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El gobierno del MAS ha echado a perder el organismo electoral




17/03/2019 - 09:38:23
Página Siete.- Gonzalo Lema tiene un pie en la literatura y otro en la política, aunque eso no implica que tenga alguna actividad partidaria. Además de ser un reconocido escritor, ha desempeñado funciones en lo que hoy se llama Órgano Electoral durante 12 años; primero como vocal y presidente de la Corte Departamental Electoral de Cochabamba y, segundo, como vocal de la Corte Nacional Electoral. Cuenta en su haber siete elecciones, tres nacionales y cuatro municipales.

Apenas había terminado su carrera como abogado, cuando se enteró por una publicación de prensa que un tal Gonzalo Lema había sido elegido como vocal electoral de Cochabamba. Luego supo que el elegido era él, cuyo nombre había sido propuesto por un excompañero de universidad convertido en diputado.

Eran tiempos en que, para ser vocal había que tener buenas referencias. Lema había ganado el premio Guttentag en novela y era un abogado recién titulado.

Durante nueve años, recuerda él, hizo “buena letra” por lo que fue promovido a vocal de la Corte Nacional Electoral a instancias del entonces presidente Jorge Quiroga, a quien dice que no conocía. “En esos tiempos, ser delegado no significaba absolutamente nada, nunca hablé con Tuto Quiroga ningún problema del organismo electoral”.

La de aquella época era, además, una corte de notables. La integraban Luis Ramiro Beltrán, Óscar Hassenteufel, Mónica Soriano y Roxana Ibarnegaray.

Para cualquiera, eso hubiera sido un premio; en cambio, para él fue “un castigo” por lo que, al cabo de tres años, apenas iniciado el mandato de Carlos Mesa renunció a su cargo.

Feliz de retornar a Cochabamba, un buen día recibió la visita del entonces diputado Evo Morales. “Trabaja con nosotros, jefe”, le habría dicho. Aceptó ser el candidato a alcalde por el MAS, lo que no dejó de desconcertar a los citadinos. “No existía el MAS en Cercado y la gente se sorprendió un poco conmigo”.

Recuerda haber hecho una campaña sin un peso, sin un spot de televisión, sin una cuña de radio y sin bandas de música. No quería oírlas al visitar los barrios y, más bien, quería dar una imagen de trabajo y no de fiesta.

Estuvo a 3.800 votos, de los 211 mil que se emitieron, de ganar las elecciones. Como salió segundo cumplió su promesa de “respetar la primera mayoría por muy chiquita que fuera” y terminó convertido en presidente del Concejo por cinco años y medio.

Tuvo entonces el tiempo suficiente para conocer a Evo Morales, sin dejar de ser una “conciencia independiente”. En pleno ejercicio del cargo vendrían las diferencias, de eso y sobre todo, de la necesidad de tener un Tribunal Supremo Electoral (TSE) en el que todos confíen. Habló con Página Siete en La Paz.

¿Por qué no siguió adelante con el proyecto de Evo?

Por falta de vocación. Yo advierto que la política viene a la vida por cuestiones que al día siguiente no tienen ningún valor. Así que le entregamos nuestra vida una semana o seis meses a un tema que resulta que no tiene valor alguno. Y eso sí que no lo puedo tolerar, no recomendaría a nadie vivir así, el trabajo tiene que tener valor, tiene que trascender. Fueron muy respetuosos conmigo, debo decirlo.

¿Y el quiebre ideológico que lo distancia con Evo en qué momento se produce?

Fue notorio que los planes de él (de Evo Morales) para el país no coincidían con los míos, que son muy chicos e ínfimos. Recuerdo que yo comenté siempre que ni haciéndolo bien había que quedarse, nunca, nunca.

¿El tema del prorroguismo es lo que lo distancia?

Eso fue. Ni haciéndolo bien debe quedarse nadie. Él no era presidente en esa época, pero yo ya intuía, advertía y también aprendía. Me di cuenta que la izquierda latinoamericana no devuelve el poder, no lo devuelve; descree de los procesos electorales y ese es el quiebre y la ruptura real con la izquierda de cualquier matiz europea.

¿Evo o alguien del MAS, alguna vez, le han reclamado esa disidencia?

