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Susana Seleme Antelo

En Beni ganó la dignidad


2015-05-06 - 10:36:06
Y demostró que la dignidad sí se come. Tanto como la que se respiraba y se sentía, en la segunda vuelta electoral para elegir al nuevo gobernador, el pasado domingo 3 de mayo.

Ese día la dignidad ciudadana se paró firme en Beni, pese a la advertencias del ministro de la Presidencia J.R. Quintana, que en un arranque desmedido por captar votos espetó que “no se come con la dignidad” -dignidad que esgrimían los demócratas- y aconsejó votar por su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS). Reforzaba así el chantaje vertido por el jefe del régimen, Evo Morales, que antes amenazó con no trabajar con los opositores que ganasen las elecciones para alcaldes y gobernadores, el 29 de marzo pasado.

La dignidad impulsó a que benianos de toda procedencia marcaran en la papeleta la opción política de Nacionalidades Autónomas por el Cambio y el Empoderamiento Revolucionario (Nacer), opositora al régimen de Evo Morales. Y esa sensación de dignidad, coherencia y libertad recorrió y recorre Bolivia toda, más allá de la manipulaciones que ya están haciendo los funcionarios de la Corte Electoral Departamental, servil al oficialismo, para darles la victoria, con 100 o cuantos votos quieran, al candidato del MAS. Da lo mismo: votos más o votos menos, en Beni ganó la dignidad que nos representa a cada una las personas que creemos en la democracia plural, inclusiva y plena por la que luchamos ayer, hoy y siempre.

La Corte que ahora hace malabarismo con números y decimales sobre los votos de la ciudadanía en Beni, fue la misma que por instrucciones del autócrata Morales, inhabilitó al candidato demócrata, Ernesto Suárez y a los otros 228 que completaban su fórmula, 8 días antes de las pasadas elecciones nacionales de marzo. Nunca se había visto tal acción dictatorial en Bolivia: en las dictaduras claro que no, porque no había elecciones. Hoy las hay solo como un método para la reproducción en el poder del esquema autoritario y abusivo del MAS. Ilícito similar al de Beni, aplicó la Corte en Chuquisaca, donde se hizo gas la voluntad de miles de votantes, en que con el habitual “le meto nomás” del jefe del régimen que, ya lo sabemos, responde a sus impulsos dictatoriales.

Sobre el mismo tema, en una localidad de Santa Cruz, la fuerza del Movimiento Demócrata Social superaba con un voto al MAS, pero la Corte Electoral local optó por someter el supuesto “empate” al azar del juego de dados con cubilete. A pesar de la arbitrariedad, aparentemente lúdica, con votos y con dados ganaron los Demócratas.

En la realidad boliviana, los miembros del Órgano Electoral Nacional y sus apéndices regionales están subordinados al poder político oficialista, sean aptos o ineptos para esos cargos. No son funcionales al Ejecutivo, son funcionarios del mismo, ajenos a la independencia que debe guardar un órgano responsable de resguardar el voto secreto de cada uno de los ciudadanos, voto en el que expresan su opción política. El derecho a votar y ser elegido, en igualdad de condiciones, por sufragio universal y secreto es un Derecho Humano que rige en toda la jurisprudencia del mundo democrático, pues garantiza la libre voluntad de los electores.

Ese Derecho en Bolivia es vulnerado sin el menor rubor, a título del copamiento de todas las esferas del Estado. Así han politización la justicia, y hoy Bolivia vive la subordinación del poder judicial al poder Ejecutivo, como lo está el Legislativo, el poder militar y el poder policial, no en vano tienen y ejercen el monopolio de la fuerza. Y a ellos se agrega el poder “cocalero”. No solo como fuerza corporativa de la que Morales es su presidente hace 17 años, en el tropical Chapare que cultiva las hectáreas ilegales de la hoja coca, sino que es el poderoso gremio que produce la materia prima de la mercancía cocaína, soporte de la criminal cadena productiva mundial de drogas.

Será quizás por eso que al oficialismo la dignidad le importa poco, mientras, como dice Roberto Saviano*, la cocaína es “la economía que regula nuestra vida, es la respuesta exhaustiva a la necesidad más apremiante de la época: la falta de límite. Los pozos de petróleo blanco” son como “el árbol que se propaga por las ramas… con conexión aún más compleja y global, más peligrosa: el vínculo con la corrupción.”. En Bolivia no sabemos cuánta droga se fabrica, ni como pasta base ni como clorhidrato, mientras el régimen quiere legalizar los ilegales “catos de coca” -cerca de media hectárea- en Chapare.

A una gran mayoría, como en Beni, en Tarija y en Bolivia toda, sí nos importa la dignidad: forma parte de nuestramúltiple identidad ciudadana como hombres y mujeres libres.

*CeroCeroCero.Anagrama, Barcelona 2014

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