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Fernando Rodriguez Mendoza

Inversión de valores


2015-04-18 - 13:27:56
Hace mucho tiempo que vivimos en una sociedad en la que los valores axiológicos mínimos no son respetados y menos utilizados como parte inherente a la conducta social de la población. La delincuencia crece y cada vez se hace más agresiva, y vemos con estupor más que sorpresa que algunos jueces dejan libres a quienes cometen delitos flagrantes, como conductores ebrios y sin licencia de conducir que matan personas, y otros que envían a la cárcel a jóvenes que roban una cartera. Los conductores de toda edad, sexo y formación no respetan las señales de tránsito y menos los semáforos, y conducen utilizando el celular como si de eso dependiera su vida, poniendo en grave riesgo a transeúntes y conductores. Los ‘papitos’ siguen apañando y solapando las conductas rayanas en lo delictivo de sus ‘hijitos’, ya sea porque su posición económica lo permite o porque forman parte de la élite social, donde todo es permitido y nada es criticable.

Son muchas las causas que llevan a las situaciones nombradas; no obstante, la prensa televisiva en particular es uno de los medios principales que aportan el sustento para la inversión de valores de la sociedad. Se emiten telenovelas en las que los principales personajes son delincuentes dedicados al narcotráfico y muestran cómo desde sus humildes inicios, dedicándose a este delito, de manera rápida, adquieren fortuna, posición social, viajes, riqueza, ostentación y derroche. Leía en alguna parte que este tipo de telenovelas “se miran porque es una posibilidad catártica para el televidente de cualquier país de echarle una miradita a ese mundo extraño. Ponemos a gozar conociendo ese universo prohibido y excesivo del narco. Se mira para escandalizarse, pero también para reconocerse.”

Este tipo de telenovelas y de películas en las que el actor principales un narcotraficante, generan un sentimiento de alucinación y fascinación al ver las opciones que ese otro mundo ofrece a la gente. Pueden no entrar en ese ámbito delictivo, pero las conductas de la TV empiezan a barnizar la moral de las personas y estas empiezan a actuar con las actitudes de ‘qué me importa’ y ‘nada me va a pasar’. Necesitamos programas masivos de reeducación.

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