Nunca, nunca. No ha ameritado enojo alguno de nadie. Y hacen bien porque yo no soy un político, no arrastro masas, entonces es una expresión de un ciudadano.

¿En qué momento sucede este quiebre?

Yo ya estaba en el Concejo Municipal, cuando Evo todavía seguía siendo diputado. Ha sido en ese periodo en el que teníamos oportunidad de hablar alguna vez.

¿Desde entonces él creía que iba a prorrogarse?

No lo dijo nunca, pero yo intuía, percibía que el plan era éste, entonces yo quería curar en sano.

¿Es decir que usted nunca estuvo cercano al MAS en esta etapa de acceso al poder nacional?

Yo he tenido siempre esa relación hasta el año 2010. Yo he tenido siempre esta relación marcada por una libertad al interior que supongo que se debía primero a que no era orgánico y segundo, era un respeto tácito a un escritor. Me imagino que el político advierte que está con una conciencia independiente. Yo recuerdo muy bien entonces esta recomendación mía de ni haciéndolo bien deben quedarse.

¿A él se lo dijo?

Claro.

¿Y qué respondió?

No respondió.

¿Dónde se ubica ideológicamente Gonzalo Lema?

Yo soy un socialdemócrata. Yo sé que a mucha gente le suena como coñichi, a comida guardada, pero yo pienso que un país como el nuestro tiene tareas sociales no desarrolladas e inconclusas y sólo se solucionan con buena redistribución de la riqueza, con inteligencia, con ecuanimidad, con alianzas, tratando de lograr una sociedad horizontal, no vertical.

En su calidad de líder de opinión, ¿cómo cree que el país debería encarar este entuerto en torno a la candidatura de Evo Morales en contra de la Constitución?

Lo digo siempre, yo estoy en desacuerdo con la candidatura de Evo Morales y de Álvaro García Linera porque considero que está al margen de la ley. Después de un referendo, de una consulta popular donde radica la soberanía, no es posible encontrar el brete. Ahí se consultó, emergió un resultado, se lo debe respetar. Pienso que de oficializarse esa candidatura, la ingobernabilidad y los problemas van a ir creciendo. Olvidémonos de la paz social, se va a amenazar al actual Presidente con un cambio de signo, es decir, la gente va a dudar si llamarlo presidente o no. Así de grave es el asunto. Lo segundo, el gobierno del MAS ha echado a perder el organismo electoral. Un organismo electoral tiene que gozar de la confianza del sistema de partidos políticos, de agrupaciones, de todo lo que haya en torno a la actividad política; de otra manera, todo es enclenque, el que gana se posesiona con una inseguridad, con manchas, con estigmas; y el que pierde no cree en el resultado; entonces, lo mejor es tener un organismo electoral firme, fuerte, absolutamente independiente, eso sí sirve al que gana y le sirve al que pierde.

¿Usted cree que todo el trabajo de construcción institucional del órgano electoral de los notables se echó a perder?

Sí, claro, se ha echado a perder porque la gente descree de su trabajo. Por ejemplo, presenta problemas en el padrón de militantes y ya nadie quiere entender la razón. Lo expuso para que la gente revisara, estaba realizando un buen trabajo, pero el trabajo que realiza, bueno o malo, se contamina. Pero, si vamos a problemas serios, debemos recordar lo sucedido en Beni, donde se anula toda una plataforma de candidatos por la acción de un individuo; eso es ridículo, absolutamente ridículo. O lo sucedido en Chuquisaca. Son ejemplos muy fuertes, muy fuertes y también el tema de la sentencia constitucional (que habilitó a Evo). No esperemos que la gente respalde el trabajo del organismo electoral en las próximas elecciones, no lo va a hacer.

¿Qué se debería hacer para dar certidumbre? ¿Deberían ser cambiados todos los vocales?

Sí, hay que reconstituir el organismo electoral a la vieja usanza.

Es decir, ¿hacer una corte de notables?

