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Dios dispuso que los padres sean los agentes de bendición de sus hijos. La bendición implica, entre muchas otras cosas, dar seguridad a esos hijos para que su viaje por la vida sea exitoso. Pero la realidad muestra que eso no se llevado a cabo en la mayoría de los hogares, y así, muchos que se convierten al Señor provienen (o venimos) de hogares disfuncionales, hogares donde faltó el amor y los valores cristianos.
Sabemos que Dios ha prometido cuidar y suplir todas nuestras necesidades "conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Fil 4:19), por lo que ahora todos los creyentes deberíamos sentirnos aceptados, seguros e importantes, pero muchas veces, estos sentimientos entran en conflicto con sentimientos de rechazo, culpa y vergüenza. Y eso nos vuelve inseguros.
Algunos no están satisfechos con su apariencia, desempeño o condición social. Otros, sienten que no pueden hacer méritos para que los amen incondicional y voluntariamente. Y otros, quieren cumplir una tarea, dar lo mejor de sí a través de sus habilidades y competencias… pero su autoestima está dañada.
Tenemos que reafirmar lo que la Biblia dice acerca de nosotros. Ya hemos visto que no existe acusación alguna ni desamparo por parte de Dios (Ro 8:33-35); somos más que vencedores porque Su presencia y amor está en nosotros (Ro 8:37); y nada nos puede separar de El (Ro 8:39)
Fundamentos de la inseguridad
La inseguridad es un estado de ánimo que está ligado a la forma de cómo pensamos. "Porque cual es su pensamiento en su corazón (del hombre), tal es él" (Pr 23:7a).Las emociones, a su vez, alimentan nuestros pensamientos generando conductas determinadas. Por ejemplo, si usted piensa que no va poder vencer, será así como usted piensa. No podrá.
Hogares carentes. Personas con problemas de autoconfianza e inseguridad, generalmente, provienen de hogares donde no hubo protección, apoyo, orientación, ejemplo, y por el contrario, hubo conflicto, crítica, desvalorización de lasacciones, ausencia de motivación…
La ausencia de los padres por divorcio, migración o muerte contribuye en el desarrollo de una mentalidad insegura. La preferencia del padre por algún otro hijo, palabras hirientes y otro tipo de carencias afectivas son motivos suficientes para que una persona sea insegura.
Sentimiento de rechazo. Este es uno de los sentimientos más fuertes que llevan a la inseguridad. La persona no se siente amada, aceptada o bienvenida.
A veces, la persona tiene mucho potencial, pero de igual manera acaba sintiéndose menospreciada. La persona rechazada interpreta mal las actitudes de las otras personas; tiene la sensación de que las personas a su alrededor crean situaciones para despreciarla.
Resultados de la inseguridad
La inseguridad provoca otros males de la personalidad: indecisión, miedo de no ser aprobado, culpa, ansiedad.
La inseguridad convierte a la persona en un soñador y no en un hacedor. El miedo lo vuelve estático, improductivo, ineficaz.
La inseguridad es una de las raíces de conflictos interpersonales. Debido a este sentimiento, surgen los prejuicios, pensamientos negativos, falsas acusaciones, habladurías y otros males, que acaban alejando a los demás. La persona insegura, cuando ama, es como una aspiradora: absorbe completamente a la persona amada. La persona insegura no sabe colocar límites en las relaciones. Dice si cuando debería decir no, y no cuando debería decir si.
La inseguridad produce daño espiritual. Produce un espíritu crítico, juzgador y amargo. Neutraliza los dones y talentos. De ese modo, las personas carecen de destino.
Supere la inseguridad
1) Identifique el área de inseguridad en su vida. ¿Cuál es el origen? ¿Qué alimenta esa área de inseguridad?
2) Haga un inventario de ruinas y quite los escombros de su vida por medio de la oración de renuncia.
3) Confronte sus inseguridades con la Palabra de Dios. la Biblia es el instrumento más poderoso para reafirmar nuestro sentimiento de valor, aceptación y seguridad.
4) Ejercite la visualización. Véase como Dios le ve. Dios lo ve a través de Cristo. El es nuestra justicia. Anule las mentiras del diablo
5) Recuerde que Dios le ama por lo que usted es en Cristo (Ef 1:3-6)
6) Proclame la Palabra. Somos más que vencedores (Ro 8:37)
Esforzaos y animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él.
Con él es el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos, y pelear nuestras batallas. Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá. 2 Crónicas 32:7-8
Iglesia Cristiana de la Familia
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