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Los nexos de Jhasmany con jueces, el ayudante de Grandy y un sargento




17/03/2019 - 08:17:38
Opinión.- Diego L.N. empezó siendo un cliente más del abogado Jhasmany T.L., pero, como otros de ellos, acabó convirtiéndose en uno de sus hombres de confianza y hasta renunció a un trabajo serio para seguirle los pasos al Abogado del diablo, luego de que él lograra sacarlo de la cárcel.

Solo trabajó junto a él unos meses, desde febrero hasta diciembre de 2018, pero se hizo muy cercano al director de Leclere y Asociados y accedió a información importante que reveló tras ser detenido en enero de 2019. El detenido habló de los nexos de Jhasmany con jueces, vocales, fiscales, funcionarios de juzgados, policías, y hasta con un psicólogo que apoyaba al bufete.

Por ejemplo, reveló que las conexiones de Jhasmany con ciertos efectivos policiales excedían lo que uno pudiera imaginar. Un día antes de la fiesta de Compadres, en febrero de 2018, Wilder G. y César M. recogieron a Diego de su casa y lo llevaron a la oficina que Jhasmany había montado en la casa que le arrebató a su padrastro un año antes.

“Subimos al altillo y ahí estaba un sargento de la Policía, moreno, con cicatrices de acné al que llamaban oficial Ray. El policía estaba vestido con su uniforme verde olivo y una gorra de la FELCC. Había ido, a bordo de una camioneta policial, a notificar a Jhasmany en un caso y el abogado lo hizo pasar a la vivienda. La camioneta estaba dentro del garaje del bufete. Y el oficial Ray en el altillo, bebiendo whisky. Llegaron dos mujeres ‘prepago’ que se le subían encima y lo besaban, mientras le daban de beber. Los demás, Sergio O., César M., Wilder G., Jhasmany T., Marco F., y Alejandro O. le decían salud. Y después de dos horas, lo llamaron por radio y dijo que tenía que irse para resolver otro caso. Lo despidieron diciéndole que podían ayudarlo en lo que necesitara porque tenían buena relación con fiscales, jueces y policías”.

Después de que el oficial Ray se fue, Diego confesó que estaba sorprendido y Jhasmany le dijo: “Era que te llamemos hace un mes, cuando hicimos una fiesta para policías del Juzgado en la parte de atrás de mi casa. Para este año planeo hacer tres clases de fiestas, una para policías, otra solo de fiscales y otra de solo jueces”.

Según Diego, en el tiempo que frecuentó la oficina de Leclere y Asociados, vio que otros policías de uniforme visitaban ese lugar.

“No sé los nombres, pero venían a hablar varios con Jhasmany. Del que sí conocí más fue de uno que llegó el mes de mayo de 2018 a contratar los servicios de Jhas. Le dijo que necesitaba ayuda en el caso de su esposa, para recuperar a la hija del primer matrimonio de ella. A él, Jhasmany nos lo presentó a todos como el capitán Sandy y dijo que trabajaba como ayudante del subcomandante de la Policía de Cochabamba, frente a la plaza. Fueron juntos, Jhasmany, Alejandro O. el capitán y su esposa a revisar el proceso en el Juzgado de Sipe Sipe”.

Durante la charla con el capitán Sandy, sobre los honorarios de abogado, Jhasmany le dijo que solo le iba a cobrar 1.000 dólares por atender su caso, pero que, además, tendría que hacerle el favor de conseguirle 15 granadas de gas y la pistola que disparaba granadas de gas.

Y Sandy le contestó: “No hay problema. Yo trabajé igual en la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) y te las puedo conseguir”.

Tres meses después, en agosto, cuando la investigación del caso del secuestro del mecánico ya había comenzado, Diego fue a la oficina y se encontró con Eliana V., la asistente de Jhasmany, y con César M.

Conversando sobre la denuncia del mecánico, “Eliana me comentó que ya tenían una gran amistad con el capitán Sandy y que él iba a informarles de cualquier cosa que pudiera pasar con Jhasmany en el proceso. Esto, porque él tiene acceso a todos los informes y registros. Incluso les pasaba información hasta de las enamoradas o esposas de los policías. Eso hablaron una vez en el restaurante El Gordo”.

En enero de 2019, Diego L. fue aprehendido con una orden de la Fiscalía de Tiquipaya. Luego de prestar su primera declaración, fue llevado a celdas de la EPI Tiquipaya. El mismo día, Eliana V. fue detenida en la celda de al lado.

“Ella me habló desde la celda y me dijo que habían allanado su casa. Estaba extrañada porque decía que el capitán Sandy siempre le avisaba cuando iban a ejecutar órdenes de aprehensión, y además le ayudaba a conseguir los kárdex y fotos de los policías asignados a la investigación de los casos en los que estaba implicado Jhasmany. Pero, esta vez, el capitán Sandy le falló, según me dijo”.

Eliana añadió que el nuevo investigador era un teniente de apellido Sánchez y que Sandy ya le había pasado su foto. Por otro lado, la asistente le confió que ella le llamaría a Jhasmany a El Abra, donde estaba recluido, para pedirle que pague su fianza. Era posible hablar con él, a través de su custodio, quien le comunicaba las llamadas.

Según Diego L., él no conocía a Jhasmany cuando ocurrió lo del padrastro, pero confesó que sí participó de las agresiones al mecánico, sin saber de qué se trataba.

“Jhas consiguió la cesación de mi detención y yo le debía 450 dólares. Conseguí trabajo en la Aduana, pero solo fui un día porque Jhasmany me ofreció invertir en mi proyecto de abrir una empresa de seguridad privada. El 16 de marzo fui a la oficina a hablar de eso, pero cuando llegué me dijeron que entre y me haga pasar por policía”.

Diego vio al mecánico y a los dueños e hijos de los dueños del inmueble. “Alejandro O. lo golpeó al señor, y Jhasmany me miró como diciendo haz algo y yo le di dos bofetadas al mecánico. Luego Jhas lo abofeteó y El Garrote, (Alejandro) de un empujón lo metió al baño para sumergirle la cara en un bañador y casi ahogarlo. También estaban César M.; Sergio O., Wilder G. Marcos F.; y Johnny M., que era el único encapuchado. Yo me salí al hall, pero oí los gritos porque el Chino Montecinos le seguía pegando al señor. Luego le obligaron a tomar casi una botella de whisky al mecánico, para que parezca que le golpearon en alguna pelea y El Chente le fue a dejar. Jhasmany le puso un billete de 200 bolivianos en su bolsillo y lo mandó ebrio”.

Oficialmente, Diego empezó a trabajar con Jhasmany el 2 de abril, un día después de renunciar a la Aduana, porque el abogado le prometió que, al ser él su asesor legal, e inversor, nadie “molestaría” el funcionamiento de la empresa de seguridad privada. Empero, le dijo que debía tatuarse la pirámide de Qliphot si quería formar parte de esa familia.

“Una sola persona hace ese tatuaje, fui al Tatoo de la calle General Achá, entre Baptista y Ayacucho, y me lo hicieron”.

En mayo de 2018 llegó Eliana V. “Ella andaba con otro bufete de abogados, a cuyo jefe le dicen Box. Creo que ahí trabajaba Diego Céspedes. Eliana le pidió a Jhas que la ayude porque era enamorada del tal Box y él siempre le pegaba.

Le respondió que podía ayudarla, pero que se venga a trabajar con él. Ella aceptó y ofreció el apoyo de varios policías que eran sus amigos. A las semanas ya los veíamos a Eliana y Jhasmany de la mano, a besos. Se encerraban toda la tarde en la oficina”.

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