyar a los que habían perdido un miembro o eran inválidos producto de la infame guerra, fue elegido presidente de la Asociación de Mutilados e Inválidos de la Guerra del Chaco (AMIG), y fui testigo del viacrucis que esos cojos, mancos y ciegos iban sufriendo día a día por el desprecio de los diferentes gobiernos de turno. Nunca olvido que mi papá, para recibir su magra pensión, tenía que acudir puntualmente cada mes a una repartición denominada Listas Pasivas y ahí le revisaban si seguía siendo inválido; es decir, verificaban que no le hubiera ‘crecido’ la pierna a fin de habilitarlo y pagarle esa mensualidad, más cercana a un mendrugo que a un reconocimiento por sus servicios a la patria. De igual manera tenían que ir los ciegos para que certificaran si no habían ‘recuperado’ la vista, o los mancos, el brazo. Mi papá fue invitado a Asunción a un acto recordatorio del cesede hostilidades y junto con la delegación boliviana fueron recibidos como héroes; al regresar, esos héroes tuvieron que ir a Listas Pasivas y volver a pasar el martirio mensual para recibir la llamada pensión de benemérito. Él me decía que además de que los beneméritos eran menos cada año (ahora quedaron 23), también cada año su pensión disminuía, y que debía ser política del Gobierno no condecorar a los excombatientes, sino darles un trato decente y una pensión que les permitiera subsistir decentemente; nunca pudo conseguirlo.

Han pasado 80 años y estoy seguro de que esos 23 beneméritos siguen padeciendo como antes las vicisitudes de haber servido a la patria.

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