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Susana Seleme Antelo

La foto y la película


2013-11-03 - 21:14:30

¡Qué foto para la historia: Branko Marinkovic, Roger Pinto  y Jorge Quiroga en primera plana de El Deber! Y digo para la historia porque ha puesto “de los nervios” al régimen de Evo Morales, que usó la foto como prueba de conspiración en su contra.  A falta de inteligencia y argumentos, los jerarcas se victimizan creyendo que así ganan adeptos, pero como el ardid lleva 8 años de práctica de victimización sistemática, ha perdido su valor semántico: poca gente o nadie  ya les cree.

El encuentro de los tres bolivianos aludidos fue casual durante la premier del documental “Un minuto de silencio”, aún no visto en Bolivia, que narra los sucesos acaecidos desde octubre de 2003 y también crudos momentos de violación a los Derechos Humanos, como en el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS).  Según su director, Ferdinando Vincentini, "entre junio de 2008 y diciembre de 2011, me di cuenta de una transformación gradual: al principio hubo gran entusiasmo por la revolución que ayudó a elegir al presidente Morales, pero hoy hay signos de que Bolivia se está moviendo hacia un sistema que va a utilizar todos los medios, legales e ilegales, para mantenerse en el poder”. (Fuente: Internet)

Más importante de que los tres ciudadanos de la foto sean opositores al régimen, es el dato cualitativo de que sean víctimas de la politización de la justicia en Bolivia, y que sobre sus cabezas  pendan “guillotinas judiciales”, a falta de las que cortaban cabezas, como hace más dos siglos, durante la  época de “el Terror” en la  Revolución Francesa, puesta en práctica por el jacobino Maximilien Robespierre. Lo traigo a colación pues el Vice Álvaro García Linera sostiene “Yo me veo como uno de los últimos jacobinos de la Revolución Francesa y veo a Evo como Robespierre” (La potencia Plebeya. Clacso-Prometeo. Buenos Aires, Argentina 2008). Robespierre mandó a la cárcel a los que consideraba enemigos de la Revolución, no sólo los monárquicos sino también los revolucionarios moderados, como los girondinos. La mayoría de ellos fueron pasados por la guillotina, incluidos algunos jacobinos cuya actitud no consideraba suficientemente revolucionaria.

No es poca cosa el deseo del segundo mandatario de Bolivia, si se confronta con la realidad que se vive desde hace ocho años, guardando las distancias, la época y las circunstancias. En este tiempo, la democracia ha sido vaciada de su contenido semántico de igualdad, libertad y solidaridad,  más allá del enunciado revolucionario y es hoy solo una fachada electorera-electoralista para satisfacer los impulsos continuistas de Morales. No existe correspondencia entre pares políticos, pues la política ha sido sustituida por la antipolítica de los llamados movimientos sociales, como los cocaleros que cultivan la hoja de coca, materia prima de la cocaína, sostén político de Morales.
En esta democracia ‘iliberal’, en retroceso y autocrática, no hay  respeto a las minorías, ni confrontación de ideas,  ni consensos y disensos, y la justicia como garantía de derechos políticos, civiles, culturales, étnicos y de género  de las personas han sido conculcadas por el caudillismo demagogo, populista y autoritario que azota buena parte del continente  Sudamericano.

Así tenemos, entre otros muchos ciudadanos,  a Branko Marinkovic, exitoso empresario agroindustrial exportador cruceño, exiliado hace 4 años y en Brasil 2,  que ya le concedió ese status, víctima de la supresión del Estado de Derecho, del debido proceso, del principio de presunción de inocencia y del derecho a su defensa para desmontar cada una de las falsas acusaciones en su contra. Sin pertenecer a partido político alguno, fue presidente (2007-2009) del Comité Cívico Pro Santa Cruz, institución que en sus 63 años de vida ha sido abanderada de luchas autonomistas contra el centralismo de toda época. Sin prueba alguna, Marinkovic está imputado en el complot terrorista-separatista montado por el régimen contra 39 ciudadanos del Oriente (Pando-Beni y Santa Cruz)  algunos presos, muchos perseguidos y otros, como el mismo en el exilio.
Roger Pinto, senador por  Pando, tenía  juicios por todo y por nada, amén de casi dos años de asilo político en la Embajada de Brasil en La Paz, sin que el régimen le concediera el salvoconducto para su traslado a ese país, que ya lo había acogido. Llegó al país vecino tras recorrer 1500 Km, camuflado en un vehículo diplomático.

En Bolivia ni Marinkovic ni Pinto hubiesen tenido posibilidad de acceder a procesos imparciales y a una defensa justa frente a un poder Judicial que perdió su independencia al ser cooptado por el Ejecutivo y unos administradores de justicia subordinados al poder político,  amén  de extorsionadores y corruptos la mayoría de ellos, muchos ya presos por los escándalos que legaron a ser públicos.  

El expresidente Jorge Quiroga arrastra un juicio por los llamados “petrocontratos”. A su regreso de Brasil declaró que el no firmó contrato alguno, y aseguró que quien sí los firmó, fue el entonces presidente de YPFB, Santos Ramírez, del MAS, hoy preso por asuntos más que turbios.
 
Ese tema y otros tantos o más candentes que la corrupción, sí debieran poner “de los nervios” al régimen que hace rato está en  campaña  electoral para su ilegal re-reelección en 2014,  y no una foto de tres bolivianos acosados por pensar diferente y por denunciar  las anomalías con las que vulneran la democracia y la justicia en Bolivia .

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