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Mauricio Ríos García

La deseconomía del control de precios


2011-02-09 - 13:05:50

Cuando se escucha la palabra escasez o desabastecimiento, es bueno experimentar buscando el control de precios como causa. El control de precios resulta ser siempre la reacción más instintiva y primaria de los malos gobernantes ante una contingencia en la producción, probando no sólo un escaso conocimiento del sistema de precios en un proceso de mercado, sino demostrando, además, la imposibilidad del esquema económico socialista.

La primera función que cumplen los precios en la economía es, precisamente, la de reflejar la realidad de aquella contingencia en la producción; permite descubrir dónde se encuentran las necesidades relativas de los productos y los bienes más valiosos; y permite que la sociedad coordine. Cuando, por el contrario, se determina un "precio justo" mediante sistemas de asignación, estos son tan ineficientes que no terminan por tomar en cuenta las necesidades y valoraciones de todos y cada uno de los individuos que componen la sociedad. El resultado: distorsión en aquellas señales (precios) sobre las cuales se guían los individuos que intervienen o se presentan en un escenario espontáneo de intercambio, para coordinar entre lo que ofrecen y demandan. Errores de coordinación generan escasez, o bienes y servicios sin demanda… pérdida, “deseconomía”.

Quienes defienden el ideal del socialismo, lo hacen porque presuponen que la fijación artificial de precios bajos no sólo no afectará este sistema de coordinación social, sino que, al contrario, será incluso mucho más efectivo. Sin embargo, toda intervención del mercado genera el efecto contrario al que quiere producir, es decir, el socialismo supone que la intervención del gobierno es lo que va a ajustar el mercado, que es imperfecto, a uno “perfecto”. El efecto de la intervención es exactamente el contrario, la intervención alejará al mercado como proceso mucho más de lo ya descoordinado que está como proceso dinámico.

Para el momento en que el comité de planificación de la economía soviética, Gosplan, llegó a controlar alrededor de quince millones de precios sin éxito alguno, el gobierno era capaz de enviar satélites al espacio pero no de solucionar el abastecimiento del jabón en polvo, o los problemas de las medias panty para los que el Comité Central asignaba comisiones.

Cuando la reforma de la Perestroika resultó necesaria, era evidente que los problemas de esta tesis ya no eran sólo de orden teórico, sino práctico, los soviéticos habían provocado enormes problemas de coordinación y reajuste en la división del trabajo, ya que al abolir la propiedad privada sobre los medios de producción y el comercio libre, cualquier incentivo para producir y vender desapareció. Es así que al no poder mantener un nivel de vida como en un sistema de mercado, el socialismo termina ocasionando hambruna y pobreza.

Pero el control de precios es incluso una de las principales causas observadas en Estados Unidos por haber casi perpetuado la Gran Depresión de los años treinta. Fraklin D. Roosevelt, mediante la creación de la Administración Nacional para la Recuperación (NRA, por sus siglas en inglés), determinaba un límite para la expansión de las empresas, el promedio de salarios que debía cancelarse, el número de horas que se debía trabajar y, desde luego, el precio de sus productos.

La NRA terminó su trabajo una vez que el Gobierno aceptó que no sólo castigaba los valores sobre los que había sido fundado su país, sino por el hecho de que los controles imposibilitaban una “división intelectual del trabajo”, porque los precios de mercado permitían que los empresarios descubriesen nuevo conocimiento, nueva información, nuevas oportunidades de beneficio que les lleva a actuar comprando barato y vendiendo caro, y así generar precios ulteriores, repitiendo el círculo virtuoso de generación de riqueza y asignación de recursos.

Ningún otro sistema puede competir en cuanto a productividad y nivel de vida con el libre mercado, a la vez que se demuestra que los gobiernos no sólo fracasan en resolver los problemas sociales, sino que empeoran las mismas condiciones que tratan de mejorar. ¿Por qué pensar que hoy sería diferente? En un contexto de pronta turbulencia económica mundial, ya muy pocos creen seriamente en el socialismo como un modelo viable de organización social, si no es para los nostálgicos y oportunistas, pero tampoco es momento para cantar victoria, pues todavía nos encontramos muy lejos de nuestra inherente condición humana de plena libertad individual.

El autor es economista. http://riosmauricio.com/

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