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Álvaro Riveros Tejada

El parto de los montes


2018-10-03 - 11:30:04
Nunca mejor aplicada esta famosa fábula de Esopo, que en la triste circunstancia que acabamos de vivir los bolivianos, con el tan esperado fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya, sobre nuestra demanda incoada ante esa alta instancia, solicitando que obligue a Chile a negociar con nosotros una salida soberana al mar.

La fábula es muy breve y relata que, en tiempos muy lejanos, los montes daban unas señales inequívocas de estar dando a luz, y las gentes de aquellos tiempos esperaban ese parto con mucha angustia y curiosidad, por saber qué tipo de criatura éstos iban a engendrar. Grande fue su sorpresa al constatar que el fruto de éstos era un pequeño e inofensivo ratón, lo cual ocasionó la carcajada de todos los hombres.

Pues bien, este grotesco ratón que nació del seno de la CIJ, tras cinco años de un sufrido proceso de parto, y más de una hora y media de exposición del fallo, no se intimidó ni ante el ademán de esos gatos de porcelana chinos, que suele mostrar S.E. a tiempo de levantar el puño para atraer clientes y, por el contrario, nos infringió una severa derrota por doce votos contra tres, al desestimar la obligación legal de Chile de negociar con Bolivia un acceso soberano al océano Pacífico y rechazar el resto de los alegatos finales presentados.

Esta triste, como deplorable derrota nos retrotrae a las entendidas palabras de una exalta autoridad del servicio diplomático cuando afirma que, desde hace varios años, en nuestra dilatada historia de diálogo, intercambios y negociaciones con Chile, ellos jamás dejaron un documento oficial donde se plasme su voluntad de cedernos un acceso soberano al mar y que, a su vez, los obligue a reconocer negociaciones dirigidas a ese objetivo. Ni acuerdos bilaterales, ni declaraciones de autoridades chilenas, ni resoluciones de organismos internacionales sirvieron a la Corte Internacional de Justicia que no vieron, en ninguno de estos actos bilaterales, motivos suficientes para considerar que Chile tenga una obligación de negociar. De ahí la razón a tiempo emitir su demoledora sentencia.

Ahora más que nunca se ha puesto en evidencia la necesidad de contar con una Cancillería donde, más que trenzas y sombreros, primen cabezas especializadas en temas internacionales. La patética historia de ese Despacho deviene de la sustitución de expertos del Derecho Internacional y la Diplomacia, por nigromantes; achachilas, maestros Shaoli, que no contribuyeron en nada para un posible triunfo de esta demanda y, por el contrario, el único triunfador de este entripado fue el gobierno, que nos mantuvo narcotizados por cinco años, ocho meses y 90 minutos, esperando el parto de los montes.

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