Claro. Como tenemos el chaleco de fuerza constitucional para el organismo electoral como para el judicial, también deberíamos tener una comisión de notables para seleccionar a los postulantes a los cargos de magistrados. La labor que realiza el Legislativo no goza de credibilidad, de confianza de parte de la ciudadanía; en el Órgano Judicial los resultados están a la vista, en el Órgano Electoral se genera una opinión que defenestra su labor. Cómo podemos avanzar si sabemos que eso sucede, tenemos que cambiar para que no suceda lo mismo.

¿Cómo se podría lograr consenso en torno a notables, frente a la hegemonía del MAS?

Se lograría, estoy seguro de que sí, porque debe prevalecer el interés mayor. El oficialismo me imagino que cada vez entiende más que no debe persistir en estas conductas porque no le darán buen resultado. Tiene que haber un punto intermedio que es el gran acuerdo, la negociación política, de frente, linda, vigorosa, para constituir un nuevo organismo electoral.

Tal vez se tendría que resucitar esa capacidad de veto de todos los que tienen representación parlamentaria, como se hacía antes.

Claro, por muy chica que haya sido su representación, había partidos con un par de representantes, pero podían decir no.

Para eso, hace falta voluntad política del MAS. La duda es si al MAS le conviene tener un Tribunal Electoral creíble o un Tribunal Electoral manipulable.

Las ventajas del control de instancias y probables manipulaciones están a la vista, pero inmediatamente se convierten en desventajas enormes, que erosionan cualquier firmeza. Y no es verso, es la verdad. La ventaja es que esa gente, esos referentes sociales, otorgan firmeza y contundencia al resultado final, dicen “usted ganó y usted perdió”.

Además del tema político, en la parte operativa y técnica, ¿también se ha echado a perder?

Claro, sí, se ha perdido porque hay un momento en que este organismo electoral acompaña a este partido político. La Corte que sustituye a la última del viejo cuño contamina el universo de notarios electorales. En las comunidades el notario electoral también tiene que ser un referente, si es un militante pues no va a funcionar. Nosotros teníamos en los nueve departamentos, a lo largo del tiempo, notarios electorales muy conocidos en su localidad, que sabían leer y escribir bien, que no cometían errores, estaban capacitados para desempeñarse en la mañana como oficiales y en la tarde como notarios, tenían varias elecciones en su haber. Ese es el éxito de un proceso electoral en un país con bajísima escolaridad como el nuestro.

¿Y ahora cómo son los notarios?

Hubo un reclutamiento nuevo de notarios, entonces ya (está) muy contaminado esto por lo político, porque todos tienen influencias. Si el Órgano Electoral tiene esa dependencia con el Legislativo, los diputados llegan de los confines, entonces ellos tienen influencia (en) el notario.

¿Qué papel juega el notario?, ¿por qué es tan importante?

El notario registra al ciudadano, el notario tiene relación permanente con el organismo electoral, el notario es el receptor del material electoral, y que va a solucionar los problemas que se plantean.

¿Podría volcar los resultados si fuera un notario no ético?

Ah, claro, pero además, el notario es la primera noticia que se tiene del organismo electoral, luego están los jueces electorales, que van visitando los recintos. La cabeza, la sala plena, es la que marcaba (en la corte de notables) el estilo sobrio y ético.

¿Usted cree que el tribunal electoral tenía la posibilidad de rechazar la candidatura de Evo?

Yo creo que sí. Tenían que basarse en el artículo 168 de la CPE, pero se pone la sentencia constitucional por encima del artículo 168 manoseando la norma. Yo pienso que debía haber rechazado.

Si no se cambia este TSE, ¿cómo será la elección de octubre? ¿Habrá riesgo de fraude o qué riesgos existen para la democracia?

Si el organismo electoral no goza de la confianza absoluta de los partidos políticos, de los ocho candidatos a elecciones, por ende de la ciudadanía, vamos a decir cualquier cosa, todo valdrá.

¿Podría servir de algo el control electoral de los partidos?

Claro y seguro que van a ejercitar hasta donde les dé la organización. Los partidos, a excepción del MAS ahora y antes el MNR, no tienen presencia nacional absoluta como para tener un delegado en cada mesa. Quien debe tener presencia es el organismo electoral; de hecho, la tiene, pero esa presencia tiene que ser sinónimo de credibilidad, de confianza, de rectitud, de fortaleza de carácter, y no estar sometido al vaivén por la presión.

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