Martes 09 de junio 2026

La Palabra de Dios

Sin humildad no hay cristianismo

Filipenses 2:3-10
      Jesucristo es la fuente y principio de la humildad. "...siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres ; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:6-8). Este pasaje se conoce como la kenosis o vaciamiento de nuestro Señor.


  • 07-06-2008
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Filipenses 2:3-10
      Jesucristo es la fuente y principio de la humildad. "...siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres ; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2:6-8). Este pasaje se conoce como la kenosis o vaciamiento de nuestro Señor.

      Sin humildad no hay cristianismo. Todo cristiano como buen discípulo, tiene que imitar a Jesús en esta cualidad (Fil 2:5). Tenemos que venir a Jesús para ser humildes y santos (Mt 11:29; 1 Ts 5:23). Si un hombre no aprende de Jesús es porque no es manso ni humilde. Tampoco es normal que el manso y pacífico, no sea santo.

      Hay muchos conceptos distorsionados acerca de la humildad. Unos piensan que la humildad es algo exterior: postura del cuerpo, ropas viejas y arrugadas, gestos de lástima y palabras limitadas. Diógenes, filósofo griego, era adepto al pensamiento filosófico de desprecio al mundo, al dinero, riqueza y toda comodidad. Apenas andaba vestido con una túnica, apartado y alejado del resto del mundo. Así, muchos piensan que la humildad es pobreza y miseria.

      Otros todavía confunden humildad con timidez, cobardía o miedo, que se ven impedidos por sí mismos de alcanzar metas altas. Otros piensan que es la falta de habilidad, o no querer usar las que tiene y más bien encubrirlas para que no se vean. Todas estas cosas nada tienen que ver con la humildad.

     La verdadera humildad, -la pobreza de espíritu,- consiste en buscar la riqueza de las cosas celestiales. El humilde no pone sus ojos en las cosas de la tierra, sino busca las de arriba. El humilde conoce a Dios y lo busca incesantemente (Col 3:1-3). Se podan las abundantes ramas de la vid, no para empobrecerla, sino para que sean mejores y más abundantes los frutos. Así los verdaderos humildes se despojan completamente de lo efímero para apropiarse mejor de las cosas espirituales de Dios. Por eso dice la Palabra de Dios que con los humildes está la sabiduría (Pr 11:2).

     Si el humilde no se entromete en las cosas seculares es porque está ocupado en las espirituales. Si no se ve atado por las ambiciones, títulos, riquezas, compromisos, es porque está buscando cosas más elevadas y trascendentes. Abramos nuestros ojos espirituales para contemplar la hermosura de las cosas espirituales (Ef 1:18).

      Si Dios mismo, siendo santo y rodeado de gloria y majestad, se humilla para mirar en el cielo y la tierra, ¿cuánto más nosotros? Salmos 113:5 al 8 dice así: ¿Quién como Jehová nuestro Dios, Que se sienta en las alturas, Que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra? El levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso alza del muladar, Para hacerlos sentar con los príncipes, Con los príncipes de su puebloâ€.Cuando alguien es humilde, entonces Dios lo levanta del muladar para hacerlo sentar con los príncipes de su pueblo.

      Pablo es uno de los hombres más humildes de la Biblia. En Filipenses 3:3-9, él consideró su reputación, su persona, sus conocimientos como basura (estiércol es la traducción correcta). El había aprendido de su Maestro quien se humilló a sí mismo, siendo Dios. Pablo lo imitó y por esto es considerado el mayor de los apóstoles. El pudo decir: "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo" (1 Co 11:1).

     La humildad es como el grano de mostaza: virtud pequeña a los ojos de los hombres, pero delante de Dios crece más que las otras virtudes, al punto de llegar al trono de Dios (Is 66:2).

      Humildad quiere decir disminución, así la medida de su altura es el tamaño de su bajeza. La humildad crece cuando nos disminuimos. Cuánto más perfectos somos, más disminuimos en presunción.

      Juan el Bautista, virtuoso de la humildad dijo: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Jn 3:30). El sabía que Jesús era el Mesías y su función era elevar a Cristo, entonces se humilló y por eso fue reconocido por el propio Jesús (Mt 11:11).

      La humildad es el sazonador de todas las virtudes. En el Antiguo Testamento toda ofrenda a Dios tenía que ser purificada con sal (Lv 2:13). La sal purifica y conserva la carne. Hoy todas las ofrendas a Dios precisan ser sazonadas con la sal de la humildad. La sal da sabor a todos los manjares, así como la humildad da sabor a todas las virtudes. La sal estaba en todos los manjares. Así también hoy, nada podemos ofrecer a Dios sin humildad. Nadie llega a Dios sin humildad (Sal 51:17; Mi 6:6-8).

     Ofrenda sin humildad lleva a la soberbia, como le sucedió a Caín (Gn 4:3-5; 1 Jn 3:10-12). ¿Por qué mató Caín a su hermano? Por la soberbia. Si él hubiese sido humilde reconocería que su ofrenda no fue aceptada por Dios porque había algo errado en su vida. Si fuese humilde no odiaría a su hermano.

     ¿Por qué Dios atendió la oración del publicano y no la del fariseo? (Lc 18:9-14). Porque en la oración del publicano -quien se sentía pobre, miserable- había mucha sal. No así en la del fariseo -quien era lleno de obras y apariencia- pero vacío de la sal de la humildad. La falla del fariseo fue compararse con el publicano y hallarse superior. ¿Cuántos de nosotros no hacemos esto todo el día? Muchos viven comparándose con otros para hallarse superiores.

       ¿Dónde está la humildad? ¿Qué falta a los líderes de las iglesias que caen de la fe, avergonzando el nombre de Jesús? Humildad. Cuando un cristiano soberbio comete un pecado, el dice: "Bien, yo pequé, pero Fulano también cometió pecado, y Mengano cometió y Sutano también". Si fuese humilde, él diría: "Señor, pequé, soy indigno". Son pocos los que buscan la humildad; no es una virtud muy cultivada.

      Amados hermanos, somos la sal de la tierra (Mt 5:13). Somos el modelo para este mundo de la humildad, paciencia, longanimidad, obediencia, servicio. Dios quiere que salgamos al mundo para influenciar en las escuelas, trabajos, familias, en todo lugar. Despojémonos de lo que no aprovecha y vistámonos de las cosas sublimes. Cualquiera que quiera ser alguien delante de Dios, debe cultivar la humildad.

Iglesia Cristiana de la Familia
www.icf-bolivia.com


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