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José Percy Paredes Coimbra

Ecumenismo


2018-10-02 - 14:05:01
Solidaridad y Paz
La anterior semana se realizó en Managua el ‘Coloquio Ecuménico’ que homenajeó al Padre Miguel D’Escoto, religioso y político Nicaragüense (a pesar de haber nacido en el país del norte). No pretendemos profundizar en los grandes aportes del compañero Miguel D’Escoto, que fueron ampliamente reconocidos y valorados durante el coloquio y antes mismo de que Miguel nos dejara.

Lo que pretendo rescatar en este artículo es el compromiso honesto y profundo de una persona que se entregó en cuerpo y alma a luchar por el bien común, desde donde sea que le haya tocado actuar. En su dimensión religiosa, reconocía que la dimensión política de su accionar le daba sentido y coherencia a sus prédicas y reflexiones.

Nuestro hermano Miguel era coherente y consecuente, ante todo.
Y esa consecuencia y coherencia con la búsqueda del bien común, sólo es reflejo del más puro amor hacia el prójimo. Cuando estuvo como Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, trabajó sin cansancio para que se reconozca el derecho de los pueblos a la paz y el derecho a la solidaridad como derechos humanos inalienables de cada ser humano así como de cada nación.

No se escondió detrás de una sotana o dentro de un templo para vivir cómodamente pregonando el evangelio; él vivió el evangelio y se hizo pueblo, se hizo sandinista y fue asesor del compañero Daniel Ortega.
La grandeza de este hombre toca y transforma, de maneras sorprendentes el quehacer de la política nicaragüense de nuestros días. Él aportó a la construcción de esta Nicaragua nuestra por los caminos de Sandino bajo la conducción de Daniel Ortega.

Esa entrega, esa honestidad nos hacen falta; qué maravilloso será el día en que otros sacerdotes, religiosos y religiosas, católicos, evangélicos o protestantes, dejen de velar por su comodidad, por sus ventajas personales o de grupo y decidan vivir el evangelio, así como lo pidió nuestro hermano Jesús. El día que dejen de ser la voz de los poderosos, de las élites y asuman la opción preferencial por los pobres, como nos lo pidió Cristo.

En Nicaragua y en nuestros países del AbyaYala existen honrosas excepciones que al igual que Miguel D’Escoto, Luis Espinal o los monseñores Paulo Evaristo Arns y Oscar Arnulfo Romero, fueron capaces de hacer carne el evangelio y vivir con honestidad la palabra que pregonan o pregonaron hasta el final de sus días en este mundo.

Cuánta diferencia se encuentra entre quienes son consecuentes con el evangelio y quienes, al decir del propio Jesús, el Cristo, no pasan de ser una raza de víboras, sepulcros blanqueados; dignos por fuera e inmundos por dentro. Ésos que no se sonrojan al mentir, al encubrir a vándalos que buscan desatar la violencia con el fin de desestabilizar el gobierno del pueblo; a pesar de haber sido descubiertos por la población en su mentira y afanes desestabilizadores.

Esperamos que el Ecumenismo propuesto por nuestros hermanos católicos, protestantes y evangélicos, extienda sus raíces por toda Nicaragua y el AbyaYala; que entendamos que esta propuesta, en su más puro origen, busca el rescate de la solidaridad en la construcción de la Paz.

Paz y solidaridad vienen a ser sinónimos si entendemos que no podemos vivir en paz mientras no respetemos, valoremos y apoyemos al prójimo; no habrá Paz mientras no tengamos la capacidad de ponernos en los zapatos del otro y querramos, de corazón, su bien estar.

Respecto a la importancia del ecumenismo, el Papa Francisco indicó que ante una sociedad desarraigada es fundamental volver a la unidad entre todos y conservar las raíces de confraternidad, amor al prójimo y solidaridad. Al respecto citó a Buda: “conquista al hombre airado mediante el amor, conquista al hombre de mala voluntad mediante la bondad, conquista al avaro mediante la generosidad y conquista al mentiroso mediante la verdad”.

Asimismo, un gran estudioso de la Paz, Johan Galtung, indica que además de la empatía, que es la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, es necesario ser creativos y no violentos al momento de relacionarnos con los demás y también cuando queremos resolver los conflictos que cotidianamente se nos presentan.

El ecumenismo es la búsqueda de la unidad en la construcción de la Paz y esto implica ser consecuentes con nuestros postulados de equidad, justicia y amor al prójimo; ese amor no es una mera declaración, se hace carne cuando en nuestras actitudes diarias, en nuestros comportamientos, tenemos la capacidad de ponernos en los zapatos del otro (empatía), respetamos sus ideas y los escuchamos sin prejuicios (equidad) y, buscamos la mejor solución para nuestros problemas, pensando en nuestro bien estar y en su bienestar (creatividad). Todos estos comportamientos frente al otro, si realizados dentro del respeto, tal como lo hemos planteado, pueden describirse como no violencia.

Vienen a mi mente ejemplos como los de San Francisco de Asís, Mahatma Gandhi, Martin Luther King, quienes fueron capaces de actuar e incidir en cambios profundos en su entorno sin la necesidad de usar la violencia, lo cual no quiere decir que fueron tímidos, débiles al momento de expresar sus opiniones o callados, todo lo contrario, actuaron con tanta convicción, fueron tan coherentes con sus planteamientos que lograron con su vida, obra y ejemplo incidir y modificar el mundo.

Y estos tres ejemplos, sin querer, vienen a mostrar la esencia del ecumenismo que es la unidad y el respeto sin discriminación o prejuicios; San Francisco era católico, Gandhi erahinduista y Martin Luther King era protestante.

Y qué ejemplo de vida dieron estos tres grandes hombres!

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