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Susana Seleme Antelo

Homicidio culposo


2013-11-11 - 00:41:15

En Riberalta, en el departamento de Beni, al norte de Bolivia, allí donde se abrazan  los amazónicos  ríos Beni y su afluente el Madre de Dios, tierra del poeta Pedro Shimose y del periodista Harold Olmos, ambos laureados por méritos propios cada uno en su ramo, murieron ocho personas asfixiadas y quemadas. En ese aeropuerto a cargo del régimen de Evo Morales  no había un solo instrumento de socorro. Las personas estaban vivas cuando cayó el avión, hasta hablaron entre ellas, como una niña de ocho años, que pudo responder a su madre cuando la llamaba. Los muertos de Riberalta son víctimas de un homicidio culposo por parte del régimen de Evo Morales .

¿Quién es el culpable de los ocho fallecidos tras la caída del avión de Aerocom, en Riberalta? No parece ser el piloto a quien ahora le endilgan la culpa, bajo el rótulo de “falla humana”. No, ni siquiera alguna falla que pudo haber tenido el avión. Tampoco el mal tiempo vestido de llovizna mezquina y melancólica, pues si hubiese sido un contundente aguacero de verano podría haber mitigado las llamas y suplir el inexistente carro bombero, o el otro gran ausente, uno o varios  extinguidores de fuego.

Las personas estaban vivas cuando cayó el avión y las  fallecidas  murieron ahogadas por el humo y quemadas. A falta de equipos, la gente intentó apagar el fuego hasta con barro. Prueba impúdica de la miseria de los servicios aeroportuarios llamados pequeños, mientras el régimen compra un avión de 40 millones  de dólares para que viaje el autócrata presidente, que gasta dineros a manos llenas en canchitas con  pasto sintético y hasta construye un aeropuerto internacional en Chimoré, en la zona cocalera del trópico de Cochabamba, con  apenas 26  mil habitantes, frente a los 100 mil de Riberalta y sus más de 600 vuelos al mes.

Por graves faltas de previsión, los muertos de Riberalta son víctimas de un homicidio culposo a cargo del gobierno. Según el Código Penal, homicidio culposo,  en este caso,  es el resultado de una acción u omisión mediante que priva de la vida a otra persona,  o haber obrado con negligencia en asuntos que competen a  una o a varias  instituciones. Un homicidio culposo se pena en Bolivia con reclusión de hasta cinco años; el encubrimiento, con hasta dos años, y el incumplimiento de deberes, con hasta cuatro años. 


Los únicos culpables de que las personas que sobrevivieron a la caída del avión y luego murieron  ahogadas por el humo y abrasadas por las llamas son el abandono, la desidia y la negligencia del régimen de Morales y de su Estado Pluri desguarnecido frente a las necesidades de la gente. La cadena de responsabilidades compete en primera instancia a la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares de la Navegación Aérea (AASANA) y de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC). ¿Y de quien depende AASANA y esa dirección ? De los ministros del ramo que, a su vez, dependen en primera y última instancia del presidente Evo Morales, responsable de todas las acciones y  omisiones  del Estado Pluri-desconsiderado, o en estado de descomposición aguda, que atentan contra  la preservación de la vida y el bienestar de sus gobernados.  

En otras palabras, en el accidente aéreo de Riberalta,  como en muchos otros casos que se han dado en Bolivia, hay una cadena de responsabilidades y de mando con culpables directos como en el caso Chaparina, en el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS)  cuando se reprimió brutalmente a los indígenas del Oriente boliviano. Las máximas autoridades del régimen siempre ponen cara de ‘yo no fui’, empezando por el jefazo cocalero, presidente y caudillo populista que  hace demagogia  con la memoria de Hugo Chávez (+).

Claro que  Evo Morales no ha visto (¿todavía?) al difunto creador del socialismo del siglo XXI, en un  ‘pajarico’ ni en una a pared como su colega Nicolás Maduro, pero sí le levanta una monumental estatua de tres metros de altura ubicada en la avenida principal y la más extensa de Riberalta, precisamente. ¿Por qué y para qué esa estatua,  antes de dotar a ese y otra treintena de pequeños aeropuerto en el país de radares e instrumentos modernos, camiones bomberos con personal entrenado y al menos un par de extinguidores?  Sí existen en los tres aeropuertos internacionales de La Paz,  Cochabamba y Santa Cruz pero con limitaciones por falta de mantenimiento y renovación de equipos.
Me hago cargo de que este razonamiento no satisface a ningún familiar de las víctimas, pero es una lacerante verdad. Si hubiese habido algún equipo y personal capacitado en primeros auxilios para accidentes aeroportuarios, quizás estuviesen con vida.

Como apunta el periódico digital HOYBOLIVIA, “no hay seguridad en las calles de Bolivia, la policía no tiene el número de uniformados para tareas de prevención, los soldados no salen a apoyar la lucha contra la delincuencia que está matando a los bolivianos, pero se ordena que soldados protejan el monumento a Hugo Chávez en Beni”.

La radio San Miguel de la Red Erbol, informa  que “ante el rechazo de la población, el monumento del expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, en Riberalta se encuentra custodiado por efectivos militares desde que fue entregado por el presidente Evo Morales el pasado 6 de noviembre”. Una fuente allegada a la institución del orden dijo que la custodia “será permanente mientras se calmen los ánimos y no exista ninguna amenaza contra el monumento”. Qué infamia .

Cumplidos los cien años del nacimiento de Albert Camus,  lo evoco en estos  tiempos oscuros en una de su frases más interpeladoras  “… cada generación se cree dedicada a rehacer el mundo… Pero acaso su misión sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga”.  ¿Por que  entre todos, bolivianas y bolivianos no podemos impedir que Morales “deshaga” Bolivia?  Sobre todo  si  "La principal amenaza política para América Latina no es el populismo, es el continuismo” como afirma  Moisés Naím.

Vuelvo a pensar en los muertos de Riberalta que pudieron salvarse, y me conduelo de su deudos, del país, de sus múltiples  muertos por obra del régimen continuista e impostor  de Evo Morales.

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