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Moira Sandoval Calvimonte

Análisis al discurso electoral de Evo


2014-10-10 - 19:06:03
A puertas de las elecciones nacionales, la danza de las encuestas se encuentra en auge, siendo visible su preponderancia en aquéllos períodos de interdicción para ejercitar la propaganda electoral, determinados por la autoridad competente.

En ese maremágnum de argumentaciones, la cifra del elector indeciso sigue siendo aún importante, hallándose en medio de la confusión planteada deliberadamente por el discurso triunfalista del gobierno y el pretendidamente renovador de la oposición, configurándose lo que decía Aristóteles: “Los que no están familiarizados con el poder significativo de las palabras, son víctimas de falsos razonamientos, tanto cuando razonan ellos como cuando oyen a otros razonar.”

Al mismo tiempo, desgranando estos razonamientos, se pondrá en evidencia las debilidades del discurso opositor para desarticular las acciones y retórica oficialista.

Para entender los alcances del discurso electoral, debemos tener claro que los discursos políticos siguen ciertos patrones que se reproducen en diferentes lugares y tiempos. En este sentido, es que señalaré como eje central de mi análisis sobre el discurso electoral del presidente Evo Morales, uniformizado y difundido por el partido de gobierno.

1) El mensaje apoteósico de volver al pasado:
Esta argumentación ha sido desarrollada a manera de guerra de baja intensidad desde los primeros años del actual gobierno, comparando el salto cualitativo de la nueva Constitución y el nuevo ordenamiento jurídico puesto en marcha a partir de dicha norma fundamental y el andamiaje de nueva normativa complementaria.

En dicho razonamiento, se aplica la comparación de las virtudes de dichas reformas vs. el anacronismo del pasado. Sin dejar de emplear la comparación económica de la administración a cargo de Morales, con sus favorables indicadores macreconómicos y el panorama desolador del pasado, bajo el esquema de una deuda externa heredada y sus reprogramaciones políticamente desfavorables en una economía globalizada.

Entonces, el eje central del discurso presidencial-electoral, fue a lo largo de nueve años de gobierno, marcar una línea que le diferencie de las anteriores gestiones, para así atribuirle todos los males de la economía y de la política, instalando en el imaginario nacional, el símbolo apoteósico de “volver al pasado”, al punto tal, que la propia oposición diseñó spots publicitarios con el mensaje “ni el presente estancado ni volver al pasado”, donde huelgan mayores comentarios del posicionamiento de esta retórica gubernamental en el ideario nacional.

2) Usurpación del discurso autonómico y comercializador del gas: Los estrategas del oficialismo percibieron con nitidez que las demandas de autonomía que movilizaron a la denominada “medialuna” del país, venían precedidas de largas luchas y contaban con el antecedente histórico inmediato de la Ley de Participación Popular, que había instalado las autonomías municipales, y consiguientemente, había creado la necesidad en todo el país, de las autonomías departamentales. En suma: la imperiosa necesidad de la descentralización administrativa que permita operativizar el funcionamiento de las estructuras regionales y concretar la aspiración autonómica de las regiones.

En este contexto nacional de un hervidero político, no pudiendo frenar ya las aspiraciones regionales legítimas –luego de haber intentado apagar el fuego de los referéndums departamentales- el oficialismo tuvo la audacia de apropiarse de las reivindicaciones de la oposición, e incorporarlas en su propuesta electoral para el segundo mandato del binomio Evo-Alvaro, para luego de un fundamento legal y político, incorporarlas a la Constitución Política del Estado del año 2009. Resultado de ello, la oposición quedó desprovista de su principal bandera de lucha.

Posteriormente, habiéndose verificado que los recursos ingresantes al TGN, provenían en una parte importante de la venta de hidrocarburos, se pretendió renegociar los contratos con la contraparte -bajo el rótulo de NACIONALIZACION- de donde resultaron unos contratos cuasi secretos que únicamente conocían determinados funcionarios de gobierno, y dio pie a la propaganda nacionalizadora y sus muchas bondades para la economía nacional. No sin antes desprestigiar a los anteriores gobiernos, por los contratos suscritos –mantenidos casi idénticos en la renegociación- para luego declarar la absoluta soberanía en la explotación de dichos recursos naturales y todo el relato que acompaña a dicha nacionalización.

3) Discurso sobre las obras con modernidad y obras de infraestructura:

Entre los múltiples roles que desempeña el caudillo, es menester destacar el de típico gobernante populista en lo que va del 2014, concentrado en la ejecución de obras y grandes emprendimientos que competen al ámbito departamental o municipal, pero que son invadidos por el presidente, para acaparar la atención de los medios y copar la agenda electoral.

En esa línea de acción, realizó también emprendimientos para incluir a Bolivia en la “era espacial”, comprando un satélite que a la fecha no tiene un impacto real o significativo en la vida de la mayoría de los bolivianos (ni siquiera de alguna minoría, aunque se afirme lo contrario).

