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Susana Seleme Antelo

La mentira como arma política


2014-09-14 - 12:20:52

La segunda entrega de la revista PERCONTARI, del Colegio Abierto de Filosofía, habla sobre la mentira. Número imperdible, no solo como provocación intelectual, según afirma su editorial, sino como ejercicio que estimula el conocimiento y el pensamiento abstracto, para aplicarlos luego al análisis de la práctica política. A partir de la mirada de diversos autores, como el primer número sobre la “Felicidad”,  este segundo me indujo a pensar y escribir sobre la mentira como arma política en la Bolivia de Evo Morales, quien se autocalifica de izquierda, socialista del siglo XXI, ramas anexas y otras imposturas como declararse demócrata, defensor de indígenas, originarios, campesinos y de la Madre Tierra.

Que la mentira política existió siempre, no es alivio para quienes creemos que la democracia es perfectible, pese las falencias del comportamiento político de los hombres, más que del orden democrático. Es perfectible a pesar de dictaduras disfrazadas de demócratas, como de aquellas con ínfulas totalitarias que pretenden quedarse en el poder “para toda la vida” como quiere el presidente-candidato Evo Morales. Que en política todo  vale  o que la “La primera de todas las fuerzas  que dirigen el mundo es la mentira”, según Jean-Francois Revel, no amilana la razón democrática, y tampoco la sentencia de Simone de Beauvoir,  de que “La tentación de dominar es la más universal, la más irresistible que existe”.  

Su persistencia en la historia, no logran disminuir ni la pulsión por el orden democrático, ni la pulsión critica, aunque de sobra se sabe que la mentira como arma política subvierte la relación del tejido social frente al poder. Esa subversión convierte a ciudadanos en súbditos, despojándolos de su libertad individual y de la pluralidad de la verdad, que nunca es única. Con la mentira política,  la información y la comunicación se transforman en abusiva propaganda a favor de quienes detentan el poder de turno, ya sealargo o corto. Esa es la Bolivia de Morales, que convoca a elecciones -12 de octubre próximo- sin arbitro independiente, más bien subsumido al poder político,y con un padrón electoral manipulado, arreglado  para la reproducción del poder  de la dupla Morales-García Linera ysospechoso de  fraude sin atenuantes.

Si la mentira política sirvió desde el inicio de la era Morales, hace 9 años, para aplicar “guillotinas judiciales” a los opositores en abierta politización de la justiciatambién subordinada al poder político, en esta época electorallanza calumnias, una tras otra, contra sus adversarios. La “guerra sucia” –que nunca es limpia ni en el campo de batalla ni en el campo político- echa mano delprincipio nacionalsocialista de que una mentira repetida mil veces llega a convertirse en verdad. Nada diferente del terror totalitario que fundaba  y funda su poder, entre otros medios, en la temible policía secreta y los órganos de propaganda, como apuntaba Hanna Arendt.

Ayer y hoy la mentira política va siempre acompañada de la coacción a los medios de prensa. Más que la censura, que también se aplica en Bolivia,  el régimen de Morales ha hecho de la mentira política su mejor arma para engañar a la opinión pública y para encubrir sus propias debilidades con millonarias campañas de desinformación, tergiversación, engaño y autoengaño. Sobre esa base, con el poder Judicial sometido al poder político  y un brazo político-militar-policial represivo, el régimen montó y difundió, entre otras mentiras, lo acaecido en Porvenir, Pando, hace 6 años, y sobre el complot contra las autonomías, bajo el título “terrorista-separatista” en Santa Cruz, hace más de 5. El saldo de muertos, presos, perseguidos  y exiliados, también  por otros casos, no le inmutan al régimen, y tampoco las comprobadas ejecuciones extrajudiciales, pues todo fue montado en el núcleo más duro del poder y sus máximos representantes.

Recordar esos crímenes y denunciarlos  es un deber político democrático y ético para que no queden impunes y para que no terminen convirtiéndose  en una “banalidad del mal”, como analizó Hanna Arendt, en “Eichmann en Jerusalén”. La cito con  la necesaria salvedad de hechos y tiempos históricos diferentes, y sin extrapolarlos al margen de la realidad de entonces y la actual. Sin embargo, las acciones represivas y violentas del régimen se diluyen u olvidan ante la bonanza económica por el incremento de los precios internacionales de hidrocarburos, y minerales, estos ya en declive, del contrabando, el narcotráfico en apogeo y la corrupción. Así se consolidan  las economías informales con el espejismo del dinero fácil, del  trabajo-empleo, aunque sean precarios, amén de bonos y subsidios.

Llegados a este punto ¿qué espera  la mayoría de la sociedad boliviana en víspera de las elecciones  del 12 de octubre? Según la tendencia de las encuestas hasta ahora conocidas, el voto ciudadano se decanta por oficialismo y no le  importará otorgare un fatídico ‘dos tercios’ en el Asamblea Legislativa, como hace cinco años. Vive la burbuja del dinero fácilsin que importe si es legal o no, o que el régimen violelos principios del Estado de Derecho y Derechos Humanos. No se da cuenta, o no quiere darse cuenta, o no le importa, que le mientan porque la propaganda política del llamado “proceso de cambio”, más simbólico que real, ha producido una cultura rentista merced a la prebenday la corrupción que satisfacen sus anhelos de salir de la pobreza, no importa el medioni que esa bonanza sea transitoria.

Frente a esa cruda realidad, la oposición política no fue capaz de articular un instrumento de unidad frente a un poderoso enemigo y su proyecto político continuista, autocrático, populista y centralista. Debió haber ofrecido una alternativa distinta, con un liderazgo que le haga frente al de Morales, que sí lo tiene, y por eso pasó  de la hegemonía político-cultural a la dominación sin concesiones. A un mes de las elecciones, no parce que esa realidad vaya a cambiar,  concuatro candidatos de la oposición dispersos y sin un discurso común. Nunca se dieron cuenta de quien es su enemigo principal.

Concluyo con un oportuno pensamiento de Enrique Fernández García  “…hay mortales que prefieren una realidad falaz  a la verdadera. El hecho de que conceptos como demagogia, manipulación, mito, utopía e incluso diplomacia, entre otras invenciones, no pierdan vigencia, sirve para probar que la discusión sobre las mentiras en la esfera pública, no debe juzgarse irrelevante”.

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