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Flor
del motacú, Attalea phalerata Mart. ex. Spreng
Flor del motacú (Attalea phalerata Mart. ex. Spreng.), una palmera muy común
tanto en el paisaje de Santa Cruz, como en el corazón de los cruceños. Crece
en los barbechos, potreros y áreas perturbadas. Alcanza alrededor de quince
metros de alto, pero también se pueden encontrar individuos con más de
veinte metros, desarrollados dentro del bosque alto.
El motacú adulto es muy productivo: presenta más de cinco racimos de frutos,
en diferentes estados de desarrollo. Se lo usa como sombra rala en potreros
con pasto para el ganado y para techar casas tradicionales, usando las hojas
cortadas y colocadas una cubriendo a la otra, en forma similar a las tejas.
Con las hojas tiernas se elaboran diferentes cestos y otros objetos
artesanales tejidos (baquitú, jasayé, panacú y otros trabajos artesanales).
Del cogollo de la palma, se extrae el palmito, el corazón mismo de la
planta, un suculento manjar consumido en ensaladas crudas o cocidas. La
fruta es comida por personas, animales domésticos y fauna silvestre. Se
consume el "jane" o pulpa externa, que es algo fibrosa, y también la
"calucha" o semilla, la cual tiene alto contenido de aceite, usado en
medicina popular como tónico capilar, para fortalecer y mejorar el color del
cabello. Con el tronco se construyen puentes, tanto sobre el agua del río
como sobre el fondo, al estilo de badenes o puentes rusos.
Ecológicamente el motacú es valioso, porque llega a formar verdaderos
ecosistemas por sí mismo. Como acumula mucha materia orgánica y humedad en
la base de sus hojas, permite que crezcan y se desarrollen muchas especies
vegetales, además de insectos, ranas, culebras, aves y otros. Esto se
prolonga después de su muerte, porque su tallo fibroso se descompone
rápidamente; pero la corteza, algo más leñosa, se mantiene, formándose un
espacio hueco, como un túnel, que cobija fauna diversa por algunas
temporadas.
Pero quizás, lo que lo convierte en una especie imborrable del imaginario
colectivo del cruceño, es "el bibosi en motacú". El bibosi (ficus sp) no se
alimenta del motacú, sólo lo utiliza como soporte para llegar a la cima del
bosque, buscando luz solar. En la naturaleza virgen, generalmente coexisten
pacíficamente, pero en campo abierto, como potreros, el bibosi se desarrolla
rápidamente, rebasando y asfixiando al motacú. Esto lo convirtió, en nuestra
región, en símbolo natural del amor humano posesivo, asfixiante y
destructivo.
El motacú se encuentra distribuido en Bolivia, Brasil (donde recibe el
nombre común de "urucuri") y Perú (conocido como "shapaja"). www.fan-bo.org
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