Carece de importancia el costo elevado de dicha adquisición frente al beneficio que reporte a los ciudadanos, pareciera que lo importante es haber comprado un artefacto “tecnológico-electoral” con el cual el presidente ha sustentado el discurso presidencial, desplazando de la agenda mediática problemas reales como la mega-corrupción de algunos miembros del ejecutivo (Boa, Toyosa, Rosza y Soza) y opacando conflictos como de los jubilados, de los suboficiales del ejército y de pensiones.

El manejo del discurso presidencial sustentado en obras, reforzó la figura del caudillo que todo lo hace posible, como la puesta en órbita del satélite Túpac Katari, señalando convenientemente que “volverá y será millones”, frase que cobra vida al asociarla a sus “millones” de seguidores, constituyendo otro pilar del discurso electoral.

Otro de los pilares del discurso electoral es la clásica receta populista, para lo cual se ha publicitado las obras de infraestructura caminera, que le da al gobierno el sustento para un discurso desarrollista, posicionando en el imaginario popular que en el pasado no se realizaban estas iniciativas. Este sofisma es tan notorio, como la pretensión frustrada de construir la carretera atravesando el TIPNIS, propuesta como el paradigma del desarrollo vs. pobreza, slogan que fue manejado bajo la estrategia Goebbeliana de mentir insistentemente hasta que sea creíble.

De manera metódica y sostenida, como corresponde al ritual electoral, Evo Morales ha venido inaugurando todo tipo de obras en calidad de presidente bajo el lema: “Bolivia Cambia-Evo Cumple”, pero ejercitando su duplicidad de roles, como candidato.

4) Discurso sobre el caudillo mesiánico irreemplazable:

Las astronómicas cifras invertidas en propaganda electoral de los candidatos Evo-Alvaro, no van dirigidas únicamente a la difusión de las obras o discurso electoral del binomio. Esta propaganda contiene elementos cuidadosamente seleccionados con el fin de consolidar la imagen del caudillo mesiánico, misma que es masivamente difundida por los medios de comunicación estatales y paraestatales, estos últimos, según Peñaranda en su texto “Control Remoto” constituyen el 80% de la totalidad de medios.

A ello se suman otras estrategias, algunas de época temprana como la elaboración de textos biográficos de Evo Morales de corte apologistas; y últimamente literatura muy básica destinada a introducir a los niños en el mito del líder mesiánico, que incluye separatas y cuentos infantiles como “las aventuras de Evito”.

El efecto central de este discurso, es restringir las aspiraciones políticas tanto de la oposición como de las generaciones de jóvenes, señalándoles como única alternativa ser seguidores de Evo.

Para que el referente político de los siguiente veinte años más, sea la figura de Evo Morales, se ha establecido un discurso nacido del sincretismo sociocultural, y utilizando recursos histriónicos, Evo Morales actúa según la ocasión, como el mallku de los pueblos originarios, como el caudillo imbatible en el ruedo electoral, o como el carismático líder contando chistes en pleno discurso; en otras ocasiones funge de hombre común que comparte la pasión por el deporte más popular, y en época electoral, como el hacedor de obras y emprendimientos modernos para su pueblo. (apelando a la naturaleza patriarcal de la sociedad)

Todo lo anterior, constituyó una política de Estado que se mantiene a la fecha y sostienen el actual discurso electoral del binomio Evo-Alvaro 2014, estrategias combinadas con el efecto transversal de un hechos socio-político fundamental, de mucha relevancia durante los últimos nueve años: la ausencia de liderazgos políticos alternativos.

El proceso de seducción de grupos de electores indecisos y/o de sectores corporativos, requiere algo más que sólo un discurso electoral coherente, se precisa transmitir a grupos corporativos cercanos al poder, que ciertos privilegios se mantendrán; oferta que la oposición no podría concretar.

Al margen del resultado del sufragio del 12 de octubre, es menester desinstalar la cuasi hegemonía del discurso ideológico posicionado por el gobierno, ya que, es sinónimo de múltiples engaños y estafas ideológicas, donde un solo grupo político monopoliza el poder, generando una nueva oligarquía que incorporó violencia contra las libertades democráticas, simulando representar las luchas revolucionarias del pueblo, pero que en la realidad derivó en una crisis institucional para el país.

Por ello, urge la aparición de una nueva ideología que propugne utopías distintas a la implantación de la corriente oficialista que destruyó la identidad nacional, dividiéndonos en parcelas y en naciones, olvidando la gran tarea de construcción de la identidad nacional, imprescindible para el engrandecimiento de un Estado soberan

En cuanto al discurso electoral, es cierto que este 12 de octubre, más que la retórica y las estrategias, pesará más la trayectoria y los “antecedentes” de los candidatos.

Cada quien deberá votar de acuerdo a su conciencia y formación democrática, sin importar que los gobernantes hagan burla de esta convicción, pues no fue a ellos que les costó reconquistar la democracia. Del resultado dependerá que el Estado de Derecho –herido de muerte- se fortalezca o sea destruido por completo.

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